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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Canarias 2022 · Junio (Ciencias)
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Canarias (PAU/EBAU) 2022, Junio (Ciencias): 4 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen · Producción de un texto argumentativo propio · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
Opción A - Pregunta 1 - Tipología textual · Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje
Instrucciones: Elija una opción
OPCIÓN A
La era del miedo
La sensación de haber entrado en tiempos distópicos no se había agotado con el coronavirus. Ahora observamos, horrorizados, que el destino nos tenía preparada otra sorpresa aún más siniestra. El 24 de febrero nos encontramos de repente ante una nueva pesadilla bélica en nuestras mismas puertas. «Se acabaron las vacaciones europeas de la historia» dijo el ministro austriaco de Exteriores, una frase que resume magníficamente el nuevo estado de ánimo. Abandonamos Venus para caer de nuevo bajo el signo de Marte. De Eros a Tánatos, del principio del placer sobre el que habíamos erigido nuestra vida común al inquietante pulsión de muerte. A las turbadoras predicciones sobre el cambio climático se unió enseguida la amenaza sanitaria para pasar sin solución de continuidad a un momento más aciago. De las mascarillas a los fusiles y las bombas. De un miedo a otro. Aunque el que ahora padecemos tiene un componente que lo aproxima al terror, el no saber en realidad a qué nos enfrentamos, cuáles son los últimos designios de Putin.
Lo que sí sabemos es cómo todo esto va a transformar nuestras vidas. Cuando pintan bastos y nos aprieta el miedo, como decía el viejo Hobbes, no hay ya espacio apenas para apostar por nada que no sea evitar el mal mayor. No hay summum bonum que valga, las cuestiones de seguridad, el control de daños, devienen casi en la única preocupación. Es el momento del retorno al «realismo», del abandono de las esperanzas utópicas. Esto se traduce ahora, por lo pronto, en una interrupción de los ambiciosos propósitos dirigidos a combatir el cambio climático. La prioridad pasa a estar en la defensa y en atajar la crisis energética. Además, como bien dice Janan Ganesh en el Financial Times, la hedonista Europa ya ha tomado nota de que no hay placer sin poder militar, estamos en camino de convertirnos en un híbrido entre la Toscana y Prusia. Se acabó el excepcionalismo europeo, la dolce vita a costa de gorronear del paraguas de defensa estadounidense.
A la vista del sufrimiento del pueblo ucraniano y del giro hacia el totalitarismo de Rusia es difícil pensar que podamos encontrar algo bueno en este retorno a los fantasmas de la historia. Y, sin embargo, precisamente por esta confrontación con el horror, podemos tomar conciencia de toda la banalidad del mundo en el que vivíamos, de la burbuja de frivolidad en la que estábamos inmersos —esa cultura de los influencers y celebrities y similares— mientras en buena parte del mundo, incluso en el nuestro, se seguía luchando por acceder a una vida mínimamente digna. Esto por un lado. Por otro, la importancia de frenar el deterioro de la democracia producido por esa profusión de «hombres fuertes», de los populismos y de las correlativas estrategias dirigidas a eliminar el control del poder. Hoy más que nunca en décadas, se hace imprescindible recurrir a las reflexiones de Judith Shklar cuando hablaba del «liberalismo del miedo», cuando, a partir de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX, advertía que lo más importante, por donde hay que empezar, es por la eliminación de la crueldad y el miedo. Sin eso no hay libertad que valga. Para ello hay que erigir el orden institucional jurídico y político adecuado que nos blinde frente a los excesos del Estado y de las necesidades más perentorias. En realidad, el que ahora está amenazado. Pero esto no será posible sin «institucionalizar la sospecha», sin contar con una ciudadanía activa, atenta a todo exceso de poder, venga de donde venga. Ojo a la máxima de Montaigne: lo que más debemos de temer es una sociedad de personas temerosas.
Fernando Vallespín. El País. 6/3/2022
Pregunta 1. Tipología textual y género periodístico al que pertenece. Explicación razonada y justificada de las funciones del lenguaje que predominan y los elementos comunicativos (0.25 puntos).
Opción A - Pregunta 1 - Comprensión · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen
Instrucciones: Elija una opción
OPCIÓN A
La era del miedo
La sensación de haber entrado en tiempos distópicos no se había agotado con el coronavirus. Ahora observamos, horrorizados, que el destino nos tenía preparada otra sorpresa aún más siniestra. El 24 de febrero nos encontramos de repente ante una nueva pesadilla bélica en nuestras mismas puertas. «Se acabaron las vacaciones europeas de la historia» dijo el ministro austriaco de Exteriores, una frase que resume magníficamente el nuevo estado de ánimo. Abandonamos Venus para caer de nuevo bajo el signo de Marte. De Eros a Tánatos, del principio del placer sobre el que habíamos erigido nuestra vida común al inquietante pulsión de muerte. A las turbadoras predicciones sobre el cambio climático se unió enseguida la amenaza sanitaria para pasar sin solución de continuidad a un momento más aciago. De las mascarillas a los fusiles y las bombas. De un miedo a otro. Aunque el que ahora padecemos tiene un componente que lo aproxima al terror, el no saber en realidad a qué nos enfrentamos, cuáles son los últimos designios de Putin.
Lo que sí sabemos es cómo todo esto va a transformar nuestras vidas. Cuando pintan bastos y nos aprieta el miedo, como decía el viejo Hobbes, no hay ya espacio apenas para apostar por nada que no sea evitar el mal mayor. No hay summum bonum que valga, las cuestiones de seguridad, el control de daños, devienen casi en la única preocupación. Es el momento del retorno al «realismo», del abandono de las esperanzas utópicas. Esto se traduce ahora, por lo pronto, en una interrupción de los ambiciosos propósitos dirigidos a combatir el cambio climático. La prioridad pasa a estar en la defensa y en atajar la crisis energética. Además, como bien dice Janan Ganesh en el Financial Times, la hedonista Europa ya ha tomado nota de que no hay placer sin poder militar, estamos en camino de convertirnos en un híbrido entre la Toscana y Prusia. Se acabó el excepcionalismo europeo, la dolce vita a costa de gorronear del paraguas de defensa estadounidense.
A la vista del sufrimiento del pueblo ucraniano y del giro hacia el totalitarismo de Rusia es difícil pensar que podamos encontrar algo bueno en este retorno a los fantasmas de la historia. Y, sin embargo, precisamente por esta confrontación con el horror, podemos tomar conciencia de toda la banalidad del mundo en el que vivíamos, de la burbuja de frivolidad en la que estábamos inmersos —esa cultura de los influencers y celebrities y similares— mientras en buena parte del mundo, incluso en el nuestro, se seguía luchando por acceder a una vida mínimamente digna. Esto por un lado. Por otro, la importancia de frenar el deterioro de la democracia producido por esa profusión de «hombres fuertes», de los populismos y de las correlativas estrategias dirigidas a eliminar el control del poder. Hoy más que nunca en décadas, se hace imprescindible recurrir a las reflexiones de Judith Shklar cuando hablaba del «liberalismo del miedo», cuando, a partir de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX, advertía que lo más importante, por donde hay que empezar, es por la eliminación de la crueldad y el miedo. Sin eso no hay libertad que valga. Para ello hay que erigir el orden institucional jurídico y político adecuado que nos blinde frente a los excesos del Estado y de las necesidades más perentorias. En realidad, el que ahora está amenazado. Pero esto no será posible sin «institucionalizar la sospecha», sin contar con una ciudadanía activa, atenta a todo exceso de poder, venga de donde venga. Ojo a la máxima de Montaigne: lo que más debemos de temer es una sociedad de personas temerosas.
Fernando Vallespín. El País. 6/3/2022
Pregunta 1. Comprensión del texto:
1.
2.
3.
Opción A - Pregunta 1 - Análisis lingüístico y co… · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna
Instrucciones: Elija una opción
OPCIÓN A
La era del miedo
La sensación de haber entrado en tiempos distópicos no se había agotado con el coronavirus. Ahora observamos, horrorizados, que el destino nos tenía preparada otra sorpresa aún más siniestra. El 24 de febrero nos encontramos de repente ante una nueva pesadilla bélica en nuestras mismas puertas. «Se acabaron las vacaciones europeas de la historia» dijo el ministro austriaco de Exteriores, una frase que resume magníficamente el nuevo estado de ánimo. Abandonamos Venus para caer de nuevo bajo el signo de Marte. De Eros a Tánatos, del principio del placer sobre el que habíamos erigido nuestra vida común al inquietante pulsión de muerte. A las turbadoras predicciones sobre el cambio climático se unió enseguida la amenaza sanitaria para pasar sin solución de continuidad a un momento más aciago. De las mascarillas a los fusiles y las bombas. De un miedo a otro. Aunque el que ahora padecemos tiene un componente que lo aproxima al terror, el no saber en realidad a qué nos enfrentamos, cuáles son los últimos designios de Putin.
Lo que sí sabemos es cómo todo esto va a transformar nuestras vidas. Cuando pintan bastos y nos aprieta el miedo, como decía el viejo Hobbes, no hay ya espacio apenas para apostar por nada que no sea evitar el mal mayor. No hay summum bonum que valga, las cuestiones de seguridad, el control de daños, devienen casi en la única preocupación. Es el momento del retorno al «realismo», del abandono de las esperanzas utópicas. Esto se traduce ahora, por lo pronto, en una interrupción de los ambiciosos propósitos dirigidos a combatir el cambio climático. La prioridad pasa a estar en la defensa y en atajar la crisis energética. Además, como bien dice Janan Ganesh en el Financial Times, la hedonista Europa ya ha tomado nota de que no hay placer sin poder militar, estamos en camino de convertirnos en un híbrido entre la Toscana y Prusia. Se acabó el excepcionalismo europeo, la dolce vita a costa de gorronear del paraguas de defensa estadounidense.
A la vista del sufrimiento del pueblo ucraniano y del giro hacia el totalitarismo de Rusia es difícil pensar que podamos encontrar algo bueno en este retorno a los fantasmas de la historia. Y, sin embargo, precisamente por esta confrontación con el horror, podemos tomar conciencia de toda la banalidad del mundo en el que vivíamos, de la burbuja de frivolidad en la que estábamos inmersos —esa cultura de los influencers y celebrities y similares— mientras en buena parte del mundo, incluso en el nuestro, se seguía luchando por acceder a una vida mínimamente digna. Esto por un lado. Por otro, la importancia de frenar el deterioro de la democracia producido por esa profusión de «hombres fuertes», de los populismos y de las correlativas estrategias dirigidas a eliminar el control del poder. Hoy más que nunca en décadas, se hace imprescindible recurrir a las reflexiones de Judith Shklar cuando hablaba del «liberalismo del miedo», cuando, a partir de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX, advertía que lo más importante, por donde hay que empezar, es por la eliminación de la crueldad y el miedo. Sin eso no hay libertad que valga. Para ello hay que erigir el orden institucional jurídico y político adecuado que nos blinde frente a los excesos del Estado y de las necesidades más perentorias. En realidad, el que ahora está amenazado. Pero esto no será posible sin «institucionalizar la sospecha», sin contar con una ciudadanía activa, atenta a todo exceso de poder, venga de donde venga. Ojo a la máxima de Montaigne: lo que más debemos de temer es una sociedad de personas temerosas.
Fernando Vallespín. El País. 6/3/2022
Pregunta 1. Análisis lingüístico y estilístico: mecanismos de coherencia y cohesión, rasgos morfosintácticos, léxico-semánticos y de estilo (1.25 puntos).
Opción A - Pregunta 2 · Producción de un texto argumentativo propio
Instrucciones: Elija una opción
OPCIÓN A
La era del miedo
La sensación de haber entrado en tiempos distópicos no se había agotado con el coronavirus. Ahora observamos, horrorizados, que el destino nos tenía preparada otra sorpresa aún más siniestra. El 24 de febrero nos encontramos de repente ante una nueva pesadilla bélica en nuestras mismas puertas. «Se acabaron las vacaciones europeas de la historia» dijo el ministro austriaco de Exteriores, una frase que resume magníficamente el nuevo estado de ánimo. Abandonamos Venus para caer de nuevo bajo el signo de Marte. De Eros a Tánatos, del principio del placer sobre el que habíamos erigido nuestra vida común al inquietante pulsión de muerte. A las turbadoras predicciones sobre el cambio climático se unió enseguida la amenaza sanitaria para pasar sin solución de continuidad a un momento más aciago. De las mascarillas a los fusiles y las bombas. De un miedo a otro. Aunque el que ahora padecemos tiene un componente que lo aproxima al terror, el no saber en realidad a qué nos enfrentamos, cuáles son los últimos designios de Putin.
Lo que sí sabemos es cómo todo esto va a transformar nuestras vidas. Cuando pintan bastos y nos aprieta el miedo, como decía el viejo Hobbes, no hay ya espacio apenas para apostar por nada que no sea evitar el mal mayor. No hay summum bonum que valga, las cuestiones de seguridad, el control de daños, devienen casi en la única preocupación. Es el momento del retorno al «realismo», del abandono de las esperanzas utópicas. Esto se traduce ahora, por lo pronto, en una interrupción de los ambiciosos propósitos dirigidos a combatir el cambio climático. La prioridad pasa a estar en la defensa y en atajar la crisis energética. Además, como bien dice Janan Ganesh en el Financial Times, la hedonista Europa ya ha tomado nota de que no hay placer sin poder militar, estamos en camino de convertirnos en un híbrido entre la Toscana y Prusia. Se acabó el excepcionalismo europeo, la dolce vita a costa de gorronear del paraguas de defensa estadounidense.
A la vista del sufrimiento del pueblo ucraniano y del giro hacia el totalitarismo de Rusia es difícil pensar que podamos encontrar algo bueno en este retorno a los fantasmas de la historia. Y, sin embargo, precisamente por esta confrontación con el horror, podemos tomar conciencia de toda la banalidad del mundo en el que vivíamos, de la burbuja de frivolidad en la que estábamos inmersos —esa cultura de los influencers y celebrities y similares— mientras en buena parte del mundo, incluso en el nuestro, se seguía luchando por acceder a una vida mínimamente digna. Esto por un lado. Por otro, la importancia de frenar el deterioro de la democracia producido por esa profusión de «hombres fuertes», de los populismos y de las correlativas estrategias dirigidas a eliminar el control del poder. Hoy más que nunca en décadas, se hace imprescindible recurrir a las reflexiones de Judith Shklar cuando hablaba del «liberalismo del miedo», cuando, a partir de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX, advertía que lo más importante, por donde hay que empezar, es por la eliminación de la crueldad y el miedo. Sin eso no hay libertad que valga. Para ello hay que erigir el orden institucional jurídico y político adecuado que nos blinde frente a los excesos del Estado y de las necesidades más perentorias. En realidad, el que ahora está amenazado. Pero esto no será posible sin «institucionalizar la sospecha», sin contar con una ciudadanía activa, atenta a todo exceso de poder, venga de donde venga. Ojo a la máxima de Montaigne: lo que más debemos de temer es una sociedad de personas temerosas.
Fernando Vallespín. El País. 6/3/2022
Pregunta 2. Posicionamiento crítico personal sobre las ideas defendidas por el autor (2 puntos):
- Posicionamiento ante la tesis del autor, argumentación propia y de carácter literario (1.5 puntos).
- Conclusión y cierre textual (0.5 puntos).
Opción B - Pregunta 1 · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
(Van desfilando todas por delante de Bernarda y saliendo.)
(Sale Angustias por otra puerta, la que da al patio.)
Mujer 4.ª El mismo lujo de tu casamiento lo sigas disfrutando.
Poncia. (Entrando con una bolsa.) De parte de los hombres esta bolsa de dineros para responsos.
Bernarda. Dales las gracias y échales una copa de aguardiente.
Muchacha. (A Magdalena.) Magdalena.
Bernarda. (A sus Hijas. A Magdalena, que inicia el llanto.) Chissssss. (Salen todas. Golpea con el bastón. A las que se han ido.) ¡Andar a vuestras cuevas a criticar todo lo que habéis visto! Ojalá tardéis muchos años en volver a pasar el arco de mi puerta.
Poncia. No tendrás queja ninguna. Ha venido todo el pueblo.
Bernarda. Sí; para llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas.
Amelia. ¡Madre, no hable usted así!
Bernarda. Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada.
Poncia. ¡Cómo han puesto la solería!
Bernarda. Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (La Poncia limpia el suelo.) Niña, dame un abanico.
Adela. Tome usted. (Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
Bernarda. (Arrojando el abanico al suelo.) ¿Es éste el abanico que se da a una viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
Martirio. Tome usted el mío.
Bernarda. ¿Y tú?
Martirio. Yo no tengo calor.
Bernarda. Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.
Magdalena. Lo mismo me da.
Adela. (Agria.) Si no quieres bordarlas, irán sin bordados. Así las tuyas lucirán más.
Magdalena. Ni las mías ni las vuestras. Sé que ya no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
Bernarda. Eso tiene ser mujer.
Magdalena. Malditas sean las mujeres.
Bernarda. Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.
(Sale Adela.)
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
Pregunta 1 [3 puntos]
Análisis y comentario del texto propuesto. Esta pregunta valorará los siguientes aspectos:
– Contextualización del autor y la obra en su época y movimiento (0.25 puntos).
– Contextualización de la obra en la producción del autor y relación del texto o fragmento seleccionado con dicha obra (0.25 puntos).
– Análisis de los personajes, espacio y tiempo (en el caso de los textos narrativos y dramáticos) y de los temas presentes en el fragmento o texto (1.25 puntos).
– Justificación del carácter literario del texto o fragmento (recursos estilísticos, simbología, género, relaciones con la tendencia o movimiento literario) (1.25 puntos).
Opción B - Pregunta 2 · Producción de un texto argumentativo propio
(Van desfilando todas por delante de Bernarda y saliendo.)
(Sale Angustias por otra puerta, la que da al patio.)
Mujer 4.ª El mismo lujo de tu casamiento lo sigas disfrutando.
Poncia. (Entrando con una bolsa.) De parte de los hombres esta bolsa de dineros para responsos.
Bernarda. Dales las gracias y échales una copa de aguardiente.
Muchacha. (A Magdalena.) Magdalena.
Bernarda. (A sus Hijas. A Magdalena, que inicia el llanto.) Chissssss. (Salen todas. Golpea con el bastón. A las que se han ido.) ¡Andar a vuestras cuevas a criticar todo lo que habéis visto! Ojalá tardéis muchos años en volver a pasar el arco de mi puerta.
Poncia. No tendrás queja ninguna. Ha venido todo el pueblo.
Bernarda. Sí; para llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas.
Amelia. ¡Madre, no hable usted así!
Bernarda. Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada.
Poncia. ¡Cómo han puesto la solería!
Bernarda. Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (La Poncia limpia el suelo.) Niña, dame un abanico.
Adela. Tome usted. (Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
Bernarda. (Arrojando el abanico al suelo.) ¿Es éste el abanico que se da a una viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
Martirio. Tome usted el mío.
Bernarda. ¿Y tú?
Martirio. Yo no tengo calor.
Bernarda. Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.
Magdalena. Lo mismo me da.
Adela. (Agria.) Si no quieres bordarlas, irán sin bordados. Así las tuyas lucirán más.
Magdalena. Ni las mías ni las vuestras. Sé que ya no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
Bernarda. Eso tiene ser mujer.
Magdalena. Malditas sean las mujeres.
Bernarda. Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.
(Sale Adela.)
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
Pregunta 2. En esta obra, la familia es presentada en su aspecto más represor: la transmisión de prejuicios atávicos de sangre y de clase, el peso de la hipocresía social y «el qué dirán», la falta de autonomía individual frente a la autoridad… Todo ello aparece bien reflejado en esta escena: ¿consideras que hoy en día sobreviven algunos de estos elementos represores? Razona la respuesta (2 puntos):
Relación de la obra con el tema (0.50 puntos).
Exposición y argumentación del alumno a partir del tema propuesto (1.25 puntos).
Conclusión y cierre textual (0.25 puntos).
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Practica un tema con ejercicios de los exámenes de todos los años, mezclados.
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