1. Guion de trabajo
Flashcards
- ¿Cuál es el título de la obra de Rousseau donde presenta su visión sobre la educación, incluyendo la de la mujer?
- Emilio o de la educación
- ¿Cómo se llama la protagonista femenina en la obra 'Emilio o de la educación', destinada a ser la compañera de Emilio?
- Sofía
- ¿Qué rol asigna Rousseau a la mujer en la unión de los sexos?
- Ser pasiva y débil
- ¿Qué cualidad cree Rousseau que la naturaleza ha dado a la mujer para compensar sus deseos ilimitados?
- El pudor
Preguntas tipo test
- ¿Cuál es el nombre de la compañera de Emilio en la obra de Rousseau?
- a) Luisa
- b) Sofía
- c) Julia
- d) Clara
Respuesta: b) Sofía. En la obra 'Emilio o de la educación' de Rousseau, la compañera de Emilio es Sofía, destinada a complementar su educación y vida.
- Según Rousseau, ¿cuál es el destino especial de la mujer?
- a) Gobernar la sociedad
- b) Agradar al hombre
- c) Liderar ejércitos
- d) Escribir tratados filosóficos
Respuesta: b) Agradar al hombre. Rousseau argumenta que el destino especial de la mujer es agradar al hombre, lo que influye en su educación y rol social.
- ¿Qué crítica principal dirige Mary Wollstonecraft a las ideas de Rousseau sobre la mujer?
- a) Su enfoque en la igualdad económica
- b) Su defensa de la educación femenina
- c) Su justificación de la subordinación femenina
- d) Su crítica a la Revolución Francesa
Respuesta: c) Su justificación de la subordinación femenina. Wollstonecraft critica la justificación de Rousseau de la subordinación femenina, argumentando que limita el desarrollo y la virtud de las mujeres.
2. Texto 1: Jean-Jacques Rousseau, Emilio o de la educación
Flashcards
- ¿Quién es Sofía en 'Emilio o de la educación' de Rousseau?
- La compañera prometida para Emilio, representando el ideal femenino.
- Según Rousseau, ¿qué debe poseer Sofía?
- Todo lo que conviene a la constitución de su sexo y especie para ocupar su lugar en el orden físico y moral.
- En términos de igualdad, ¿qué comparte la mujer con el hombre, según Rousseau?
- Órganos, necesidades y facultades en lo que no se relaciona con el sexo.
- ¿Cuál es el destino especial de la mujer, según Rousseau?
- Agradar al hombre y ser subyugada.
Preguntas tipo test
- ¿Cuál es el nombre de la compañera que Rousseau le promete a Emilio?
- a) Luisa
- b) Sofía
- c) Isabel
- d) Clara
Respuesta: b) Sofía. Rousseau presenta a Sofía como la compañera ideal para Emilio, destinada a complementar su educación y desarrollo.
- Según Rousseau, ¿en qué aspectos son iguales el hombre y la mujer?
- a) En todos los aspectos físicos y morales
- b) En lo que no se relaciona con el sexo: órganos, necesidades y facultades
- c) Únicamente en la capacidad de sentir emociones
- d) En la habilidad para razonar lógicamente
Respuesta: b) En lo que no se relaciona con el sexo: órganos, necesidades y facultades. Rousseau argumenta que fuera de las diferencias sexuales, hombres y mujeres comparten similitudes en su constitución física y capacidades.
- De acuerdo con Rousseau, ¿cuál es el destino especial de la mujer?
- a) Gobernar y liderar la sociedad
- b) Agradar al hombre y ser subyugada
- c) Cultivar su intelecto y participar en la política
- d) Ser independiente y autosuficiente
Respuesta: b) Agradar al hombre y ser subyugada. Rousseau asigna a la mujer el rol de complacer al hombre, considerándola pasiva y destinada a ser subyugada.
3. Texto 2: Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer
Flashcards
- ¿Cuál es la obra más importante de Mary Wollstonecraft?
- Vindicación de los derechos de la mujer
- ¿A qué figura clave critica directamente Wollstonecraft en su obra?
- Jean-Jacques Rousseau
- Según Wollstonecraft, ¿qué ocupa el lugar de las pasiones nobles en el pecho de las mujeres?
- El amor y el deseo de agradar
- ¿Qué concepto destruye la fortaleza de carácter en las mujeres, según Wollstonecraft?
- El servilismo
Preguntas tipo test
- ¿Cuál es la principal crítica de Wollstonecraft hacia la educación de las mujeres?
- a) Que se centra demasiado en el desarrollo físico.
- b) Que las aísla del mundo exterior.
- c) Que las educa para ser dependientes y complacientes.
- d) Que no les permite acceder a la educación superior.
Respuesta: c) Que las educa para ser dependientes y complacientes.. Wollstonecraft critica que la educación femenina está orientada a la dependencia y a complacer a los hombres, en lugar de fomentar su autonomía y desarrollo intelectual.
- Según Wollstonecraft, ¿qué consecuencia tiene educar a las mujeres para la dependencia?
- a) Fortalece los lazos familiares y sociales.
- b) Promueve la estabilidad política y económica.
- c) Frena el progreso de la virtud humana y el conocimiento.
- d) Garantiza la felicidad conyugal y doméstica.
Respuesta: c) Frena el progreso de la virtud humana y el conocimiento.. Wollstonecraft argumenta que la falta de una educación racional para las mujeres impide el avance general de la sociedad en términos de virtud y conocimiento.
- Wollstonecraft critica la 'modestia romántica' promovida por Rousseau porque...
- a) Fomenta la igualdad entre los sexos.
- b) Permite a las mujeres desafiar las normas sociales.
- c) Satisface el orgullo y libertinaje del hombre.
- d) Promueve la independencia económica de las mujeres.
Respuesta: c) Satisface el orgullo y libertinaje del hombre.. La autora considera que esta 'modestia' es una excusa para mantener a las mujeres en una posición de debilidad y dependencia, complaciendo los deseos masculinos.
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Texto del documento
1 PRÁCTICA 3: MARY WOLLSTONECRAFT ANTE EL EMILIO DE ROUSSEAU Historia de la filosofía Guion de trabajo antes de la sesión de trabajo en el aula: cada estudiante ha de leer detenidamente los dos textos, subrayar las ideas principales y establecer brevemente cuál es su estructura y los temas que se abordan en cada uno de ellos. Asimismo, ha de buscar información, reflexionar y tratar de llegar a una conclusión sobre las siguientes cuestiones: 1) ¿Quién fue Rousseau? ¿Qué representación de la mujer contiene el texto de Emilio o de la educación? ¿por qué es diferente de la del hombre? 2) ¿Es Sofía, como compañera de Emilio, una ciudadana en el mismo sentido que él?
¿Cómo describirías la relación que deben mantener? 3) El planteamiento de Rousseau ¿choca con el espíritu de la Ilustración y su invitación al ser humano a salir de la minoría de edad? 4) ¿Qué critica Mary Wollstonecraft en su texto? ¿Con qué problemas tratados en las prácticas anteriores podemos relacionarlo? 5) ¿Cómo aborda la debilidad de las mujeres? 6) ¿Es la educación de las mujeres un problema? ¿Por qué? 7) ¿Crees que la propuesta de esta autora permite criticar la de Rousseau? ¿con qué argumentos? 8) ¿Puede hacerse una lectura contemporánea del enfrentamiento de las posiciones de Rousseau y Wollstonecraft?
en las sesiones de trabajo en el aula: cada estudiante, de acuerdo con la metodología de trabajo grupal que se establecerá, pondrá en común el trabajo realizado. en la sesión de evaluación en el aula: se formularán una o varias preguntas relativas a las cuestiones y textos tratados en las sesiones de trabajo que el/la estudiante habrá de redactar en un tiempo aproximado de 40 minutos y entregar. No podrá disponer de materiales ni apuntes. 1 Texto 1: Jean-Jacques ROUSSEAU (1712-1778), Emilio o de la educación, libro V (Ed. Bruguera) No es conveniente que el hombre esté solo. Emilio es hombre, le hemos prometido una compañera y es necesario dársela. Esta compañera es Sofía.
¿Dónde está su albergue? ¿En qué lugar la encontraremos? Para encontrarla, es indispensable conocerla. Debemos saber primero lo que es, y luego acertaremos más fácilmente el sitio donde habita, y cuando la encontremos, todavía no estará todo terminado. «Puesto que nuestro gentilhombre está para casarse, es hora ya de que le dejemos con su amada», dice Locke. Y con esto da por terminada su obra. Yo, que no tengo el honor de educar a un gentilhombre, me guardaré de imitar a Locke en ese aspecto.
SOFIA O LA MUJER Sofía debe ser mujer como Emilio es hombre, o sea, que debe poseer todo lo que conviene a la constitución de su sexo y su especie con el fin de ocupar el puesto adecuado en el orden físico y moral. Por tanto, comencemos examinando las diferencias y las afinidades entre su sexo y el nuestro. En lo que no se relaciona con el sexo, la mujer es igual al hombre: tiene los mismos órganos, las mismas necesidades y las mismas facultades; la máquina tiene la misma construcción, son las mismas piezas y actúan de la misma forma; la configuración es parecida, y bajo cualquier aspecto que los consideremos sólo se diferencian entre sí de más a menos.
En lo que se refiere al sexo se hallan siempre relaciones entre la mujer y el hombre, y siempre se encuentran diferencias, y la dificultad de compararlas proviene de la de determinar en la constitución de uno y otro lo que es peculiar o no del sexo. Mediante la anatomía comparada y también por lo que está de manifiesto se encuentran diferencias generales entra ellos que, al parecer, no tienen conexión con el sexo; no obstante, lo están, pero por vínculos que no hemos podido distinguir, ignoramos hasta dónde pueden llegar esos vínculos, y lo único que sabemos con seguridad es que todo lo que es común entre ambos pertenece a la especie, y cuando es diferente es propio del sexo.
Bajo muchos puntos de vista, hay entre ellos tantas relaciones y oposiciones que tal vez es un milagro de la naturaleza el haber formado dos seres tan semejantes estando constituidos de un modo tan diferente. Estas relaciones y diferencias deben ejercer influencia en lo moral. Consecuencia palpable, conforme a la experiencia, y que pone de manifiesto la vanidad de las disputas acerca de la preeminencia o igualdad de los sexos, como si encaminándose cada uno al fin de la naturaleza según su peculiar destino, no fuera en esto más perfecto que si fuera más parecido al otro. En lo que existe de común entre ellos, son iguales, pero en lo diferente no son comparables.
Se deben parecer tan poco un hombre y una mujer perfectos en el entendimiento como en el rostro. En la unión de los sexos, concurre cada uno por igual al fin común, pero no de la misma forma; de esta diversidad surge la primera diferencia notable entre las relaciones morales de uno y otro. El uno debe ser activo y fuerte, y el otro pasivo y débil. Es 3 indispensable que el uno quiera y pueda, y es suficiente con que el otro oponga poca resistencia. Establecido este principio, se deduce que el destino especial de la mujer consiste en agradar al hombre.
Si recíprocamente el hombre debe agradarle a ella, es una necesidad menos directa; el mérito del varón consiste en su poder, y sólo por ser fuerte agrada. Convengo en que ésta no es la ley del amor, pero es la ley de la naturaleza, más antigua que el amor mismo. Si el destino de la mujer es agradar y ser subyugada, se debe hacer agradable al hombre en vez de incitarle; en sus atractivos se funda su violencia, por ello es preciso que encuentre y, haga uso de su fuerza. El arte más seguro de animar esta fuerza es hacerla necesaria con la resistencia. Uniéndose entonces el amor propio con el deseo, triunfa el uno de la victoria que el otro le deja alcanzar.
De ahí el acometimiento y la defensa, la osadía de un sexo y el encogimiento del otro, la modestia y la vergüenza con que la naturaleza armó al débil para que esclavizase al fuerte. ¿Quién pudo pensar que la naturaleza había prescrito las mismas provocaciones al uno y al otro, y que el primero que sintiese deseos también fuera el primero que los manifestase? ¡Qué extraña depravación de juicio! Si la empresa trae tan distintas consecuencias para los dos sexos, ¿es natural que la acometan con la misma osadía?
¿Quién no se da cuenta de que existiendo tal desigualdad en la puesta común, si el recato no impusiera la moderación a uno, que al otro le impone la naturaleza, en breve resultaría la ruina de los dos y perecería el linaje humano por los mismos medios que para su conservación fueron establecidos?
Con la facilidad que tienen las mujeres para inflamar los sentidos de los hombres y encender en el interior de su corazón las chispas de un temperamento casi apagado, si hubiese algún malhadado clima en la tierra donde la filosofía hubiera introducido esta práctica, especialmente en los países cálidos, donde nacen más mujeres que hombres, tiranizados ellos por ellas, al fin serían sus víctimas y todos se verían arrastrados a la muerte sin poderse defender nunca. Si las hembras de los animales no tienen la misma vergüenza, ¿qué se deduce de esto? ¿Tal vez tienen, como las mujeres, los deseos sin límites a que esta vergüenza sirve de freno?
Los deseos son fruto de la necesidad, y una vez satisfecho el deseo, cesa; no repelen al macho por fingimiento, sino de verdad, y hacen todo lo contrario de lo que hacía la hija de Augusto, y cuando ha cargado el navío, no admiten más pasajeros. Aun cuando están libres, sus épocas de buena voluntad son cortas y efímeras, el instinto las impele y el instinto las detiene. ¿Cuál será en las mujeres el suplemento de este instinto negativo, si les quitáis el pudor? Esperar que ellas no se cuiden de los hombres es lo mismo que esperar que ellos no sirvan para nada.
El Ser supremo quiso en todo honrar a la especie humana, y si da desmedidas inclinaciones al hombre al mismo tiempo le da la ley que regula, para que sea libre y mande en sí mismo; s1 le deja abandonado a pasiones inmoderadas, con estas pasiones junta la razón para que las rija; si abandona a deseos sin límites la mujer, con estos deseos une el pudor que los contiene, y para cúmulo añade una actual recompensa al buen uso de sus facultades, es decir, el gusto que toma por las cosas honestas quien las hace norma de sus acciones. Esto va bien, creo yo, al instinto de las bestias.
4 Entonces, lo mismo si participa o no la mujer de los deseos del hombre y quiera o no satisfacerlos, siempre le repele y se defiende, pero no siempre con la misma fuerza, ni, por consiguiente, con el mismo fruto. Para que la victoria sea del acometedor precisa que lo permita o lo mande al acometido, porque, ¿cuántos medios no tiene para forzar al agresor a que haga uso de sus fuerzas?
El más libre y el más suave de todos los actos no admite violencia real, puesto que se oponen la naturaleza y la razón; la primera, habiendo otorgado al más débil la fuerza suficiente para resistir cuando le plazca; la segunda, porque una verdadera violencia no sólo constituye el acto más bárbaro, sino también el más diametralmente opuesto al fin, ya sea porque de esta forma el hombre declara la guerra a su compañera, autorizándola a que defienda su persona y su libertad, aunque sea a costa de la vida del agresor, o porque solamente la mujer es juez del estado en que se encuentra, y porque los niños carecerían de padre si todo varón pudiese usurpar los derechos.
Observad aquí una tercera consecuencia de la constitución de los sexos, y es que el más fuerte aparentemente es el dueño, cuando en realidad depende del más débil, y esto sucede así, no por un frívolo galanteo, ni por una altiva generosidad del protector, sino por una invariable ley de la naturaleza, que ofreciendo a la mujer mayores facilidades para excitar sus deseos que al hombre para que los satisfaga, le subordina a él, mal de su grado a la buena voluntad de ella, y necesita serle agradable para que ella consienta en dejarle que sea el más fuerte.
Luego, lo que más complace al hombre en su victoria es dudar si la flaqueza es la que cede a la fuerza o si es la voluntad lo que se rinde, y la común astucia de la mujer es dejar que subsista esta viuda entre él y ella. En esto corresponde perfectamente el espíritu de las mujeres a su constitución, pues lejos de sonrojarse de su debilidad, presumen de ella; aparentan que no pueden alzar del suelo ni los más ligeros pesos y las avergonzaría ser fuertes. ¿Por qué obran de este modo? No sólo por parecer delicadas, sino por una precaución más astuta: desde muy lejos buscan disculpas y el derecho de ser débiles cuando lo crean necesario.
[…] Platón, en su República, señala a las mujeres los mismos ejercicios que a los hombres, y me parece bien. Al quitar de su gobierno las familias particulares, no sabiendo qué hacer con las mujeres, se vio obligado a hacerlas hombres. Ese singular ingenio todo lo había previsto y combinado; de antemano resolvía una objeción que tal vez nadie hubiera pensado hacerle, pero resuelve mal la que le hacen.
No me refiero a aquella pretendida comunidad de mujeres, acusación tan repetida y que los que se la hacen demuestran que no le han leído; yo hablo de esa promiscuidad civil que en todas partes confunde los dos sexos en los mismos empleos, en las mismas tareas, lo que tiene que engendrar los más intolerables abusos; hablo de esa subversión de los más tiernos sentimientos de la naturaleza, inmolados a un sentimiento artificial que no puede subsistir, como si no fuera indispensable alguna base natural para formar vínculos de convención, como si el amor que tenemos a nuestros familiares no fuese el principio del que debemos al Estado, como si no fuera por la pequeña patria, que es la familia, por donde se une el corazón a la grande, como si no fueran el buen hijo, el buen padre y el buen esposo los que forman el buen ciudadano.
5 Demostrado que ni el hombre ni la mujer están ni deben estar constituidos del mismo modo en lo que respecta al carácter y al temperamento, se infiere que no se les debe dar la misma educación. Siguiendo las directrices de la naturaleza, deben obrar acordes, pero no deben hacer las mismas cosas; el fin de sus tareas es común, pero son diferentes, y, por consiguiente, los gustos que las dirigen. Habiendo procurado formar el hombre natural, por no dejar la obra imperfecta, veamos también cómo debe formarse la mujer para que le convenga al hombre. ¿Queréis estar siempre bien dirigidos? Pues no os apartéis nunca de las indicaciones de la naturaleza.
Se debe respetar todo lo que caracteriza al sexo, tal como ella lo ha establecido. Continuamente decís: las mujeres tienen este o aquel defecto que nosotros no tenemos. Os engaña vuestra soberbia; en vosotros serían defectos, en ellas son cualidades, y todo iría peor si no los tuviesen. Procurad evitar que estos pretendidos defectos degeneren, pero guardaos de destruirlos. Por su parte, las mujeres no dejan de clamar que las educamos para la vanidad y la coquetería, que las divertimos continuamente con niñerías para ser los amos con más facilidad, y se duelen de los defectos que les reprochamos. ¡Qué locura! ¿Desde cuándo los hombres se meten en la educación de las niñas?
¿Quién pone obstáculos a las madres para que las eduquen a su antojo? No tienen escuelas públicas, ¡qué desdicha! Si los muchachos no las tuviesen, se educarían con más juicio y mayor honestidad. ¿Necesitan vuestras hijas perder el tiempo en boberías? ¿Les hacen que contra su voluntad pasen, a ejemplo vuestro, la mitad de su vida en el tocador? ¿Evitan que las instruyáis y las hagáis instruir como os plazca? Si nos gustan cuando son hermosas, si sus monerías nos seducen, si el arte que aprenden de vosotras nos atrae y nos emboba, si nos complacemos en verlas vestidas con gusto, si les dejamos que afilen a su placer las armas con que nos cautivan, ¿es culpa nuestra?
Resolved educarlas como a hombres, y ellas lo consentirán sin protestar. Cuando más se les quieren parecer, menos los gobernarán, y entonces sí que serán ellos los amos. Las cualidades comunes a ambos sexos no las tienen en la misma medida, pero tomadas en conjunto quedan compensadas. La mujer vale más como mujer y menos como hombre, y en aquello en que impone el valor de sus derechos, nos aventaja, y en aquello en que quiere usurpar los nuestros, la ventaja es nuestra. Esta verdad general sólo puede ser rebatida con excepciones, que es a lo que recurren los galanes partidarios del bello sexo.
Cultivar en la mujer las cualidades del hombre y descuidar las que les son propias, es trabajar en detrimento suyo. Demasiado lo ven las astutas para dejarse engañar; cuando procuran usurpar nuestras ventajas, no abandonan la suya, pero ocurre que no pudiendo amalgamar bien las unas con las otras, debido a que son incompatibles, no llegan con unas adonde hubieran alcanzado y con las otras no pueden competir con nosotros, perdiendo de esta forma la mitad de su valor. Hacedme caso, madres juiciosas; no hagáis a vuestra hija un hombre de bien, que es desmentir a la naturaleza; hacedla mujer de bien, y así podréis estar segura de que será útil para nosotros y para sí misma.
¿Se puede deducir de todo lo expuesto que debe ser educada en la ignorancia de todas las cosas y limitada únicamente a las funciones caseras? ¿El hombre debe hacer de 6 su compañera una sirvienta? ¿Le debe impedir que sienta y conozca nada con el fin de poderla esclavizar mejor? ¿Hará de ella una autómata? Sin duda que no; la naturaleza no lo ha dicho así; y si las ha dotado de una tan agradable y delicada inteligencia, quiere que piensen, juzguen, amen, conozcan y cultiven su entendimiento como su figura, que son las armas que les da para suplir la fuerza que les falta y dirigir la nuestra. Deben aprender muchas cosas, pero sólo las que es conveniente que sepan.
Texto 2: Mary WOLLSTONECRAFT (1759-1797), Vindicación de los derechos de la mujer (fragmentos) RY WOLLSTONECRAFT* parece necesarioextendermeen estas verda posibilitan ejercer una breve tiranía. Como el amor ocupa en su pecho d de toda pasión más noble, su única ambición es serhermosa para suscitar ones en vez de inspirar respeto; y este deseoinnoble, igual queel senrilis- re de la Wrhid y si por su misma constitución las mujeres sones- hombres de talentos superiores se han sometido a tal degradació *Nuestra r e v i s t apubiic6,en sunúmero .craft(1759- 1797).Muchas de suside mados de la masa común de la humanidad.
¿No es esto así todavía y se los trata con un grado de reverencia que insulta a la razón? China no es el único país donde se ha hecho un dios de un hombre vivo. Los hombres se han someti- do a la fuerza superior para disfrutar con impunidad del placer del momento; las mujeres sólo han hecho lo mismo y, por ello, hasta que se pruebe que el cor- tesano servil que se somete a los derechos de nacimiento de un hombre no actúa segúnla moral, no puede demostrarseque la mujer es esencialmenteinfe- rior alhombreporque siempreha estado subyugada.
Hasta ahora, la fuerza brutal ha gobernado el mundo y es evidente por los filósofos, escrupulosos en dar un conocimiento más útil al hombre de esa dis- tinción determinada,que la cienciapolítica se encuentra en su infancia. obvia: según la política sana vaya difundiendo la libertad, la,humanidad, in- cluidas las mujeres, sehará más sabia y virtuosa. Pero si la fuerza corporal es con cierta razón la vanagloria de los hombres, ¿por qué las mujeres son tan engreídascomo para sentirse orgullosasde un de- fecto?
Rousseau les ha proporcionado una excusa verosímil, que sólo se le podía haber ocurrido a un hombre cuya imaginaciónha corrido libre y pule las impresiones producidas por unos sentidos exquisitos, que ciertamentetendrían un pretexto para rendirse al apetito natural sin violar una especie de modestia ománticaque satisfaceel orgulloy libertinaje delhombre.
., Las mujeres, engañadas por esos sentimientos, a menudo se vanaglorian de su debilidad, obteniendo con astucia poder al representar la debilidad de los hombres; y pueden vanagloriarsebien de su dominio ilícito porque, como los bajás turcos, tienen más poder real que sus señores; pero la virtud se sacrifica a las satisfaccionestemporales y la vida respetable al triunfo de una hora.
Las mujeres, como los déspotas, quizá no tengan más poder que el que ob- endríansi el mundo, divididoy subdivididoen reinosy familias, estuviera go- bernado por leyes deducidasdel ejerciciode la razón; pero, para seguir la com- paración, en su obtención se degrada su carácter y se esparce la licencia por todo el conjunto de la sociedad. La mayoría se convierte en la peana de unos cuantos. Así pues,' me aventuraré a afirmar que hasta que no se eduque a las mujeres de modo más racional, el progreso de la virtud humana y el perfeccio- namiento del conocimiento recibirán frenos continuos.
Y si se concede que la mujer no fue creada simplementepara satisfacer el apetito del hombre o para ser la sirvientamás elevada, que le proporciona sus comidas y atiende su ropa, se seguiría que el primer cuidado de las madres o padres que se ocupan real- mente de la educación de las mujeres debería ser, si no fortalecer el cuerpo, al menos no destruir su constitución por nociones erróneas sobre la belleza y la excelencia femenina; y no debería permitirse nunca a lasjóvenes asimilar la no- oilstonecraft Vindicación de los derechos de la mujer ento, convertirseenuna excelencia.
demás, si se educa a las mujeres para la dependencia, es decir, para actuar de acuerdoconla voluntad de otro ser falibley se somete al poder, recto o erró- neo, ¿dóndehemos de detenernos?¿Debenser consideradascomo gobernantes eriores a los que se permite reinar sobre un pequeño dominioy se responsa- de su conducta ante un tribunal superior, capazde error? o será difícil probar que esas voluntades delegadas actuarán como los res sometidospor miedo y harán padecer a sushijos y siervossu opresión ánica.
Como se someten sin razón y no cuentan con reglas fijas por las que ustar su conducta, serán amableso crueles segúnles dide el capricho del mo- ento; y no debemos asombrarnos si a veces, mortificadaspor su pesadoyugo, un placer maligno enhacerlo descansarenhombrosmás débiies. me remontaré a los anales remotos de la antigüedadpara seguirlashue- . s de la historia de la mujer; es suficientecon admítirquesiempreha sidouna o una déspota y señalar que cada una de estas situacionesretarda por igual el progreso de la razón.
Siempre me ha parecido que la gran fuente del vicio y la insensatez femenina surge de la estrechez mental, y la misma consti- tución de los gobiernos civilesha colocadoen el camino obstáculos casiinsupe- rables para impedir el cultivo del entendimiento femenino; pero la virtud no asarse en otros cimientos. En el camino de los ricos sehan arrojado los mismos obstáculos, conlas mismas consecuencias. rma proverbial, seha llamado a la necesidad la madre de la invención; el aforismopodría extendersea la virtud.
Es una adquisiciónque conllevael sa- crificio del placer, ¿yquién sacrifica éste cuando se tiene al alcancede la mano o cuando la adversidad no ha abierto o fortalecidola mente, o la necesidad no ha aguijoneado la búsqueda del conocimiento?Es una buena cosa quela gente se: % ' ' tenga que luchar con las preocupaciones de la vida porque ello evita que se 9 l si convierta en presa de los vicios que debilitan, simplementepor la indolencia.
'&> Pero si se sitúa a hombres y mujeres desde su nacimiento en una zona tórrida, J < + A,' ,-2 l con el sol meridiano del placer apuntándolos directamente, ¿cómopueden re- * * forzar sus mentes para cumplir con las obligaciones de la vida o incluso para saborearlos afectosquelostransportan fuera de ellosmismos? Según la modificación presente de la sociedad, el placer es el asunto central de la vida de una mujer y, mientras continúe siendo así, poco puede esperarse de esos seres de%iles.Heredada la soberanía de la belleza en descendencia di- recta del primer bello defectode la naturaleza, para mantener'supoder tienen