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Examen de Lengua Castellana y Literatura II Selectividad Cataluña 2022 · Juny Serie 2

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cataluña (PAU/Selectivitat) 2022, Juny Serie 2: 8 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Comprensión lectora · Sinónimos · Pronombres · Figuras retóricas · Lectura · Incorreciones · Sintaxis · Pares mínimos · Redacción

Opción A - 1.1 y 1.2 · Comprensión lectora

Recuerdo muy bien la primera vez que me asom al escaparate de Antigedades Estoril. Mi madre me haba acompaado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprenda el camino y luego me haba dicho que ya tena edad para ir sola a los sitios. Aquel da fue tambin el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todava verano, creo que mediados de septiembre, y baj del autobs varias paradas antes de lo que deba, de modo que, para llegar a la academia, tena que cruzar dos o tres calles, una de ellas Gnova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atreva a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriar el interior del local. Desde aquella distancia y a travs del cristal de la puerta cre distinguir cuatro o cinco figuras. Poda ser que una de ellas fuera la de la ta Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Lleg una pareja con una nia ms o menos de mi edad, que entr un momento y luego sali a esperar a sus padres. Cruc la calle. Me pareci que con tanta gente poda por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me par justo antes de llegar al escaparate. Aquella nia estaba jugando a las bolas locas, que ese ao estaban de moda, dos bolas del tamao de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenan entre el pulgar y el ndice y haba que entrechocar con fuerza: tacat, tacat. Tragu saliva. La nia me mir. Di uno, dos, tres pasos y me plant delante del escaparate. Mir. Una cmoda, un atril con un libro antiguo, una lmpara de pie, un busto de mrmol. Ahora solo me faltaba dar un paso ms y asomarme a la puerta, a travs de la cual podra sin duda ver a la ta Amalia, pero ese ltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo saba que, si finalmente lo daba, estara traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ah estaba la ta Amalia, enseando un elefante de marfil a la pareja recin llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez ms parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos seoras y sealando unos retratos, y, aunque mi intencin haba sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me haba quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podra verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra nia, mientras tanto, segua con su tacat, tacat. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. A ti qu te pasa?, ests tonta?, me pregunt, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abrac con fuerza mi bolsa del ballet y ech a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel da me acostumbr a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tena clase en la academia bajaba del autobs, me meta por Gnova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. Quera o no quera ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentacin, es que en realidad est deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acab ocurriendo lo que tena que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abri de golpe la puerta y la ta Amalia me sonri y me dijo: Tambin hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTNEZ DE PISN. Mara bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

1.2.

Explique, sin utilizar palabras del texto pero atendiendo al significado concreto que adquiere en él, la metáfora caer hasta el fondo del pozo, subrayada en el texto. Utilice para ello un máximo de quince palabras. [0,5 puntos]

Opción A - 1.3 · Figuras retóricas

Recuerdo muy bien la primera vez que me asom al escaparate de Antigedades Estoril. Mi madre me haba acompaado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprenda el camino y luego me haba dicho que ya tena edad para ir sola a los sitios. Aquel da fue tambin el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todava verano, creo que mediados de septiembre, y baj del autobs varias paradas antes de lo que deba, de modo que, para llegar a la academia, tena que cruzar dos o tres calles, una de ellas Gnova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atreva a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriar el interior del local. Desde aquella distancia y a travs del cristal de la puerta cre distinguir cuatro o cinco figuras. Poda ser que una de ellas fuera la de la ta Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Lleg una pareja con una nia ms o menos de mi edad, que entr un momento y luego sali a esperar a sus padres. Cruc la calle. Me pareci que con tanta gente poda por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me par justo antes de llegar al escaparate. Aquella nia estaba jugando a las bolas locas, que ese ao estaban de moda, dos bolas del tamao de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenan entre el pulgar y el ndice y haba que entrechocar con fuerza: tacat, tacat. Tragu saliva. La nia me mir. Di uno, dos, tres pasos y me plant delante del escaparate. Mir. Una cmoda, un atril con un libro antiguo, una lmpara de pie, un busto de mrmol. Ahora solo me faltaba dar un paso ms y asomarme a la puerta, a travs de la cual podra sin duda ver a la ta Amalia, pero ese ltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo saba que, si finalmente lo daba, estara traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ah estaba la ta Amalia, enseando un elefante de marfil a la pareja recin llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez ms parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos seoras y sealando unos retratos, y, aunque mi intencin haba sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me haba quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podra verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra nia, mientras tanto, segua con su tacat, tacat. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. A ti qu te pasa?, ests tonta?, me pregunt, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abrac con fuerza mi bolsa del ballet y ech a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel da me acostumbr a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tena clase en la academia bajaba del autobs, me meta por Gnova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. Quera o no quera ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentacin, es que en realidad est deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acab ocurriendo lo que tena que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abri de golpe la puerta y la ta Amalia me sonri y me dijo: Tambin hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTNEZ DE PISN. Mara bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1.3.

Indique qué DOS figuras retóricas, de las que se ofrecen a continuación, se han empleado en esta secuencia, subrayada en el texto: «Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol».

[1 punto. Cada respuesta correcta equivaldrá a 0,5 puntos. Si se indican 3 o 4 opciones, la puntuación será 0 puntos.]

Opción A - 1.4 · Lectura

Recuerdo muy bien la primera vez que me asom al escaparate de Antigedades Estoril. Mi madre me haba acompaado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprenda el camino y luego me haba dicho que ya tena edad para ir sola a los sitios. Aquel da fue tambin el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todava verano, creo que mediados de septiembre, y baj del autobs varias paradas antes de lo que deba, de modo que, para llegar a la academia, tena que cruzar dos o tres calles, una de ellas Gnova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atreva a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriar el interior del local. Desde aquella distancia y a travs del cristal de la puerta cre distinguir cuatro o cinco figuras. Poda ser que una de ellas fuera la de la ta Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Lleg una pareja con una nia ms o menos de mi edad, que entr un momento y luego sali a esperar a sus padres. Cruc la calle. Me pareci que con tanta gente poda por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me par justo antes de llegar al escaparate. Aquella nia estaba jugando a las bolas locas, que ese ao estaban de moda, dos bolas del tamao de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenan entre el pulgar y el ndice y haba que entrechocar con fuerza: tacat, tacat. Tragu saliva. La nia me mir. Di uno, dos, tres pasos y me plant delante del escaparate. Mir. Una cmoda, un atril con un libro antiguo, una lmpara de pie, un busto de mrmol. Ahora solo me faltaba dar un paso ms y asomarme a la puerta, a travs de la cual podra sin duda ver a la ta Amalia, pero ese ltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo saba que, si finalmente lo daba, estara traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ah estaba la ta Amalia, enseando un elefante de marfil a la pareja recin llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez ms parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos seoras y sealando unos retratos, y, aunque mi intencin haba sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me haba quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podra verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra nia, mientras tanto, segua con su tacat, tacat. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. A ti qu te pasa?, ests tonta?, me pregunt, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abrac con fuerza mi bolsa del ballet y ech a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel da me acostumbr a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tena clase en la academia bajaba del autobs, me meta por Gnova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. Quera o no quera ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentacin, es que en realidad est deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acab ocurriendo lo que tena que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abri de golpe la puerta y la ta Amalia me sonri y me dijo: Tambin hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTNEZ DE PISN. Mara bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1. Comprensión lectora

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres cuestiones siguientes sobre La Fundación, de Antonio Buero Vallejo. Utilice para ello no más de treinta palabras en los dos últimos apartados. En el caso de responder las tres cuestiones, solo se tendrán en cuenta las dos primeras. [1,5 puntos en total]

a)

Indique cuál de los siguientes elementos NO contribuye a que Tomás tome conciencia de su verdadera situación. [0,75 puntos]

b)

¿Cómo reacciona Tomás cuando finalmente Tulio decide seguirle la corriente y ayuda a recoger los objetos imaginarios de la mesa? [0,75 puntos]

c)

Indique qué dos personajes participan en la obra pese a que sus palabras solo las escucha Tomás. [0,75 puntos]

Opción A - 2.1 · Redacción

Recuerdo muy bien la primera vez que me asom al escaparate de Antigedades Estoril. Mi madre me haba acompaado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprenda el camino y luego me haba dicho que ya tena edad para ir sola a los sitios. Aquel da fue tambin el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todava verano, creo que mediados de septiembre, y baj del autobs varias paradas antes de lo que deba, de modo que, para llegar a la academia, tena que cruzar dos o tres calles, una de ellas Gnova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atreva a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriar el interior del local. Desde aquella distancia y a travs del cristal de la puerta cre distinguir cuatro o cinco figuras. Poda ser que una de ellas fuera la de la ta Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Lleg una pareja con una nia ms o menos de mi edad, que entr un momento y luego sali a esperar a sus padres. Cruc la calle. Me pareci que con tanta gente poda por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me par justo antes de llegar al escaparate. Aquella nia estaba jugando a las bolas locas, que ese ao estaban de moda, dos bolas del tamao de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenan entre el pulgar y el ndice y haba que entrechocar con fuerza: tacat, tacat. Tragu saliva. La nia me mir. Di uno, dos, tres pasos y me plant delante del escaparate. Mir. Una cmoda, un atril con un libro antiguo, una lmpara de pie, un busto de mrmol. Ahora solo me faltaba dar un paso ms y asomarme a la puerta, a travs de la cual podra sin duda ver a la ta Amalia, pero ese ltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo saba que, si finalmente lo daba, estara traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ah estaba la ta Amalia, enseando un elefante de marfil a la pareja recin llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez ms parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos seoras y sealando unos retratos, y, aunque mi intencin haba sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me haba quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podra verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra nia, mientras tanto, segua con su tacat, tacat. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. A ti qu te pasa?, ests tonta?, me pregunt, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abrac con fuerza mi bolsa del ballet y ech a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel da me acostumbr a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tena clase en la academia bajaba del autobs, me meta por Gnova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. Quera o no quera ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentacin, es que en realidad est deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acab ocurriendo lo que tena que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abri de golpe la puerta y la ta Amalia me sonri y me dijo: Tambin hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTNEZ DE PISN. Mara bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

2. Expresión escrita

[3 puntos en total]

2.1.

En el texto que ha leído, la narradora describe el escaparate de una tienda de un modo muy impresionista, ofreciendo una simple enumeración de cuatro objetos que aparecen en él. Escriba una descripción más pormenorizada de un establecimiento tratando de retratar, a través de los objetos y la organización del espacio, el carácter ordenado, la pulcritud y la sobriedad de quienes trabajan allí. Utilice para ello no más de ciento cincuenta palabras.

La descripción debe contener, al menos, los cuatro siguientes recursos propios de los textos descriptivos: enumeración, adjetivación, comparación y antítesis. Previamente, anótelos en el cuadro que aparece a continuación; una vez completado el cuadro, escriba la descripción.

[2 puntos]

Enumeración

Adjetivación

Comparación

Antítesis

Opción A - 2.2 · Incorreciones

Recuerdo muy bien la primera vez que me asom al escaparate de Antigedades Estoril. Mi madre me haba acompaado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprenda el camino y luego me haba dicho que ya tena edad para ir sola a los sitios. Aquel da fue tambin el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todava verano, creo que mediados de septiembre, y baj del autobs varias paradas antes de lo que deba, de modo que, para llegar a la academia, tena que cruzar dos o tres calles, una de ellas Gnova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atreva a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriar el interior del local. Desde aquella distancia y a travs del cristal de la puerta cre distinguir cuatro o cinco figuras. Poda ser que una de ellas fuera la de la ta Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Lleg una pareja con una nia ms o menos de mi edad, que entr un momento y luego sali a esperar a sus padres. Cruc la calle. Me pareci que con tanta gente poda por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me par justo antes de llegar al escaparate. Aquella nia estaba jugando a las bolas locas, que ese ao estaban de moda, dos bolas del tamao de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenan entre el pulgar y el ndice y haba que entrechocar con fuerza: tacat, tacat. Tragu saliva. La nia me mir. Di uno, dos, tres pasos y me plant delante del escaparate. Mir. Una cmoda, un atril con un libro antiguo, una lmpara de pie, un busto de mrmol. Ahora solo me faltaba dar un paso ms y asomarme a la puerta, a travs de la cual podra sin duda ver a la ta Amalia, pero ese ltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo saba que, si finalmente lo daba, estara traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ah estaba la ta Amalia, enseando un elefante de marfil a la pareja recin llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez ms parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos seoras y sealando unos retratos, y, aunque mi intencin haba sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me haba quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podra verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra nia, mientras tanto, segua con su tacat, tacat. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. A ti qu te pasa?, ests tonta?, me pregunt, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abrac con fuerza mi bolsa del ballet y ech a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel da me acostumbr a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tena clase en la academia bajaba del autobs, me meta por Gnova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. Quera o no quera ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentacin, es que en realidad est deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acab ocurriendo lo que tena que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abri de golpe la puerta y la ta Amalia me sonri y me dijo: Tambin hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTNEZ DE PISN. Mara bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

2.2. Rellene los espacios en blanco con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso. [1 punto]

a)

El local estaba ( aclimatado / climatizado), de manera que no pasamos frío.

b)

Teresa no tenía la ( actitud / aptitud) adecuada: ni siquiera llegaba puntual.

c)

Responder «oxímoron» de nuevo sería un error ( fragante / flagrante).

d)

Las opiniones de Richelieu y sus acólitos estaban llenas de ( prejuicios / perjuicios).

Opción B - 1.1 · Comprensión lectora

OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Cada palabra es un prisma formado por varias caras, una especie de poliedro del que se nos muestra una sola superficie cada vez que lo miramos. La sintaxis nos proporciona el conjunto de focos necesarios para iluminar cada una de esas caras. Deberíamos aprovechar las clases de lengua para presentar a los estudiantes las diversas caras de esos prismas, e incluso para pedirles que ellos mismos los vayan girando y aprendan a detenerse en sus diversas superficies. En uno de esos ejercicios podrían comprobar tal vez que leer es un «verbo de lengua» porque admite complementos como en voz alta, de carrerilla o atropelladamente. Pero leer es también (segunda cara del prisma) un «verbo de percepción», ya que lo combinamos con expresiones como de refilón, entre líneas, por encima o de cerca. Si intentamos un nuevo giro, veremos que leer se comporta incluso como un «verbo de consumición», ya que admite expresiones adverbiales como vorazmente, compulsivamente o con fruición. El verbo leer es, por tanto, las tres cosas a la vez, aun cuando cada contexto nos lo muestre en una sola de sus facetas.

[...] El mirar las palabras como prismas consiste, fundamentalmente, en escrutarlas a través de los recovecos de nuestra experiencia. Esa tarea, que tiene algo de borgiana, no ha de coincidir necesariamente con la de los lexicógrafos, pero es evidente que guarda relación con ella. De hecho, los contextos sintácticos de las palabras no son informaciones complementarias que el lexicógrafo puede añadir potestativamente a sus descripciones léxicas, sino más bien herramientas o instrumentos que puede usar para hurgar en la delimitación misma de los significados.

Lo cierto es que los gramáticos y los lexicógrafos han trabajado de espaldas durante siglos. Los primeros censuraban la atomización que parece percibirse en el trabajo de los segundos. Estos, a su vez, siempre fueron reticentes ante la considerable especulación que conlleva el quehacer de los primeros. Afortunadamente, las cosas están cambiando, como ponen de manifiesto los proyectos de investigación más recientes sobre el léxico. Ojalá cambie también, de forma paralela, la actitud de los profesores de lengua, y consigan en sus clases que sus alumnos aprendan a sumergirse en los mundos que las palabras crean. Si lo logran, los estudiantes se acostumbrarán a imaginarlas en muy distintos contextos, a percibir la sutileza de los matices que encierran y a preguntarse cómo es posible que nos resulten tan cotidianas como sorprendentes, y tan camaleónicas como misteriosas.

Ignacio BOSQUE. «Las palabras como prismas». Archiletras. Revista de Lengua y Letras [en línea] (1 febrero 2021). <https://www.archiletras.com>

1. Comprensión lectora

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras.

[1 punto]

Opción B - 1.2 · Sinónimos

OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Cada palabra es un prisma formado por varias caras, una especie de poliedro del que se nos muestra una sola superficie cada vez que lo miramos. La sintaxis nos proporciona el conjunto de focos necesarios para iluminar cada una de esas caras. Deberíamos aprovechar las clases de lengua para presentar a los estudiantes las diversas caras de esos prismas, e incluso para pedirles que ellos mismos los vayan girando y aprendan a detenerse en sus diversas superficies. En uno de esos ejercicios podrían comprobar tal vez que leer es un «verbo de lengua» porque admite complementos como en voz alta, de carrerilla o atropelladamente. Pero leer es también (segunda cara del prisma) un «verbo de percepción», ya que lo combinamos con expresiones como de refilón, entre líneas, por encima o de cerca. Si intentamos un nuevo giro, veremos que leer se comporta incluso como un «verbo de consumición», ya que admite expresiones adverbiales como vorazmente, compulsivamente o con fruición. El verbo leer es, por tanto, las tres cosas a la vez, aun cuando cada contexto nos lo muestre en una sola de sus facetas.

[...] El mirar las palabras como prismas consiste, fundamentalmente, en escrutarlas a través de los recovecos de nuestra experiencia. Esa tarea, que tiene algo de borgiana, no ha de coincidir necesariamente con la de los lexicógrafos, pero es evidente que guarda relación con ella. De hecho, los contextos sintácticos de las palabras no son informaciones complementarias que el lexicógrafo puede añadir potestativamente a sus descripciones léxicas, sino más bien herramientas o instrumentos que puede usar para hurgar en la delimitación misma de los significados.

Lo cierto es que los gramáticos y los lexicógrafos han trabajado de espaldas durante siglos. Los primeros censuraban la atomización que parece percibirse en el trabajo de los segundos. Estos, a su vez, siempre fueron reticentes ante la considerable especulación que conlleva el quehacer de los primeros. Afortunadamente, las cosas están cambiando, como ponen de manifiesto los proyectos de investigación más recientes sobre el léxico. Ojalá cambie también, de forma paralela, la actitud de los profesores de lengua, y consigan en sus clases que sus alumnos aprendan a sumergirse en los mundos que las palabras crean. Si lo logran, los estudiantes se acostumbrarán a imaginarlas en muy distintos contextos, a percibir la sutileza de los matices que encierran y a preguntarse cómo es posible que nos resulten tan cotidianas como sorprendentes, y tan camaleónicas como misteriosas.

Ignacio BOSQUE. «Las palabras como prismas». Archiletras. Revista de Lengua y Letras [en línea] (1 febrero 2021). <https://www.archiletras.com>

1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir a todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: escrutarlas, recovecos, hurgar, reticentes.

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Opción B - 1.3 · Pronombres

OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Cada palabra es un prisma formado por varias caras, una especie de poliedro del que se nos muestra una sola superficie cada vez que lo miramos. La sintaxis nos proporciona el conjunto de focos necesarios para iluminar cada una de esas caras. Deberíamos aprovechar las clases de lengua para presentar a los estudiantes las diversas caras de esos prismas, e incluso para pedirles que ellos mismos los vayan girando y aprendan a detenerse en sus diversas superficies. En uno de esos ejercicios podrían comprobar tal vez que leer es un «verbo de lengua» porque admite complementos como en voz alta, de carrerilla o atropelladamente. Pero leer es también (segunda cara del prisma) un «verbo de percepción», ya que lo combinamos con expresiones como de refilón, entre líneas, por encima o de cerca. Si intentamos un nuevo giro, veremos que leer se comporta incluso como un «verbo de consumición», ya que admite expresiones adverbiales como vorazmente, compulsivamente o con fruición. El verbo leer es, por tanto, las tres cosas a la vez, aun cuando cada contexto nos lo muestre en una sola de sus facetas.

[...] El mirar las palabras como prismas consiste, fundamentalmente, en escrutarlas a través de los recovecos de nuestra experiencia. Esa tarea, que tiene algo de borgiana, no ha de coincidir necesariamente con la de los lexicógrafos, pero es evidente que guarda relación con ella. De hecho, los contextos sintácticos de las palabras no son informaciones complementarias que el lexicógrafo puede añadir potestativamente a sus descripciones léxicas, sino más bien herramientas o instrumentos que puede usar para hurgar en la delimitación misma de los significados.

Lo cierto es que los gramáticos y los lexicógrafos han trabajado de espaldas durante siglos. Los primeros censuraban la atomización que parece percibirse en el trabajo de los segundos. Estos, a su vez, siempre fueron reticentes ante la considerable especulación que conlleva el quehacer de los primeros. Afortunadamente, las cosas están cambiando, como ponen de manifiesto los proyectos de investigación más recientes sobre el léxico. Ojalá cambie también, de forma paralela, la actitud de los profesores de lengua, y consigan en sus clases que sus alumnos aprendan a sumergirse en los mundos que las palabras crean. Si lo logran, los estudiantes se acostumbrarán a imaginarlas en muy distintos contextos, a percibir la sutileza de los matices que encierran y a preguntarse cómo es posible que nos resulten tan cotidianas como sorprendentes, y tan camaleónicas como misteriosas.

Ignacio BOSQUE. «Las palabras como prismas». Archiletras. Revista de Lengua y Letras [en línea] (1 febrero 2021). <https://www.archiletras.com>

1.3. Indique los antecedentes o referentes de ella (en «guarda relación con ella ») y lo (en «Si lo logran»), subrayados en el texto.

[1 punto]

a)

b)

Opción B - 1.4 · Lectura

OPCIÓN B

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación.

Cada palabra es un prisma formado por varias caras, una especie de poliedro del que se nos muestra una sola superficie cada vez que lo miramos. La sintaxis nos proporciona el conjunto de focos necesarios para iluminar cada una de esas caras. Deberíamos aprovechar las clases de lengua para presentar a los estudiantes las diversas caras de esos prismas, e incluso para pedirles que ellos mismos los vayan girando y aprendan a detenerse en sus diversas superficies. En uno de esos ejercicios podrían comprobar tal vez que leer es un «verbo de lengua» porque admite complementos como en voz alta, de carrerilla o atropelladamente. Pero leer es también (segunda cara del prisma) un «verbo de percepción», ya que lo combinamos con expresiones como de refilón, entre líneas, por encima o de cerca. Si intentamos un nuevo giro, veremos que leer se comporta incluso como un «verbo de consumición», ya que admite expresiones adverbiales como vorazmente, compulsivamente o con fruición. El verbo leer es, por tanto, las tres cosas a la vez, aun cuando cada contexto nos lo muestre en una sola de sus facetas.

[...] El mirar las palabras como prismas consiste, fundamentalmente, en escrutarlas a través de los recovecos de nuestra experiencia. Esa tarea, que tiene algo de borgiana, no ha de coincidir necesariamente con la de los lexicógrafos, pero es evidente que guarda relación con ella. De hecho, los contextos sintácticos de las palabras no son informaciones complementarias que el lexicógrafo puede añadir potestativamente a sus descripciones léxicas, sino más bien herramientas o instrumentos que puede usar para hurgar en la delimitación misma de los significados.

Lo cierto es que los gramáticos y los lexicógrafos han trabajado de espaldas durante siglos. Los primeros censuraban la atomización que parece percibirse en el trabajo de los segundos. Estos, a su vez, siempre fueron reticentes ante la considerable especulación que conlleva el quehacer de los primeros. Afortunadamente, las cosas están cambiando, como ponen de manifiesto los proyectos de investigación más recientes sobre el léxico. Ojalá cambie también, de forma paralela, la actitud de los profesores de lengua, y consigan en sus clases que sus alumnos aprendan a sumergirse en los mundos que las palabras crean. Si lo logran, los estudiantes se acostumbrarán a imaginarlas en muy distintos contextos, a percibir la sutileza de los matices que encierran y a preguntarse cómo es posible que nos resulten tan cotidianas como sorprendentes, y tan camaleónicas como misteriosas.

Ignacio BOSQUE. «Las palabras como prismas». Archiletras. Revista de Lengua y Letras [en línea] (1 febrero 2021). <https://www.archiletras.com>

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres preguntas siguientes sobre Nada, de Carmen Laforet. Utilice para ello no más de treinta palabras en el primer apartado y en el último. En el caso de responder las tres preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos primeras.

[1,5 puntos en total]

a)

¿En qué circunstancias recibe Andrea la carta de Ena en la que la invita a vivir con ella en Madrid?

[0,75 puntos]

b)

¿Cómo se entera Andrea de que durante la guerra Gloria tuvo algún escarceo amoroso con Román y que luego este la humilló delante de otros soldados?

[0,75 puntos]

c)

¿Por qué motivo, según Juan, Angustias no se habría podido casar con Don Jerónimo en su juventud?

[0,75 puntos]

Opción B - 2.1 · Redacción

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.1.

¿Es necesario, a su juicio, que el poder legislativo intervenga para evitar las ofensas que, al amparo del humor, se pueden cometer contra determinados colectivos? Escriba un texto argumentativo a favor o en contra de poner límites al humor a través de leyes que regulen dichos límites. Utilice para ello no más de ciento cincuenta palabras. Previamente, indique, en el cuadro que aparece a continuación, la tesis que pretende defender, dos argumentos a favor y un contraargumento. Una vez completado el cuadro, puede servirse de él para escribir el texto argumentativo.

[2 puntos]

Tesis

(no más de diez palabras)

Argumento 1

(no más de diez palabras)

Argumento 2

(no más de diez palabras)

Contraargumento

(no más de diez palabras)

Opción B - 2.2 · Incorreciones

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.2. Rellene los espacios en blanco con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso.

[1 punto]

a)

No quiero cerrar el trato

( sino / si no) se ofrecen unas mínimas garantías.

b)

¿No sabes cómo hacerlo

( porque / por qué) nadie te lo ha explicado?

c)

Eso no lo sabía nadie,

( a parte / aparte) de Román.

d)

( Hubo / Hubieron) algunos invitados que no llegaron a la hora indicada.

Ejercicio 3.1 · Pares mínimos

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.1.

Lea el siguiente par mínimo e indique cuál de las dos oraciones es agramatical (imposible) o incorrecta en español: a o b. A continuación, explique por qué motivo es agramatical o incorrecta. La explicación debe tener un máximo de cincuenta palabras, entre las cuales deben encontrarse términos gramaticales relevantes. En el cuadro que aparece debajo debe indicarse la oración agramatical o incorrecta, los términos gramaticales relevantes y la explicación del contraste. [1 punto]

a) La aconsejé tranquilizarse.

b) Le aconsejé tranquilizarse.

a

b

Problema 3 · Sintaxis

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.2.

Escriba una secuencia gramatical de no más de veinte palabras que contenga, al menos, los cuatro elementos siguientes: un adverbio demostrativo, un verbo modal, un adverbio de foco y un complemento agente. Tenga en cuenta que la secuencia debe contener al menos esos elementos (en el orden que se considere oportuno), pero puede haber más, siempre que no se supere el límite de palabras. La secuencia puede contener oraciones subordinadas, pero no coordinadas ni yuxtapuestas.

Una vez escrita la secuencia, indique qué palabras (o grupos de palabras) de esta se corresponden con cada uno de los elementos listados en el párrafo anterior. Utilice para ello la tabla que aparece a continuación: [1 punto]

Adverbio demostrativo

Verbo modal

Adverbio de foco

Complemento agente

3.3.

Lea la siguiente lista de secuencias y, de entre las opciones que se ofrecen debajo, elija la única que identifica de manera correcta y ordenada la función sintáctica de la oración subordinada que aparece en cada una de las secuencias.

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

1. Llevaba la espada con la que esperaba encontrar a su padre en Polonia.

2. Es imposible que sean enviados hoy.

3. Nos asombra que siempre andes quejándote.

4. La propuesta de que vengamos antes me parece estupenda.

Ejercicio 3.4 - a · Sintaxis

3.4. Responda UNA de las dos cuestiones siguientes, a o b, relacionadas con la oración compuesta y la estructura informativa de la oración respectivamente.

[0,5 puntos]

a)

A partir de las oraciones 1 y 2, escriba una secuencia que, mediante una estrategia propia de la subordinación, evite la repetición del sintagma nominal «una vieja amiga». Al construir dicha secuencia, los cambios deben ser mínimos: únicamente aquellos necesarios para evitar la repetición del sintagma nominal «una vieja amiga».

1. Se encontró con una vieja amiga.

2. Había conocido a una vieja amiga en Murcia.

Ejercicio 3.4 - b · Sintaxis

3.4. Responda UNA de las dos cuestiones siguientes, a o b, relacionadas con la oración compuesta y la estructura informativa de la oración respectivamente.

[0,5 puntos]

b)

Reescriba la oración No volverás a verla si no le escribes ahora de manera que la oración condicional pase a ser tema (información conocida). Al reescribir la oración, los cambios deben ser mínimos: únicamente aquellos necesarios para llevar a cabo la modificación que se pide.

Oración original: No volverás a verla si no le escribes ahora.

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