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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Canarias 2022 · Junio (Humanidades)
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Canarias (PAU/EBAU) 2022, Junio (Humanidades): 4 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen · Producción de un texto argumentativo propio · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
Opción A - 1 - Tipología textual · Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje
OPCIÓN A
Que el clima no pierda la guerra
Si la gran dependencia que teníamos de los combustibles fósiles hacía ya muy difícil reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático, una guerra inesperada en el corazón de Europa ha venido ahora a complicar las cosas. No es una guerra cualquiera. La protagoniza el tercer proveedor mundial de combustibles fósiles después de EE UU y Arabia Saudita, y pone en riesgo el suministro del 40% del gas y el 11% del petróleo que consume Europa. Las sanciones económicas impuestas a Rusia excluyen el comercio de gas y petróleo, pero los dirigentes de la Unión Europea saben que para obligar a Putin a desistir de su agresivo plan de expansión han de dar una vuelta más a la tuerca y suspender la compra de gas y petróleo. Pero la decisión no es fácil. Todos saben que la medida tiene un indudable efecto bumerán.
De momento, la Unión Europea se propone reducir a un tercio en un año las importaciones previas a la invasión, pero sea cual sea la decisión final, corremos el peligro de que la guerra acabe comportando un retroceso en la lucha contra el cambio climático precisamente en Europa, que hasta ahora ha sido su principal motor. Si el gas que se deje de comprar a Rusia se sustituye por carbón o por derivados del petróleo, aumentarán las emisiones. Si en lugar de llegar de Rusia por gaseoducto, como ahora, el gas llega de Argelia o de Estados Unidos en barco, también aumentarán las emisiones. Cualquiera que sea la solución, encarecerá el coste de la energía. Algunos estudios calculan que la crisis energética reducirá en un 2% la renta disponible de los ciudadanos europeos. La cuestión no es solo el aumento de la factura que vamos a pagar, sino en qué medida dificultará la agenda ecológica.
Pero toda crisis encierra también una oportunidad. En este caso, la oportunidad de acelerar la transición energética y adelantar cambios estructurales que de todos modos habrá que hacer, y que chocan con fuertes resistencias de los intereses creados. Y el primer paso podría ser intervenir en un asunto que parecía intocable: el sistema de fijación de precios en el mercado mayorista de la electricidad. El precio del gas ya se había disparado mucho antes de la invasión de Ucrania. En enero de 2021, en pleno pico de la demanda por el temporal Filomena, el precio de la electricidad en el mercado mayorista español era de 93 euros MGW/h. El 15 de diciembre superó los 300 euros y, con la guerra, el pasado siete de marzo superó los 500. El problema no es solo que el precio del gas sea más alto, sino que el sistema marginalista de fijación de precios que rige en Europa hace que todas las energías que consumimos se paguen al precio de la última que se incorpora a la subasta diaria, que suele ser el gas, es decir, la más cara. Eso le ha dado a las grandes compañías eléctricas ingentes beneficios caídos del cielo, pues cobran al precio del gas toda la energía producida, incluidas la de fuentes mucho más baratas y ya amortizadas, como la nuclear o la hidroeléctrica. La guerra va a permitir, por fin, cuestionar ese tabú.
Hay muchas razones para apretar el acelerador. La primera, que Europa no puede seguir dependiendo de un proveedor que utiliza la energía como elemento de chantaje. Pero también que la volatilidad de los suministros energéticos y la fluctuación de los precios nos impelen a buscar alternativas más seguras y controlables. Las inversiones que hagamos en acelerar la transición energética han de servir para reforzar tanto la soberanía como la seguridad energética y las energías renovables, en la medida en que dependen de los propios recursos, son las que mejor lo garantizan. Lo que esta crisis nos enseña es que la mejor forma de garantizar la soberanía y la seguridad energética es acabar con la dependencia de los combustibles fósiles.
Milagro Pérez Oliva. El País. 14/3/2022
Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto
a)
Tipología textual y género periodístico al que pertenece. Explicación razonada y justificada de las funciones del lenguaje que predominan y los elementos comunicativos [0,25 puntos].
Opción A - 1 - Comprensión del texto · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen
OPCIÓN A
Que el clima no pierda la guerra
Si la gran dependencia que teníamos de los combustibles fósiles hacía ya muy difícil reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático, una guerra inesperada en el corazón de Europa ha venido ahora a complicar las cosas. No es una guerra cualquiera. La protagoniza el tercer proveedor mundial de combustibles fósiles después de EE UU y Arabia Saudita, y pone en riesgo el suministro del 40% del gas y el 11% del petróleo que consume Europa. Las sanciones económicas impuestas a Rusia excluyen el comercio de gas y petróleo, pero los dirigentes de la Unión Europea saben que para obligar a Putin a desistir de su agresivo plan de expansión han de dar una vuelta más a la tuerca y suspender la compra de gas y petróleo. Pero la decisión no es fácil. Todos saben que la medida tiene un indudable efecto bumerán.
De momento, la Unión Europea se propone reducir a un tercio en un año las importaciones previas a la invasión, pero sea cual sea la decisión final, corremos el peligro de que la guerra acabe comportando un retroceso en la lucha contra el cambio climático precisamente en Europa, que hasta ahora ha sido su principal motor. Si el gas que se deje de comprar a Rusia se sustituye por carbón o por derivados del petróleo, aumentarán las emisiones. Si en lugar de llegar de Rusia por gaseoducto, como ahora, el gas llega de Argelia o de Estados Unidos en barco, también aumentarán las emisiones. Cualquiera que sea la solución, encarecerá el coste de la energía. Algunos estudios calculan que la crisis energética reducirá en un 2% la renta disponible de los ciudadanos europeos. La cuestión no es solo el aumento de la factura que vamos a pagar, sino en qué medida dificultará la agenda ecológica.
Pero toda crisis encierra también una oportunidad. En este caso, la oportunidad de acelerar la transición energética y adelantar cambios estructurales que de todos modos habrá que hacer, y que chocan con fuertes resistencias de los intereses creados. Y el primer paso podría ser intervenir en un asunto que parecía intocable: el sistema de fijación de precios en el mercado mayorista de la electricidad. El precio del gas ya se había disparado mucho antes de la invasión de Ucrania. En enero de 2021, en pleno pico de la demanda por el temporal Filomena, el precio de la electricidad en el mercado mayorista español era de 93 euros MGW/h. El 15 de diciembre superó los 300 euros y, con la guerra, el pasado siete de marzo superó los 500. El problema no es solo que el precio del gas sea más alto, sino que el sistema marginalista de fijación de precios que rige en Europa hace que todas las energías que consumimos se paguen al precio de la última que se incorpora a la subasta diaria, que suele ser el gas, es decir, la más cara. Eso le ha dado a las grandes compañías eléctricas ingentes beneficios caídos del cielo, pues cobran al precio del gas toda la energía producida, incluidas la de fuentes mucho más baratas y ya amortizadas, como la nuclear o la hidroeléctrica. La guerra va a permitir, por fin, cuestionar ese tabú.
Hay muchas razones para apretar el acelerador. La primera, que Europa no puede seguir dependiendo de un proveedor que utiliza la energía como elemento de chantaje. Pero también que la volatilidad de los suministros energéticos y la fluctuación de los precios nos impelen a buscar alternativas más seguras y controlables. Las inversiones que hagamos en acelerar la transición energética han de servir para reforzar tanto la soberanía como la seguridad energética y las energías renovables, en la medida en que dependen de los propios recursos, son las que mejor lo garantizan. Lo que esta crisis nos enseña es que la mejor forma de garantizar la soberanía y la seguridad energética es acabar con la dependencia de los combustibles fósiles.
Milagro Pérez Oliva. El País. 14/3/2022
Pregunta 1. Comprensión del texto
b)
Opción A - 1 - Análisis lingüístico y estilístico · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna
OPCIÓN A
Que el clima no pierda la guerra
Si la gran dependencia que teníamos de los combustibles fósiles hacía ya muy difícil reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático, una guerra inesperada en el corazón de Europa ha venido ahora a complicar las cosas. No es una guerra cualquiera. La protagoniza el tercer proveedor mundial de combustibles fósiles después de EE UU y Arabia Saudita, y pone en riesgo el suministro del 40% del gas y el 11% del petróleo que consume Europa. Las sanciones económicas impuestas a Rusia excluyen el comercio de gas y petróleo, pero los dirigentes de la Unión Europea saben que para obligar a Putin a desistir de su agresivo plan de expansión han de dar una vuelta más a la tuerca y suspender la compra de gas y petróleo. Pero la decisión no es fácil. Todos saben que la medida tiene un indudable efecto bumerán.
De momento, la Unión Europea se propone reducir a un tercio en un año las importaciones previas a la invasión, pero sea cual sea la decisión final, corremos el peligro de que la guerra acabe comportando un retroceso en la lucha contra el cambio climático precisamente en Europa, que hasta ahora ha sido su principal motor. Si el gas que se deje de comprar a Rusia se sustituye por carbón o por derivados del petróleo, aumentarán las emisiones. Si en lugar de llegar de Rusia por gaseoducto, como ahora, el gas llega de Argelia o de Estados Unidos en barco, también aumentarán las emisiones. Cualquiera que sea la solución, encarecerá el coste de la energía. Algunos estudios calculan que la crisis energética reducirá en un 2% la renta disponible de los ciudadanos europeos. La cuestión no es solo el aumento de la factura que vamos a pagar, sino en qué medida dificultará la agenda ecológica.
Pero toda crisis encierra también una oportunidad. En este caso, la oportunidad de acelerar la transición energética y adelantar cambios estructurales que de todos modos habrá que hacer, y que chocan con fuertes resistencias de los intereses creados. Y el primer paso podría ser intervenir en un asunto que parecía intocable: el sistema de fijación de precios en el mercado mayorista de la electricidad. El precio del gas ya se había disparado mucho antes de la invasión de Ucrania. En enero de 2021, en pleno pico de la demanda por el temporal Filomena, el precio de la electricidad en el mercado mayorista español era de 93 euros MGW/h. El 15 de diciembre superó los 300 euros y, con la guerra, el pasado siete de marzo superó los 500. El problema no es solo que el precio del gas sea más alto, sino que el sistema marginalista de fijación de precios que rige en Europa hace que todas las energías que consumimos se paguen al precio de la última que se incorpora a la subasta diaria, que suele ser el gas, es decir, la más cara. Eso le ha dado a las grandes compañías eléctricas ingentes beneficios caídos del cielo, pues cobran al precio del gas toda la energía producida, incluidas la de fuentes mucho más baratas y ya amortizadas, como la nuclear o la hidroeléctrica. La guerra va a permitir, por fin, cuestionar ese tabú.
Hay muchas razones para apretar el acelerador. La primera, que Europa no puede seguir dependiendo de un proveedor que utiliza la energía como elemento de chantaje. Pero también que la volatilidad de los suministros energéticos y la fluctuación de los precios nos impelen a buscar alternativas más seguras y controlables. Las inversiones que hagamos en acelerar la transición energética han de servir para reforzar tanto la soberanía como la seguridad energética y las energías renovables, en la medida en que dependen de los propios recursos, son las que mejor lo garantizan. Lo que esta crisis nos enseña es que la mejor forma de garantizar la soberanía y la seguridad energética es acabar con la dependencia de los combustibles fósiles.
Milagro Pérez Oliva. El País. 14/3/2022
Pregunta 1. Análisis lingüístico y estilístico
c)
Análisis lingüístico y estilístico: mecanismos de coherencia y cohesión, rasgos morfosintácticos, léxico-semánticos y de estilo [1,25 puntos].
Opción A - 2 · Producción de un texto argumentativo propio
OPCIÓN A
Que el clima no pierda la guerra
Si la gran dependencia que teníamos de los combustibles fósiles hacía ya muy difícil reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático, una guerra inesperada en el corazón de Europa ha venido ahora a complicar las cosas. No es una guerra cualquiera. La protagoniza el tercer proveedor mundial de combustibles fósiles después de EE UU y Arabia Saudita, y pone en riesgo el suministro del 40% del gas y el 11% del petróleo que consume Europa. Las sanciones económicas impuestas a Rusia excluyen el comercio de gas y petróleo, pero los dirigentes de la Unión Europea saben que para obligar a Putin a desistir de su agresivo plan de expansión han de dar una vuelta más a la tuerca y suspender la compra de gas y petróleo. Pero la decisión no es fácil. Todos saben que la medida tiene un indudable efecto bumerán.
De momento, la Unión Europea se propone reducir a un tercio en un año las importaciones previas a la invasión, pero sea cual sea la decisión final, corremos el peligro de que la guerra acabe comportando un retroceso en la lucha contra el cambio climático precisamente en Europa, que hasta ahora ha sido su principal motor. Si el gas que se deje de comprar a Rusia se sustituye por carbón o por derivados del petróleo, aumentarán las emisiones. Si en lugar de llegar de Rusia por gaseoducto, como ahora, el gas llega de Argelia o de Estados Unidos en barco, también aumentarán las emisiones. Cualquiera que sea la solución, encarecerá el coste de la energía. Algunos estudios calculan que la crisis energética reducirá en un 2% la renta disponible de los ciudadanos europeos. La cuestión no es solo el aumento de la factura que vamos a pagar, sino en qué medida dificultará la agenda ecológica.
Pero toda crisis encierra también una oportunidad. En este caso, la oportunidad de acelerar la transición energética y adelantar cambios estructurales que de todos modos habrá que hacer, y que chocan con fuertes resistencias de los intereses creados. Y el primer paso podría ser intervenir en un asunto que parecía intocable: el sistema de fijación de precios en el mercado mayorista de la electricidad. El precio del gas ya se había disparado mucho antes de la invasión de Ucrania. En enero de 2021, en pleno pico de la demanda por el temporal Filomena, el precio de la electricidad en el mercado mayorista español era de 93 euros MGW/h. El 15 de diciembre superó los 300 euros y, con la guerra, el pasado siete de marzo superó los 500. El problema no es solo que el precio del gas sea más alto, sino que el sistema marginalista de fijación de precios que rige en Europa hace que todas las energías que consumimos se paguen al precio de la última que se incorpora a la subasta diaria, que suele ser el gas, es decir, la más cara. Eso le ha dado a las grandes compañías eléctricas ingentes beneficios caídos del cielo, pues cobran al precio del gas toda la energía producida, incluidas la de fuentes mucho más baratas y ya amortizadas, como la nuclear o la hidroeléctrica. La guerra va a permitir, por fin, cuestionar ese tabú.
Hay muchas razones para apretar el acelerador. La primera, que Europa no puede seguir dependiendo de un proveedor que utiliza la energía como elemento de chantaje. Pero también que la volatilidad de los suministros energéticos y la fluctuación de los precios nos impelen a buscar alternativas más seguras y controlables. Las inversiones que hagamos en acelerar la transición energética han de servir para reforzar tanto la soberanía como la seguridad energética y las energías renovables, en la medida en que dependen de los propios recursos, son las que mejor lo garantizan. Lo que esta crisis nos enseña es que la mejor forma de garantizar la soberanía y la seguridad energética es acabar con la dependencia de los combustibles fósiles.
Milagro Pérez Oliva. El País. 14/3/2022
Pregunta 2. Posicionamiento crítico personal sobre las ideas defendidas por el autor [2 puntos]
A partir de la actualidad del tema y la tesis del autor, redacta un texto argumentativo con posicionamiento propio, argumentación fundamentada que incluya obligatoriamente una argumentación literaria [1,5 puntos], y una conclusión con cierre reflexivo [0,5 puntos].
Opción B - 1 · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
Bernarda. Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!
Martirio. (Señalando a Adela.) ¡Estaba con él! ¡Mira esas enaguas llenas de paja de trigo!
Bernarda. ¡Ésa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia Adela.)
Adela. (Haciéndole frente.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!
(Sale Magdalena.)
Magdalena. ¡Adela!
(Salen Poncia y Angustias.)
Adela. Yo soy su mujer. (A Angustias.) Entérate tú y ve al corral a decírselo. Él dominará toda esta casa. Ahí fuera está, respirando como si fuera un león.
Angustias. ¡Dios mío!
Bernarda. ¡La escopeta! ¿Dónde está la escopeta? (Sale corriendo.)
(Aparece Amelia por el fondo, que mira aterrada con la cabeza sobre la pared. Sale detrás Martirio.)
Adela. ¡Nadie podrá conmigo! (Va a salir.)
Angustias. (Sujetándola.) De aquí no sales tú con tu cuerpo en triunfo, ¡ladrona!, ¡deshonra de nuestra casa!
Magdalena. ¡Déjala que se vaya donde no la veamos nunca más!
(Suena un disparo.)
Bernarda. (Entrando.) Atrévete a buscarlo ahora.
Martirio. (Entrando.) Se acabó Pepe el Romano.
Adela. ¡Pepe! ¡Dios mío! ¡Pepe! (Sale corriendo.)
Poncia. ¿Pero lo habéis matado?
Martirio. ¡No! ¡Salió corriendo en la jaca!
Bernarda. Fue culpa mía. Una mujer no sabe apuntar.
Magdalena. ¿Por qué lo has dicho entonces?
Martirio. ¡Por ella! ¡Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza!
Poncia. Maldita.
Magdalena. ¡Endemoniada!
Bernarda. Aunque es mejor así. (Se oye como un golpe.) ¡Adela! ¡Adela!
Poncia. (En la puerta.) ¡Abre!
Bernarda. Abre. No creas que los muros defienden de la vergüenza.
Criada. (Entrando.) ¡Se han levantado los vecinos!
Bernarda. (En voz baja como un rugido.) ¡Abre, porque echaré abajo la puerta! (Pausa. Todo queda en silencio.) ¡Adela! (Se retira de la puerta.) ¡Trae un martillo! (La Poncia da un empujón y entra. Al entrar da un grito y sale.) ¿Qué?
Poncia. (Se lleva las manos al cuello.) ¡Nunca tengamos ese fin!
(Las hermanas se echan hacia atrás. La Criada se santigua. Bernarda da un grito y avanza.)
Poncia. ¡No entres!
Bernarda. No. ¡Yo no! Pepe: tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.
Martirio. Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.
Bernarda. Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto. Esta pregunta valorará los siguientes aspectos (3 puntos):
Contextualización del autor y la obra en su época y movimiento (0.25 puntos).
Contextualización de la obra en la producción del autor y relación del texto o fragmento seleccionado con dicha obra (0.25 puntos).
Análisis de los personajes, espacio y tiempo y de los temas presentes en el fragmento o texto (1.25 puntos).
Justificación del carácter literario del texto o fragmento (recursos estilísticos, simbología, género, relaciones con la tendencia o movimiento literario) (1.25 puntos).
Opción B - 2 · Producción de un texto argumentativo propio
Bernarda. Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!
Martirio. (Señalando a Adela.) ¡Estaba con él! ¡Mira esas enaguas llenas de paja de trigo!
Bernarda. ¡Ésa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia Adela.)
Adela. (Haciéndole frente.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!
(Sale Magdalena.)
Magdalena. ¡Adela!
(Salen Poncia y Angustias.)
Adela. Yo soy su mujer. (A Angustias.) Entérate tú y ve al corral a decírselo. Él dominará toda esta casa. Ahí fuera está, respirando como si fuera un león.
Angustias. ¡Dios mío!
Bernarda. ¡La escopeta! ¿Dónde está la escopeta? (Sale corriendo.)
(Aparece Amelia por el fondo, que mira aterrada con la cabeza sobre la pared. Sale detrás Martirio.)
Adela. ¡Nadie podrá conmigo! (Va a salir.)
Angustias. (Sujetándola.) De aquí no sales tú con tu cuerpo en triunfo, ¡ladrona!, ¡deshonra de nuestra casa!
Magdalena. ¡Déjala que se vaya donde no la veamos nunca más!
(Suena un disparo.)
Bernarda. (Entrando.) Atrévete a buscarlo ahora.
Martirio. (Entrando.) Se acabó Pepe el Romano.
Adela. ¡Pepe! ¡Dios mío! ¡Pepe! (Sale corriendo.)
Poncia. ¿Pero lo habéis matado?
Martirio. ¡No! ¡Salió corriendo en la jaca!
Bernarda. Fue culpa mía. Una mujer no sabe apuntar.
Magdalena. ¿Por qué lo has dicho entonces?
Martirio. ¡Por ella! ¡Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza!
Poncia. Maldita.
Magdalena. ¡Endemoniada!
Bernarda. Aunque es mejor así. (Se oye como un golpe.) ¡Adela! ¡Adela!
Poncia. (En la puerta.) ¡Abre!
Bernarda. Abre. No creas que los muros defienden de la vergüenza.
Criada. (Entrando.) ¡Se han levantado los vecinos!
Bernarda. (En voz baja como un rugido.) ¡Abre, porque echaré abajo la puerta! (Pausa. Todo queda en silencio.) ¡Adela! (Se retira de la puerta.) ¡Trae un martillo! (La Poncia da un empujón y entra. Al entrar da un grito y sale.) ¿Qué?
Poncia. (Se lleva las manos al cuello.) ¡Nunca tengamos ese fin!
(Las hermanas se echan hacia atrás. La Criada se santigua. Bernarda da un grito y avanza.)
Poncia. ¡No entres!
Bernarda. No. ¡Yo no! Pepe: tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.
Martirio. Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.
Bernarda. Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
Pregunta 2. Estamos ante el clímax final de la obra y Lorca acude a un gesto irrevocable, el suicidio, como salida ante la hostilidad e incomprensión del entorno. En los últimos años, el suicidio ha adquirido un peso muy importante en las políticas de salud y prevención. Sin embargo, todavía es considerado un tema tabú en muchos ámbitos (como proclama Bernarda Alba con su «ha muerto virgen»): ¿consideras que los jóvenes son especialmente vulnerables al suicidio? ¿Por qué? Razona la respuesta (2 puntos):
Relación de la obra con el tema (0.50 puntos).
Exposición y argumentación del alumno a partir del tema propuesto (1.25 puntos).
Conclusión y cierre textual (0.25 puntos).
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