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Examen de Lengua Castellana y Literatura II Selectividad Cataluña 2025 · Juny Serie 1

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cataluña (PAU/Selectivitat) 2025, Juny Serie 1: 12 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Comprensión lectora · Sinónimos · Figuras retóricas · Lectura · Incorreciones · Sintaxis · Pares mínimos · Cuestiones sociolingüísticas · Redacción

Ejercicio 1.1 - 1.3 - Comprensión lectora · Comprensión lectora

Somos seres opinadores y, en el frenesí de comentarlo todo, es fácil precipitarse por la rampa tramposa de la generalización apresurada. Las fotos veraniegas de las redes nos convencen de que todos los demás son más felices. La rabieta de un niño conduce a sermonear sobre los padres que ya no educan a sus hijos, y de ahí al declive de la familia hay un solo paso. Nada más tentador que convertir casos aislados en causa general. Este mundo de urgencias y apocalipsis otorga más credibilidad a las afirmaciones simplificadas, contundentes y sin fisuras, incluso vociferantes, como si fuesen prueba de conocimiento y capacidad de liderazgo, mientras ignora a quienes tienen el valor de compartir sus perplejidades. Olvidamos que, a veces, las cataratas de certezas brotan de los labios más intransigentes. [...]

Los filósofos escépticos de la antigua Grecia se empeñaron en combatir esas resbaladizas creencias. Invitaban a cultivar la duda, y defendían con valentía los matices y las ambigüedades. Por supuesto, animaban a actuar razonablemente, pero sin jactarse de tener la razón. Afirmar siempre con cautela. [...]

Cuando la realidad parece sumergirse en la niebla de la complejidad y la incertidumbre, resuenan con más fuerza las voces seguras de sí mismas, las más decididas, aquellas que se abren camino a través de la jungla del mundo acorazadas con ideas rotundas. Aplomo y férrea convicción son requisitos para imponerse, mientras, para muchos, el pensamiento que matiza y duda no sirve de guía para la comunidad. En una época que pide a gritos carácter emprendedor y liderazgos rotundos, las personas introvertidas y tímidas quedan expulsadas de la carrera del éxito social en la línea de salida. Si apuestas por la meditación y la mirada contemplativa, pareces un apocado aspirante al fracaso. Con la loable intención de ayudarnos a triunfar, nos aconsejan por doquier rapidez y contundencia: vendernos bien y pensar menos. Por el contrario, Sócrates y Pirrón dejaron un legado milenario —un contundente éxito— al afirmar que sus únicas certidumbres eran el filo de la duda y el destello de la curiosidad. Les interesaba el diálogo, la conversación serena entre opiniones discrepantes, donde la contradicción, lejos de despertar desconfianza, actúa como motor de conocimiento y del deseo de aprender. Sócrates, que combatía la inercia del pensamiento y el poder casi invencible de los estereotipos, pensaba que los más graves errores no los cometen los ignorantes conscientes, sino los que creen saber. Quienes vociferan convencidos suelen mostrarse poco abiertos a reflexionar y ser flexibles. En tiempos de juicios y prejuicios acelerados, vuelve a ser terapéutica la prudencia de aquellos escépticos: solo dudando adquirimos ciertas verdades, algunas certezas. Tal vez.

Irene VALLEJO. «Quizás, quizás, quizás». El País [en línea] (28 julio 2024)

1.1.

¿Qué enunciado, de los cuatro que se presentan a continuación, corresponde a una interpretación correcta del texto?

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

1.2.

Explique en un máximo de veinticinco palabras cuál es la idea principal del texto.

[0,5 puntos]

1.3.

¿Qué significa la expresión subrayada en el primer párrafo del texto « las cataratas de certezas brotan de los labios más intransigentes »? Responda en un máximo de veinticinco palabras.

[0,5 puntos]

Ejercicio 1.4 - Sinónimos · Sinónimos

Somos seres opinadores y, en el frenesí de comentarlo todo, es fácil precipitarse por la rampa tramposa de la generalización apresurada. Las fotos veraniegas de las redes nos convencen de que todos los demás son más felices. La rabieta de un niño conduce a sermonear sobre los padres que ya no educan a sus hijos, y de ahí al declive de la familia hay un solo paso. Nada más tentador que convertir casos aislados en causa general. Este mundo de urgencias y apocalipsis otorga más credibilidad a las afirmaciones simplificadas, contundentes y sin fisuras, incluso vociferantes, como si fuesen prueba de conocimiento y capacidad de liderazgo, mientras ignora a quienes tienen el valor de compartir sus perplejidades. Olvidamos que, a veces, las cataratas de certezas brotan de los labios más intransigentes. [...]

Los filósofos escépticos de la antigua Grecia se empeñaron en combatir esas resbaladizas creencias. Invitaban a cultivar la duda, y defendían con valentía los matices y las ambigüedades. Por supuesto, animaban a actuar razonablemente, pero sin jactarse de tener la razón. Afirmar siempre con cautela. [...]

Cuando la realidad parece sumergirse en la niebla de la complejidad y la incertidumbre, resuenan con más fuerza las voces seguras de sí mismas, las más decididas, aquellas que se abren camino a través de la jungla del mundo acorazadas con ideas rotundas. Aplomo y férrea convicción son requisitos para imponerse, mientras, para muchos, el pensamiento que matiza y duda no sirve de guía para la comunidad. En una época que pide a gritos carácter emprendedor y liderazgos rotundos, las personas introvertidas y tímidas quedan expulsadas de la carrera del éxito social en la línea de salida. Si apuestas por la meditación y la mirada contemplativa, pareces un apocado aspirante al fracaso. Con la loable intención de ayudarnos a triunfar, nos aconsejan por doquier rapidez y contundencia: vendernos bien y pensar menos. Por el contrario, Sócrates y Pirrón dejaron un legado milenario —un contundente éxito— al afirmar que sus únicas certidumbres eran el filo de la duda y el destello de la curiosidad. Les interesaba el diálogo, la conversación serena entre opiniones discrepantes, donde la contradicción, lejos de despertar desconfianza, actúa como motor de conocimiento y del deseo de aprender. Sócrates, que combatía la inercia del pensamiento y el poder casi invencible de los estereotipos, pensaba que los más graves errores no los cometen los ignorantes conscientes, sino los que creen saber. Quienes vociferan convencidos suelen mostrarse poco abiertos a reflexionar y ser flexibles. En tiempos de juicios y prejuicios acelerados, vuelve a ser terapéutica la prudencia de aquellos escépticos: solo dudando adquirimos ciertas verdades, algunas certezas. Tal vez.

Irene VALLEJO. «Quizás, quizás, quizás». El País [en línea] (28 julio 2024)

1.4.

Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: resbaladizas, férrea, inercia, vociferan.

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Ejercicio 2.1 · Redacción

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.1.

Redacte un texto expositivo sobre el concepto de incertidumbre que contenga al menos los tres siguientes recursos: definición, clasificación y ejemplificación. Utilice para ello entre cien y ciento cincuenta palabras. Previamente, complete el cuadro que aparece a continuación. Este cuadro puede servirle para redactar el texto. [2 puntos]

Definición

Clasificación

Ejemplificación

Ejercicio 2.2 · Incorreciones

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso.

[1 punto]

a)

Mi amigo me recomendó que,

( sobre todo / sobretodo), evitara discutir con el profesor.

b)

Todavía no sé

( porque / por qué) no quisiste comprarte el coche eléctrico.

c)

¿Sabes ya

( dónde / donde) tendrá lugar la asamblea?

d)

No puedo entenderlo

( sino / si no) me lo explicas bien.

Ejercicio 3.1 · Lectura

Lea los siguientes textos y responda a CUATRO de las cinco cuestiones que se plantean a continuación. (Si responde a más cuestiones de las indicadas, solo se tendrán en cuenta las cuatro primeras).

Texto 1

Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía: unas veces, una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras, un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas. Y cuando por las mañanas salía a la compra —sin faltar una—, llevaba un carric viejo y la pequeña cesta metida debajo de las vueltas.

Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera… Tenía la cabeza redonda y abultada, con un mostacho romo que le ocultaba la comisura de los labios, con una abundosa papada que caía sobre el cuello bajo y cerrado de la camisa. Yo no sé si mi tío Antonio había pisado alguna vez las universidades; tengo vagos barruntos de que fracasaron unos estudios comenzados. Pero tenía —lo que vale más que todos los títulos— una perspicacia natural, un talento práctico y, sobre todo, una bondad inquebrantable que ha dejado en mis recuerdos una suave estela de ternura.

AZORÍN. Las confesiones de un pequeño filósofo. 5.ª impresión. Barcelona: Austral, 2023, pp. 105-106

Texto 2

La madre, doña Leonarda, era mujer poco simpática; tenía la cara amarillenta, de color de membrillo; la expresión dura, falsamente amable; la nariz corva; unos cuantos lunares en la barba, y la sonrisa forzada.

La buena señora manifestaba unas ínfulas aristocráticas grotescas, y recordaba los tiempos en que su marido había sido subsecretario e iba la familia a veranear a San Juan de Luz. El que las chicas se llamaran Niní y Lulú procedía de la niñera que tuvieron por primera vez, una francesa.

Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.

PÍO BAROJA. El árbol de la ciencia. Madrid: Cátedra, 2008, pp. 92-93

3.1.

Explique, en un máximo de cincuenta palabras, cómo se manifiesta el sentimiento de nostalgia en ambos textos. [0,5 puntos]

Ejercicio 3.2 · Lectura

Lea los siguientes textos y responda a CUATRO de las cinco cuestiones que se plantean a continuación. (Si responde a más cuestiones de las indicadas, solo se tendrán en cuenta las cuatro primeras).

Texto 1

Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía: unas veces, una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras, un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas. Y cuando por las mañanas salía a la compra —sin faltar una—, llevaba un carric viejo y la pequeña cesta metida debajo de las vueltas.

Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera… Tenía la cabeza redonda y abultada, con un mostacho romo que le ocultaba la comisura de los labios, con una abundosa papada que caía sobre el cuello bajo y cerrado de la camisa. Yo no sé si mi tío Antonio había pisado alguna vez las universidades; tengo vagos barruntos de que fracasaron unos estudios comenzados. Pero tenía —lo que vale más que todos los títulos— una perspicacia natural, un talento práctico y, sobre todo, una bondad inquebrantable que ha dejado en mis recuerdos una suave estela de ternura.

AZORÍN. Las confesiones de un pequeño filósofo. 5.ª impresión. Barcelona: Austral, 2023, pp. 105-106

Texto 2

La madre, doña Leonarda, era mujer poco simpática; tenía la cara amarillenta, de color de membrillo; la expresión dura, falsamente amable; la nariz corva; unos cuantos lunares en la barba, y la sonrisa forzada.

La buena señora manifestaba unas ínfulas aristocráticas grotescas, y recordaba los tiempos en que su marido había sido subsecretario e iba la familia a veranear a San Juan de Luz. El que las chicas se llamaran Niní y Lulú procedía de la niñera que tuvieron por primera vez, una francesa.

Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.

PÍO BAROJA. El árbol de la ciencia. Madrid: Cátedra, 2008, pp. 92-93

3.2. Compare el simbolismo del abanico de doña Leonarda con el del carric (un tipo de abrigo) viejo del tío Antonio. Utilice un máximo de cincuenta palabras. [0,5 puntos]

Ejercicio 3.3 · Lectura

Lea los siguientes textos y responda a CUATRO de las cinco cuestiones que se plantean a continuación. (Si responde a más cuestiones de las indicadas, solo se tendrán en cuenta las cuatro primeras).

Texto 1

Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía: unas veces, una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras, un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas. Y cuando por las mañanas salía a la compra —sin faltar una—, llevaba un carric viejo y la pequeña cesta metida debajo de las vueltas.

Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera… Tenía la cabeza redonda y abultada, con un mostacho romo que le ocultaba la comisura de los labios, con una abundosa papada que caía sobre el cuello bajo y cerrado de la camisa. Yo no sé si mi tío Antonio había pisado alguna vez las universidades; tengo vagos barruntos de que fracasaron unos estudios comenzados. Pero tenía —lo que vale más que todos los títulos— una perspicacia natural, un talento práctico y, sobre todo, una bondad inquebrantable que ha dejado en mis recuerdos una suave estela de ternura.

AZORÍN. Las confesiones de un pequeño filósofo. 5.ª impresión. Barcelona: Austral, 2023, pp. 105-106

Texto 2

La madre, doña Leonarda, era mujer poco simpática; tenía la cara amarillenta, de color de membrillo; la expresión dura, falsamente amable; la nariz corva; unos cuantos lunares en la barba, y la sonrisa forzada.

La buena señora manifestaba unas ínfulas aristocráticas grotescas, y recordaba los tiempos en que su marido había sido subsecretario e iba la familia a veranear a San Juan de Luz. El que las chicas se llamaran Niní y Lulú procedía de la niñera que tuvieron por primera vez, una francesa.

Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.

PÍO BAROJA. El árbol de la ciencia. Madrid: Cátedra, 2008, pp. 92-93

3.3. Seleccione la afirmación que mejor describe la secuencia subrayada del texto 2 «ínfulas aristocráticas grotescas» en relación con doña Leonarda. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Ejercicio 3.4 · Figuras retóricas

Lea los siguientes textos y responda a CUATRO de las cinco cuestiones que se plantean a continuación. (Si responde a más cuestiones de las indicadas, solo se tendrán en cuenta las cuatro primeras).

Texto 1

Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía: unas veces, una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras, un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas. Y cuando por las mañanas salía a la compra —sin faltar una—, llevaba un carric viejo y la pequeña cesta metida debajo de las vueltas.

Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera… Tenía la cabeza redonda y abultada, con un mostacho romo que le ocultaba la comisura de los labios, con una abundosa papada que caía sobre el cuello bajo y cerrado de la camisa. Yo no sé si mi tío Antonio había pisado alguna vez las universidades; tengo vagos barruntos de que fracasaron unos estudios comenzados. Pero tenía —lo que vale más que todos los títulos— una perspicacia natural, un talento práctico y, sobre todo, una bondad inquebrantable que ha dejado en mis recuerdos una suave estela de ternura.

AZORÍN. Las confesiones de un pequeño filósofo. 5.ª impresión. Barcelona: Austral, 2023, pp. 105-106

Texto 2

La madre, doña Leonarda, era mujer poco simpática; tenía la cara amarillenta, de color de membrillo; la expresión dura, falsamente amable; la nariz corva; unos cuantos lunares en la barba, y la sonrisa forzada.

La buena señora manifestaba unas ínfulas aristocráticas grotescas, y recordaba los tiempos en que su marido había sido subsecretario e iba la familia a veranear a San Juan de Luz. El que las chicas se llamaran Niní y Lulú procedía de la niñera que tuvieron por primera vez, una francesa.

Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.

PÍO BAROJA. El árbol de la ciencia. Madrid: Cátedra, 2008, pp. 92-93

3.4. Indique cuál de las siguientes figuras retóricas se emplea en el segmento subrayado del texto 1 «una suave estela de ternura». [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Ejercicio 3.5 · Lectura

Lea los siguientes textos y responda a CUATRO de las cinco cuestiones que se plantean a continuación. (Si responde a más cuestiones de las indicadas, solo se tendrán en cuenta las cuatro primeras).

Texto 1

Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía: unas veces, una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras, un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas. Y cuando por las mañanas salía a la compra —sin faltar una—, llevaba un carric viejo y la pequeña cesta metida debajo de las vueltas.

Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera… Tenía la cabeza redonda y abultada, con un mostacho romo que le ocultaba la comisura de los labios, con una abundosa papada que caía sobre el cuello bajo y cerrado de la camisa. Yo no sé si mi tío Antonio había pisado alguna vez las universidades; tengo vagos barruntos de que fracasaron unos estudios comenzados. Pero tenía —lo que vale más que todos los títulos— una perspicacia natural, un talento práctico y, sobre todo, una bondad inquebrantable que ha dejado en mis recuerdos una suave estela de ternura.

AZORÍN. Las confesiones de un pequeño filósofo. 5.ª impresión. Barcelona: Austral, 2023, pp. 105-106

Texto 2

La madre, doña Leonarda, era mujer poco simpática; tenía la cara amarillenta, de color de membrillo; la expresión dura, falsamente amable; la nariz corva; unos cuantos lunares en la barba, y la sonrisa forzada.

La buena señora manifestaba unas ínfulas aristocráticas grotescas, y recordaba los tiempos en que su marido había sido subsecretario e iba la familia a veranear a San Juan de Luz. El que las chicas se llamaran Niní y Lulú procedía de la niñera que tuvieron por primera vez, una francesa.

Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.

PÍO BAROJA. El árbol de la ciencia. Madrid: Cátedra, 2008, pp. 92-93

3.5. Explique qué tipo de narrador aparece en el texto 2. Justifique, en un máximo de cincuenta palabras, su respuesta aportando un ejemplo extraído de este. [0,5 puntos]

Ejercicio 4.1 · Pares mínimos

4. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

Bloque 1

Responda a las tres cuestiones siguientes.

4.1. Una de las dos secuencias del siguiente par mínimo es agramatical. Explique a qué se debe la agramaticalidad. La respuesta debe tener un máximo de cincuenta palabras y contener como máximo tres términos gramaticales relevantes. [0,75 puntos]

a) Caída la noche.

b) *Llorada la niña.

Problema 4 · Sintaxis

4. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

Bloque 1

Responda a las tres cuestiones siguientes.

4.2.

Escriba una secuencia gramatical semánticamente coherente de no más de veinte palabras que contenga, al menos, los siguientes tres elementos en el orden que considere oportuno: nombre colectivo, perífrasis aspectual y adjetivo calificativo. La secuencia puede contener oraciones subordinadas, pero no coordinadas ni yuxtapuestas.

Escriba los elementos que se piden en el cuadro que aparece a continuación: [0,75 puntos]

Nombre colectivo

Perífrasis aspectual

Adjetivo calificativo

4.3.

A partir de las oraciones a y b, construya una secuencia en la que, mediante una estrategia propia de la subordinación, se evite la repetición del sintagma nominal la chica. Al construir dicha secuencia los cambios deben ser mínimos. [0,5 puntos]

a) Habló con una chica.

b) No había visto a la chica desde el verano.

Ejercicio 4.4 · Cuestiones sociolingüísticas

«La variación y el cambio lingüístico se deben al descuido e incultura de los hablantes».

Juan Carlos Moreno Cabrera. La dignidad e igualdad de las lenguas. Madrid: Alianza Editorial, 2000, p. 261

¿Considera que esta afirmación es correcta? Justifique su respuesta en un máximo de cincuenta palabras. [0,5 puntos]

Ejercicio 4.5 · Cuestiones sociolingüísticas

¿Cuál de las siguientes afirmaciones es correcta? [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Ejercicio 4.6 · Cuestiones sociolingüísticas

4.6. Indique a qué variedad diatópica del español pertenecen las expresiones miarma y no ni ná. Justifique su respuesta en un máximo de cincuenta palabras.

[0,5 puntos]

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