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Examen de Lengua Castellana y Literatura II Selectividad Cataluña 2023 · Juny Serie 1

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cataluña (PAU/Selectivitat) 2023, Juny Serie 1: 8 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Comprensión lectora · Sinónimos · Pronombres · Figuras retóricas · Lectura · Incorreciones · Sintaxis · Pares mínimos · Redacción

Opción A - 1.1 · Comprensión lectora

1. Comprensión lectora

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras.

[1 punto]

Opción A - 1.2 · Sinónimos

1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: voraces, inaudibles, suplantadores, identidad. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Opción A - 1.3 · Pronombres

1.3. Indique los antecedentes de lo (en «gobernar lo ») y la (en «a la que sin vacilaciones se atienen»), subrayados en el texto. [1 punto]

a)

b)

Opción A - 1.4 · Lectura

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres preguntas siguientes sobre La Fundación, de Antonio Buero Vallejo. Utilice para ello no más de treinta palabras en los dos primeros apartados. En el caso de responder a las tres preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos primeras.

[1,5 puntos en total]

a)

¿Cuántas partes tiene La Fundación ? ¿Y cuántos cuadros?

[0,75 puntos]

b)

¿Cuál es el proyecto secreto de Asel?

[0,75 puntos]

c)

¿Cuál de las siguientes afirmaciones es correcta?

[0,75 puntos]

Opción A - 2.1 · Redacción

2. Expresión escrita

2.1. ¿Comparte el punto de vista de Tomás Nevinson sobre la condición humana? Escriba un texto argumentativo que apoye o critique ese punto de vista. Utilice para ello entre cien y ciento cincuenta palabras. Previamente, indique, en el cuadro que aparece a continuación, la tesis que pretende defender, dos argumentos a favor y un contraargumento. Este cuadro puede servirle para redactar el texto. [2 puntos]

Tesis

(no más de diez palabras)

Argumento 1

(no más de diez palabras)

Argumento 2

(no más de diez palabras)

Contraargumento

(no más de diez palabras)

Opción A - 2.2 · Incorreciones

2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso. [1 punto]

a)

Accedieron a ( rebelar / revelar) los acuerdos de la Comisión.

b)

Hay que huir de los clichés y de los ( prejuicios / perjuicios).

c)

Siempre añadía algunas ( especias / especies) a sus platos.

d)

El director es una persona muy ( accesible / asequible).

Opción B - 1.1 · Comprensión lectora

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

Opción B - 1.2 · Figuras retóricas

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

1.2. Indique qué figura retórica, de las que se ofrecen a continuación, aparece en la secuencia, subrayada en el texto, «Las cosas engullen a las cosas precedentes». [0,5 puntos]

Opción B - 1.3 · Pronombres

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

1.3. Indique los referentes del sintagma nominal estas percepciones y del posesivo su (en el sintagma nominal « su amor por los arcaísmos»), subrayados en el texto. [1 punto]

a)

b)

Opción B - 1.4 · Lectura

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres preguntas siguientes sobre Nada, de Carmen Laforet. Utilice para ello no más de treinta palabras en los dos primeros apartados. En el caso de responder a las tres preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos primeras.

[1,5 puntos en total]

a)

¿Qué relación tuvo Angustias con Jerónimo Sanz en su juventud?

[0,75 puntos]

b)

¿Qué le pide Ena a Andrea cuando pasean por los claustros de la Universidad de Barcelona?

[0,75 puntos]

c)

¿Cuál de las siguientes afirmaciones es correcta?

[0,75 puntos]

Opción B - 2.1 · Redacción

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

2. Expresión escrita

2.1.

Escriba un texto expositivo sobre la importancia de la pervivencia de los libros. Utilice para ello entre cien y ciento cincuenta palabras. Previamente, indique, en el cuadro que aparece a continuación, al menos los tres siguientes recursos propios de este tipo de texto: definición, clasificación y ejemplificación. Este cuadro puede servirle para redactar el texto. [2 puntos]

Definición

Clasificación

Ejemplificación

Opción B - 2.2 · Incorreciones

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Hace tiempo que los catastrofistas nos lo advierten con los peores augurios: los libros son una especie en peligro de extinción y en algún momento del futuro próximo desaparecerán devorados por la competencia de otras formas más perezosas de ocio y la expansión caníbal de internet.

Este pronóstico concuerda con nuestras sensaciones como habitantes del tercer milenio. Todo avanza cada día más rápido. Las últimas tecnologías ya están arrinconando a las triunfantes novedades de anteayer. Los plazos de la obsolescencia se acortan cada vez más. El armario debe renovarse con las tendencias de temporada, el móvil más reciente sustituye al antiguo; nuestros equipos nos piden constantemente actualizar programas y aplicaciones. Las cosas engullen a las cosas precedentes. Si no permanecemos alerta, tensos y al acecho, el mundo nos tomará la delantera.

Los mass media y las redes sociales, con su vértigo instantáneo, alimentan estas percepciones. Nos empujan a admirar todas las innovaciones que llegan corriendo como surfistas en la cresta de la ola, sostenidas por la velocidad. Pero los historiadores y antropólogos nos recuerdan que, en las aguas profundas, los cambios son lentos. Víctor Lapuente Giné ha escrito que la sociedad contemporánea padece un claro sesgo futurista. Cuando comparamos algo viejo y algo nuevo —como un libro y una tableta, o una monja sentada junto a un adolescente que chatea en el metro—, creemos que lo nuevo tiene más futuro. En realidad, sucede lo contrario. Cuantos más años lleva un objeto o una costumbre entre nosotros, más porvenir tiene. Lo más nuevo, como promedio, perece antes. Es más probable que en el siglo XXII haya monjas y libros que WhatsApp y tabletas. En el futuro habrá sillas y mesas, pero quizá no pantallas de plasma o teléfonos móviles. Seguiremos celebrando con fiestas el solsticio de invierno cuando ya hayamos dejado de tostarnos con rayos UVA. Un invento tan antediluviano como el dinero tiene muchas posibilidades de sobrevivir al cine 3D, a los drones y a los coches eléctricos. Muchas tendencias que nos parecen incuestionables —desde el consumismo desenfrenado a las redes sociales— remitirán. Y viejas tradiciones que nos han acompañado desde tiempo inmemorial —de la música a la búsqueda de la espiritualidad— no se irán nunca. Al visitar las naciones socioeconómicamente más avanzadas del mundo, en realidad sorprende su amor por los arcaísmos —de la monarquía al protocolo y los ritos sociales, pasando por la arquitectura neoclásica o los vetustos tranvías—.

Irene VALLEJO. El infinito en un junco. Madrid: Siruela, 2019, pp. 315-316

2.2. Complete las secuencias con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso. [1 punto]

a)

Los científicos aspiran ( sobre todo / sobretodo) a explicar las causas del fenómeno.

b)

A un personaje de su talla es difícil dejarlo ( aparte / a parte).

c)

No sé ( porque / por qué) no quiere ir.

d)

Hubo muchas discusiones ( entorno / en torno) a aquella cuestión.

Ejercicio Parte Común - 3.1 · Pares mínimos

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.1.

Indique cuál de las dos secuencias del par mínimo es agramatical y explique a qué se debe el contraste. La respuesta debe tener un máximo de cincuenta palabras y contener términos gramaticales relevantes. [1 punto]

a)

Las fotografías fueron eliminadas.

b)

Las fotografías fueron desaparecidas.

Ejercicio Parte Común - 3 · Sintaxis

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.2.

Escriba una secuencia gramatical de no más de veinte palabras que contenga, al menos, los siguientes cuatro elementos en el orden que considere oportuno: un adverbio interrogativo, un verbo transitivo, un complemento directo y un complemento predicativo orientado al complemento directo. La secuencia puede contener oraciones subordinadas, pero no coordinadas ni yuxtapuestas.

[1 punto]

Una vez escrita la secuencia, indique qué palabras (o grupos de palabras) de esta se corresponden con cada uno de los elementos listados en el párrafo anterior. Utilice para ello la tabla que aparece a continuación:

Adverbio interrogativo

Verbo transitivo

Complemento directo

Complemento predicativo orientado al CD

3.3.

Lea la siguiente lista de secuencias y, de entre las opciones que se ofrecen debajo, elija la única que identifica de manera correcta y ordenada el tipo de oración subordinada que aparece en cada una de las secuencias.

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Todavía no he pagado el coche que me compré el año pasado.

Como no corras más, no llegarás a tiempo.

La esperé en la calle, porque me lo pidió.

Le dije que me lo pensaría.

3.4.

Observe las siguientes secuencias agramaticales, que contienen oraciones subordinadas.

* Me preguntó cuando podría viajar a Marruecos.

* Me alegro que eso no suceda.

Elija UNA de las dos secuencias y conteste las dos cuestiones siguientes:

[0,5 puntos]

1

2

a)

b)

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