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Examen de Lengua Castellana y Literatura II Selectividad Cataluña 2022 · Juliol Serie 2

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cataluña (PAU/Selectivitat) 2022, Juliol Serie 2: 9 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Comprensión lectora · Sinónimos · Pronombres · Figuras retóricas · Lectura · Incorreciones · Sintaxis · Pares mínimos · Redacción

Opción A - 1 - Comprensión lectora · Comprensión lectora

Recuerdo muy bien la primera vez que me asomé al escaparate de Antigüedades Estoril. Mi madre me había acompañado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprendía el camino y luego me había dicho que ya tenía edad para ir sola a los sitios. Aquel día fue también el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todavía verano, creo que mediados de septiembre, y bajé del autobùs varias paradas antes de lo que debía, de modo que, para llegar a la academia, tenía que cruzar dos o tres calles, una de ellas Génova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atrevía a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriñar el interior del local. Desde aquella distancia y a través del cristal de la puerta creí distinguir cuatro o cinco figuras. ±Podía ser que una de ellas fuera la de la tía Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Llegó una pareja con una niña más o menos de mi edad, que entró un momento y luego salió a esperar a sus padres. Crucé la calle. Me pareció que con tanta gente podía por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me paré justo antes de llegar al escaparate. Aquella niña estaba jugando a las bolas locas, que ese año estaban de moda, dos bolas del tamaño de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenían entre el pulgar y el índice y había que entrechocar con fuerza: tacatá, tacatá. Tragué saliva. La niña me miró. Di uno, dos, tres pasos y me planté delante del escaparate. Miré. Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol. Ahora solo me faltaba dar un paso más y asomarme a la puerta, a través de la cual podría sin duda ver a la tía Amalia, pero ese ñltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo sabía que, si finalmente lo daba, estaría traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ahí estaba la tía Amalia, enseñando un elefante de marfil a la pareja recién llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez más parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos señoras y señalando unos retratos, y, aunque mi intención había sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me había quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podría verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra niña, mientras tanto, seguía con su tacatá, tacatá. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. ±A ti qué te pasa?, ±estás tonta?, me preguntó, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abracé con fuerza mi bolsa del ballet y eché a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel día me acostumbré a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tenía clase en la academia bajaba del autobùs, me metía por Génova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. ±Quería o no quería ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentación, es que en realidad está deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acabó ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abrió de golpe la puerta y la tía Amalia me sonrió y me dijo: ±También hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN. María bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1. Comprensión lectora

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

1.2.

Explique, sin utilizar palabras del texto pero atendiendo al significado concreto que adquiere en él, la metáfora caer hasta el fondo del pozo, subrayada en el texto. Utilice para ello un máximo de quince palabras. [0,5 puntos]

Opción A - 1.3 - Figuras retóricas · Figuras retóricas

Recuerdo muy bien la primera vez que me asomé al escaparate de Antigüedades Estoril. Mi madre me había acompañado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprendía el camino y luego me había dicho que ya tenía edad para ir sola a los sitios. Aquel día fue también el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todavía verano, creo que mediados de septiembre, y bajé del autobùs varias paradas antes de lo que debía, de modo que, para llegar a la academia, tenía que cruzar dos o tres calles, una de ellas Génova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atrevía a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriñar el interior del local. Desde aquella distancia y a través del cristal de la puerta creí distinguir cuatro o cinco figuras. ±Podía ser que una de ellas fuera la de la tía Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Llegó una pareja con una niña más o menos de mi edad, que entró un momento y luego salió a esperar a sus padres. Crucé la calle. Me pareció que con tanta gente podía por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me paré justo antes de llegar al escaparate. Aquella niña estaba jugando a las bolas locas, que ese año estaban de moda, dos bolas del tamaño de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenían entre el pulgar y el índice y había que entrechocar con fuerza: tacatá, tacatá. Tragué saliva. La niña me miró. Di uno, dos, tres pasos y me planté delante del escaparate. Miré. Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol. Ahora solo me faltaba dar un paso más y asomarme a la puerta, a través de la cual podría sin duda ver a la tía Amalia, pero ese ñltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo sabía que, si finalmente lo daba, estaría traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ahí estaba la tía Amalia, enseñando un elefante de marfil a la pareja recién llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez más parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos señoras y señalando unos retratos, y, aunque mi intención había sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me había quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podría verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra niña, mientras tanto, seguía con su tacatá, tacatá. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. ±A ti qué te pasa?, ±estás tonta?, me preguntó, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abracé con fuerza mi bolsa del ballet y eché a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel día me acostumbré a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tenía clase en la academia bajaba del autobùs, me metía por Génova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. ±Quería o no quería ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentación, es que en realidad está deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acabó ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abrió de golpe la puerta y la tía Amalia me sonrió y me dijo: ±También hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN. María bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1. Comprensión lectora

1.3.

Indique qué DOS figuras retóricas, de las que se ofrecen a continuación, se han empleado en esta secuencia, subrayada en el texto: «Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol».

[1 punto. Cada respuesta correcta equivaldrá a 0,5 puntos. Si se indican 3 o 4 opciones, la puntuación será 0 puntos.]

Opción A - 1.4 - Lectura · Lectura

Recuerdo muy bien la primera vez que me asomé al escaparate de Antigüedades Estoril. Mi madre me había acompañado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprendía el camino y luego me había dicho que ya tenía edad para ir sola a los sitios. Aquel día fue también el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todavía verano, creo que mediados de septiembre, y bajé del autobùs varias paradas antes de lo que debía, de modo que, para llegar a la academia, tenía que cruzar dos o tres calles, una de ellas Génova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atrevía a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriñar el interior del local. Desde aquella distancia y a través del cristal de la puerta creí distinguir cuatro o cinco figuras. ±Podía ser que una de ellas fuera la de la tía Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Llegó una pareja con una niña más o menos de mi edad, que entró un momento y luego salió a esperar a sus padres. Crucé la calle. Me pareció que con tanta gente podía por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me paré justo antes de llegar al escaparate. Aquella niña estaba jugando a las bolas locas, que ese año estaban de moda, dos bolas del tamaño de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenían entre el pulgar y el índice y había que entrechocar con fuerza: tacatá, tacatá. Tragué saliva. La niña me miró. Di uno, dos, tres pasos y me planté delante del escaparate. Miré. Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol. Ahora solo me faltaba dar un paso más y asomarme a la puerta, a través de la cual podría sin duda ver a la tía Amalia, pero ese ñltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo sabía que, si finalmente lo daba, estaría traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ahí estaba la tía Amalia, enseñando un elefante de marfil a la pareja recién llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez más parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos señoras y señalando unos retratos, y, aunque mi intención había sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me había quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podría verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra niña, mientras tanto, seguía con su tacatá, tacatá. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. ±A ti qué te pasa?, ±estás tonta?, me preguntó, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abracé con fuerza mi bolsa del ballet y eché a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel día me acostumbré a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tenía clase en la academia bajaba del autobùs, me metía por Génova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. ±Quería o no quería ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentación, es que en realidad está deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acabó ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abrió de golpe la puerta y la tía Amalia me sonrió y me dijo: ±También hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN. María bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

1. Comprensión lectora

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres cuestiones siguientes sobre La Fundación, de Antonio Buero Vallejo. Utilice para ello no más de treinta palabras en los dos últimos apartados. En el caso de responder las tres cuestiones, solo se tendrán en cuenta las dos primeras. [1,5 puntos en total]

a)

Indique cuál de los siguientes elementos NO contribuye a que Tomás tome conciencia de su verdadera situación. [0,75 puntos]

b)

¿Cómo reacciona Tomás cuando finalmente Tulio decide seguirle la corriente y ayuda a recoger los objetos imaginarios de la mesa? [0,75 puntos]

c)

Indique qué dos personajes participan en la obra pese a que sus palabras solo las escucha Tomás. [0,75 puntos]

Opción A - 2.1 - Redacción · Redacción

Recuerdo muy bien la primera vez que me asomé al escaparate de Antigüedades Estoril. Mi madre me había acompañado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprendía el camino y luego me había dicho que ya tenía edad para ir sola a los sitios. Aquel día fue también el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todavía verano, creo que mediados de septiembre, y bajé del autobùs varias paradas antes de lo que debía, de modo que, para llegar a la academia, tenía que cruzar dos o tres calles, una de ellas Génova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atrevía a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriñar el interior del local. Desde aquella distancia y a través del cristal de la puerta creí distinguir cuatro o cinco figuras. ±Podía ser que una de ellas fuera la de la tía Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Llegó una pareja con una niña más o menos de mi edad, que entró un momento y luego salió a esperar a sus padres. Crucé la calle. Me pareció que con tanta gente podía por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me paré justo antes de llegar al escaparate. Aquella niña estaba jugando a las bolas locas, que ese año estaban de moda, dos bolas del tamaño de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenían entre el pulgar y el índice y había que entrechocar con fuerza: tacatá, tacatá. Tragué saliva. La niña me miró. Di uno, dos, tres pasos y me planté delante del escaparate. Miré. Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol. Ahora solo me faltaba dar un paso más y asomarme a la puerta, a través de la cual podría sin duda ver a la tía Amalia, pero ese ñltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo sabía que, si finalmente lo daba, estaría traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ahí estaba la tía Amalia, enseñando un elefante de marfil a la pareja recién llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez más parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos señoras y señalando unos retratos, y, aunque mi intención había sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me había quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podría verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra niña, mientras tanto, seguía con su tacatá, tacatá. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. ±A ti qué te pasa?, ±estás tonta?, me preguntó, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abracé con fuerza mi bolsa del ballet y eché a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel día me acostumbré a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tenía clase en la academia bajaba del autobùs, me metía por Génova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. ±Quería o no quería ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentación, es que en realidad está deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acabó ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abrió de golpe la puerta y la tía Amalia me sonrió y me dijo: ±También hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN. María bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

2. Expresión escrita

2.1.

En el texto que ha leído, la narradora describe el escaparate de una tienda de un modo muy impresionista, ofreciendo una simple enumeración de cuatro objetos que aparecen en él. Escriba una descripción más pormenorizada de un establecimiento tratando de retratar, a través de los objetos y la organización del espacio, el carácter ordenado, la pulcritud y la sobriedad de quienes trabajan allí. Utilice para ello no más de ciento cincuenta palabras.

La descripción debe contener, al menos, los cuatro siguientes recursos propios de los textos descriptivos: enumeración, adjetivación, comparación y antítesis. Previamente, anótelos en el cuadro que aparece a continuación; una vez completado el cuadro, escriba la descripción. [2 puntos]

Enumeración

Adjetivación

Comparación

Antítesis

Opción A - 2.2 - Incorrecciones · Incorreciones

Recuerdo muy bien la primera vez que me asomé al escaparate de Antigüedades Estoril. Mi madre me había acompañado un par de tardes a la academia para asegurarse de que me aprendía el camino y luego me había dicho que ya tenía edad para ir sola a los sitios. Aquel día fue también el primero en que, con mi bolsa de ballet al hombro, pude moverme con libertad por Madrid. Era todavía verano, creo que mediados de septiembre, y bajé del autobùs varias paradas antes de lo que debía, de modo que, para llegar a la academia, tenía que cruzar dos o tres calles, una de ellas Génova. Recuerdo muy bien que aquella primera vez no me atrevía a acercarme demasiado y que iba de un lado para otro por la acera de enfrente, tratando con disimulo de escudriñar el interior del local. Desde aquella distancia y a través del cristal de la puerta creí distinguir cuatro o cinco figuras. ±Podía ser que una de ellas fuera la de la tía Amalia y otra la de Alfonso? No estaba segura. Llegó una pareja con una niña más o menos de mi edad, que entró un momento y luego salió a esperar a sus padres. Crucé la calle. Me pareció que con tanta gente podía por fin decidirme a pasar por delante y echar un vistazo sin correr el riesgo de ser descubierta. Anduve despacio por la acera y me paré justo antes de llegar al escaparate. Aquella niña estaba jugando a las bolas locas, que ese año estaban de moda, dos bolas del tamaño de dos canicas grandes, unidas por un cordel, que sostenían entre el pulgar y el índice y había que entrechocar con fuerza: tacatá, tacatá. Tragué saliva. La niña me miró. Di uno, dos, tres pasos y me planté delante del escaparate. Miré. Una cómoda, un atril con un libro antiguo, una lámpara de pie, un busto de mármol. Ahora solo me faltaba dar un paso más y asomarme a la puerta, a través de la cual podría sin duda ver a la tía Amalia, pero ese ñltimo paso no me iba a resultar sencillo porque yo sabía que, si finalmente lo daba, estaría traicionando a mi madre. Lo di, por supuesto. Di ese paso y, en efecto, ahí estaba la tía Amalia, enseñando un elefante de marfil a la pareja recién llegada, y a su espalda estaba Alfonso, cada vez más parecido al padre de Marisol en Un rayo de luz, charlando con dos señoras y señalando unos retratos, y, aunque mi intención había sido la de seguir mi camino sin detenerme, lo cierto es que me había quedado como clavada en el sitio y que cualquiera de los dos podría verme con solo volver la mirada hacia la puerta. La otra niña, mientras tanto, seguía con su tacatá, tacatá. Fue ella la que me hizo regresar a la realidad. ±A ti qué te pasa?, ±estás tonta?, me preguntó, dejando por un instante de hacer ruido, y yo abracé con fuerza mi bolsa del ballet y eché a correr hasta la esquina siguiente.

A partir de aquel día me acostumbré a hacer siempre lo mismo. Las tardes que tenía clase en la academia bajaba del autobùs, me metía por Génova y pasaba por delante de la tienda echando un vistazo furtivo a su interior. ±Quería o no quería ser descubierta? Yo creo que, cuando alguien se expone con excesiva frecuencia a un riesgo o una tentación, es que en realidad está deseando ceder, caer hasta el fondo del pozo, y al final acabó ocurriendo lo que tenía que ocurrir. Una de esas tardes, en el momento en que pasaba por delante de la tienda, se abrió de golpe la puerta y la tía Amalia me sonrió y me dijo: ±También hoy vas a echar a correr?

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN. María bonita. Barcelona: Anagrama, 2000, pp. 80-82

2.2. Rellene los espacios en blanco con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso.

[1 punto]

a) El local estaba

( aclimatado / climatizado), de manera que no pasamos frío.

b) Teresa no tenía la

( actitud / aptitud) adecuada: ni siquiera llegaba puntual.

c) Responder «oxímoron» de nuevo sería un error

( fragante / flagrante).

d) Las opiniones de Richelieu y sus acólitos estaban llenas de

( prejuicios / perjuicios).

Opción B - 1.1 - Comprensión lectora · Comprensión lectora

1.1.

Resuma el texto que ha leído sin reproducir frases de este. Utilice para ello un máximo de cincuenta palabras. [1 punto]

Opción B - 1.2 - Sinónimos · Sinónimos

1.2. Señale qué serie, de las cuatro que se proponen, es la única correcta para sustituir a todas las palabras siguientes, subrayadas en el texto: escrutarlas, recovecos, hurgar, reticentes. [0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

Opción B - 1.3 - Pronombres · Pronombres

1.3. Indique los antecedentes o referentes de ella (en «guarda relación con ella ») y lo (en «Si lo logran»), subrayados en el texto. [1 punto]

a)

b)

Opción B - 1.4 - Lectura · Lectura

1.4. Conteste únicamente DOS de las tres preguntas siguientes sobre Nada, de Carmen Laforet. Utilice para ello no más de treinta palabras en el primer apartado y en el último. En el caso de responder las tres preguntas, solo se tendrán en cuenta las dos primeras. [1,5 puntos en total]

a)

¿En qué circunstancias recibe Andrea la carta de Ena en la que la invita a vivir con ella en Madrid? [0,75 puntos]

b)

¿Cómo se entera Andrea de que durante la guerra Gloria tuvo algún escarceo amoroso con Román y que luego este la humilló delante de otros soldados? [0,75 puntos]

c)

¿Por qué motivo, según Juan, Angustias no se habría podido casar con Don Jerónimo en su juventud? [0,75 puntos]

Opción B - 2.1 - Redacción · Redacción

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.1.

¿Es necesario, a su juicio, que el poder legislativo intervenga para evitar las ofensas que, al amparo del humor, se pueden cometer contra determinados colectivos? Escriba un texto argumentativo a favor o en contra de poner límites al humor a través de leyes que regulen dichos límites. Utilice para ello no más de ciento cincuenta palabras. Previamente, indique, en el cuadro que aparece a continuación, la tesis que pretende defender, dos argumentos a favor y un contraargumento. Una vez completado el cuadro, puede servirse de él para escribir el texto argumentativo. [2 puntos]

Tesis

(no más de diez palabras)

Argumento 1

(no más de diez palabras)

Argumento 2

(no más de diez palabras)

Contraargumento

(no más de diez palabras)

Opción B - 2.2 - Incorrecciones · Incorreciones

2. Expresión escrita [3 puntos en total]

2.2. Rellene los espacios en blanco con la forma correcta de entre las dos que se proponen en cada caso.

[1 punto]

a)

No quiero cerrar el trato

( sino / si no) se ofrecen unas mínimas garantías.

b)

¿No sabes cómo hacerlo

( porque / por qué) nadie te lo ha explicado?

c)

Eso no lo sabía nadie,

( a parte / aparte) de Román.

d)

( Hubo / Hubieron) algunos invitados que no llegaron a la hora indicada.

Ejercicio Parte común - 3.1 - Pares mínimos · Pares mínimos

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.1.

Lea el siguiente par mínimo e indique cuál de las dos oraciones es agramatical (imposible) o incorrecta en español: a o b. A continuación, explique por qué motivo es agramatical o incorrecta. La explicación debe tener un máximo de cincuenta palabras, entre las cuales deben encontrarse términos gramaticales relevantes. En el cuadro que aparece debajo debe indicarse la oración agramatical o incorrecta, los términos gramaticales relevantes y la explicación del contraste. [1 punto]

a) La aconsejé tranquilizarse.

b) Le aconsejé tranquilizarse.

Oración agramatical o incorrecta:

a

b

Ejercicio Parte común - 3.2 - Sintaxis · Sintaxis

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.2.

Escriba una secuencia gramatical de no más de veinte palabras que contenga, al menos, los cuatro elementos siguientes: un adverbio demostrativo, un verbo modal, un adverbio de foco y un complemento agente. Tenga en cuenta que la secuencia debe contener al menos esos elementos (en el orden que se considere oportuno), pero puede haber más, siempre que no se supere el límite de palabras. La secuencia puede contener oraciones subordinadas, pero no coordinadas ni yuxtapuestas. [1 punto]

Una vez escrita la secuencia, indique qué palabras (o grupos de palabras) de esta se corresponden con cada uno de los elementos listados en el párrafo anterior. Utilice para ello la tabla que aparece a continuación:

Adverbio demostrativo

Verbo modal

Adverbio de foco

Complemento agente

Ejercicio Parte común - 3.3 - Sintaxis · Sintaxis

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.3. Lea la siguiente lista de secuencias y, de entre las opciones que se ofrecen debajo, elija la única que identifica de manera correcta y ordenada la función sintáctica de la oración subordinada que aparece en cada una de las secuencias.

[0,5 puntos. Si la respuesta es errónea, se descontarán 0,15 puntos; si no responde a la pregunta, no se aplicará ningún descuento.]

1. Llevaba la espada con la que esperaba encontrar a su padre en Polonia.

2. Es imposible que sean enviados hoy.

3. Nos asombra que siempre andes quejándote.

4. La propuesta de que vengamos antes me parece estupenda.

Ejercicio Parte común - 3.4 - Sintaxis · Sintaxis

PARTE COMÚN

3. Reflexión lingüística [3 puntos en total]

3.4. Responda UNA de las dos cuestiones siguientes, a o b, relacionadas con la oración compuesta y la estructura informativa de la oración respectivamente.

[0,5 puntos]

a)

A partir de las oraciones 1 y 2, escriba una secuencia que, mediante una estrategia propia de la subordinación, evite la repetición del sintagma nominal «una vieja amiga». Al construir dicha secuencia, los cambios deben ser mínimos: únicamente aquellos necesarios para evitar la repetición del sintagma nominal «una vieja amiga».

1. Se encontró con una vieja amiga.

2. Había conocido a una vieja amiga en Murcia.

b)

Reescriba la oración No volverás a verla si no le escribes ahora de manera que la oración condicional pase a ser tema (información conocida). Al reescribir la oración, los cambios deben ser mínimos: únicamente aquellos necesarios para llevar a cabo la modificación que se pide.

Oración original: No volverás a verla si no le escribes ahora.

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