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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Canarias 2023 · Junio (Ciencias)

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Canarias (PAU/EBAU) 2023, Junio (Ciencias): 4 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen · Producción de un texto argumentativo propio · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos

Opción A - Pregunta 1 (Tipología textual y funcio… · Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje

OPCIÓN A

Víctimas puras

Cuando era adolescente, y vivía en una pequeña ciudad del interior de la Argentina, leía a menudo un poema de Alfonsina Storni: “Tú que el esqueleto / conservas intacto / no sé todavía / por cuáles milagros, / me pretendes blanca / (Dios te lo perdone), / me pretendes casta / (Dios te lo perdone), / ¡me pretendes alba!”. Se titula Tú me quieres blanca, y es la versión elegante de una frase grosera y popular: que te den. En esa ciudad pequeña, cualquier muchacha que cambiara de novio más o menos seguido era tildada de “ligera”. Ligera de cascos, decían. De ellos, de los novios, no se decía nada o, más bien, se decía que eran ganadores: qué campeón. Todo el asunto me irritaba ya a esa edad temprana, tanto como la frase “no sólo hay que ser honesta, sino parecerlo”. Por supuesto, no pensaba entonces en términos críticos acerca de la obligación que imponemos a las víctimas de ser puras. Pero, ante la noticia de que la chica de 23 años que acusó al futbolista Dani Alves de haberla violado en una discoteca, en Barcelona, renunció a su derecho de recibir una indemnización por lesiones y daños morales (dice que su objetivo es que se haga justicia y que el exjugador del Barça pague con la cárcel), el poema volvió, un tanto resignificado. A las víctimas las queremos castas, las queremos blancas, las queremos puras. Si no, no serán y, por tanto, no tendrán derechos. Por supuesto, hay que esperar lo que decida la justicia de los hombres. Mientras tanto, la denunciante se sintió obligada a mostrarse intachable. A ser blanca, a ser pura, a ser casta. Una sobreactuación necesaria —insisto, subrayo: necesaria; no es un ataque a ella sino lo contrario— para que nadie sospeche que miente con el fin de sacar rédito económico. Las cosas han cambiado desde Alfonsina Storni. Tendrían que cambiar más rápido. Nadie debería sentirse obligado a demostrar pureza moral para tener derecho a tener derecho.

Leila Guerriero. El País. 25/01/2023

Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto

Tipología textual y género periodístico al que pertenece. Explicación razonada y justificada de las funciones del lenguaje que predominan y los elementos comunicativos [0,25 puntos].

Opción A - Pregunta 1 (Comprensión: tema, resumen… · Comprensión del texto: tema, tesis, estructura y resumen

OPCIÓN A

Víctimas puras

Cuando era adolescente, y vivía en una pequeña ciudad del interior de la Argentina, leía a menudo un poema de Alfonsina Storni: “Tú que el esqueleto / conservas intacto / no sé todavía / por cuáles milagros, / me pretendes blanca / (Dios te lo perdone), / me pretendes casta / (Dios te lo perdone), / ¡me pretendes alba!”. Se titula Tú me quieres blanca, y es la versión elegante de una frase grosera y popular: que te den. En esa ciudad pequeña, cualquier muchacha que cambiara de novio más o menos seguido era tildada de “ligera”. Ligera de cascos, decían. De ellos, de los novios, no se decía nada o, más bien, se decía que eran ganadores: qué campeón. Todo el asunto me irritaba ya a esa edad temprana, tanto como la frase “no sólo hay que ser honesta, sino parecerlo”. Por supuesto, no pensaba entonces en términos críticos acerca de la obligación que imponemos a las víctimas de ser puras. Pero, ante la noticia de que la chica de 23 años que acusó al futbolista Dani Alves de haberla violado en una discoteca, en Barcelona, renunció a su derecho de recibir una indemnización por lesiones y daños morales (dice que su objetivo es que se haga justicia y que el exjugador del Barça pague con la cárcel), el poema volvió, un tanto resignificado. A las víctimas las queremos castas, las queremos blancas, las queremos puras. Si no, no serán y, por tanto, no tendrán derechos. Por supuesto, hay que esperar lo que decida la justicia de los hombres. Mientras tanto, la denunciante se sintió obligada a mostrarse intachable. A ser blanca, a ser pura, a ser casta. Una sobreactuación necesaria —insisto, subrayo: necesaria; no es un ataque a ella sino lo contrario— para que nadie sospeche que miente con el fin de sacar rédito económico. Las cosas han cambiado desde Alfonsina Storni. Tendrían que cambiar más rápido. Nadie debería sentirse obligado a demostrar pureza moral para tener derecho a tener derecho.

Leila Guerriero. El País. 25/01/2023

Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto

1.

2.

3.

4.

Opción A - Pregunta 1 (Análisis lingüístico y est… · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna

OPCIÓN A

Víctimas puras

Cuando era adolescente, y vivía en una pequeña ciudad del interior de la Argentina, leía a menudo un poema de Alfonsina Storni: “Tú que el esqueleto / conservas intacto / no sé todavía / por cuáles milagros, / me pretendes blanca / (Dios te lo perdone), / me pretendes casta / (Dios te lo perdone), / ¡me pretendes alba!”. Se titula Tú me quieres blanca, y es la versión elegante de una frase grosera y popular: que te den. En esa ciudad pequeña, cualquier muchacha que cambiara de novio más o menos seguido era tildada de “ligera”. Ligera de cascos, decían. De ellos, de los novios, no se decía nada o, más bien, se decía que eran ganadores: qué campeón. Todo el asunto me irritaba ya a esa edad temprana, tanto como la frase “no sólo hay que ser honesta, sino parecerlo”. Por supuesto, no pensaba entonces en términos críticos acerca de la obligación que imponemos a las víctimas de ser puras. Pero, ante la noticia de que la chica de 23 años que acusó al futbolista Dani Alves de haberla violado en una discoteca, en Barcelona, renunció a su derecho de recibir una indemnización por lesiones y daños morales (dice que su objetivo es que se haga justicia y que el exjugador del Barça pague con la cárcel), el poema volvió, un tanto resignificado. A las víctimas las queremos castas, las queremos blancas, las queremos puras. Si no, no serán y, por tanto, no tendrán derechos. Por supuesto, hay que esperar lo que decida la justicia de los hombres. Mientras tanto, la denunciante se sintió obligada a mostrarse intachable. A ser blanca, a ser pura, a ser casta. Una sobreactuación necesaria —insisto, subrayo: necesaria; no es un ataque a ella sino lo contrario— para que nadie sospeche que miente con el fin de sacar rédito económico. Las cosas han cambiado desde Alfonsina Storni. Tendrían que cambiar más rápido. Nadie debería sentirse obligado a demostrar pureza moral para tener derecho a tener derecho.

Leila Guerriero. El País. 25/01/2023

Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto

Análisis lingüístico y estilístico: mecanismos de coherencia y cohesión, rasgos morfosintácticos, léxico-semánticos y de estilo [1,25 puntos].

Opción A - Pregunta 2 · Producción de un texto argumentativo propio

OPCIÓN A

Víctimas puras

Cuando era adolescente, y vivía en una pequeña ciudad del interior de la Argentina, leía a menudo un poema de Alfonsina Storni: “Tú que el esqueleto / conservas intacto / no sé todavía / por cuáles milagros, / me pretendes blanca / (Dios te lo perdone), / me pretendes casta / (Dios te lo perdone), / ¡me pretendes alba!”. Se titula Tú me quieres blanca, y es la versión elegante de una frase grosera y popular: que te den. En esa ciudad pequeña, cualquier muchacha que cambiara de novio más o menos seguido era tildada de “ligera”. Ligera de cascos, decían. De ellos, de los novios, no se decía nada o, más bien, se decía que eran ganadores: qué campeón. Todo el asunto me irritaba ya a esa edad temprana, tanto como la frase “no sólo hay que ser honesta, sino parecerlo”. Por supuesto, no pensaba entonces en términos críticos acerca de la obligación que imponemos a las víctimas de ser puras. Pero, ante la noticia de que la chica de 23 años que acusó al futbolista Dani Alves de haberla violado en una discoteca, en Barcelona, renunció a su derecho de recibir una indemnización por lesiones y daños morales (dice que su objetivo es que se haga justicia y que el exjugador del Barça pague con la cárcel), el poema volvió, un tanto resignificado. A las víctimas las queremos castas, las queremos blancas, las queremos puras. Si no, no serán y, por tanto, no tendrán derechos. Por supuesto, hay que esperar lo que decida la justicia de los hombres. Mientras tanto, la denunciante se sintió obligada a mostrarse intachable. A ser blanca, a ser pura, a ser casta. Una sobreactuación necesaria —insisto, subrayo: necesaria; no es un ataque a ella sino lo contrario— para que nadie sospeche que miente con el fin de sacar rédito económico. Las cosas han cambiado desde Alfonsina Storni. Tendrían que cambiar más rápido. Nadie debería sentirse obligado a demostrar pureza moral para tener derecho a tener derecho.

Leila Guerriero. El País. 25/01/2023

Pregunta 2. Posicionamiento crítico personal sobre las ideas defendidas por el autor (2 puntos):

Redacta un texto expositivo-argumentativo que contenga:

Posicionamiento ante la tesis del autor, argumentación propia y de carácter literario (1,5 puntos).

Conclusión y cierre textual (0,5 puntos).

Nota: Es imprescindible incluir un argumento de carácter literario procedente de alguna obra estudiada o conocida.

Opción B - Pregunta 1 · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos

OPCIÓN B

Bernarda. Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!

Martirio. (Señalando a Adela.) ¡Estaba con él! ¡Mira esas enaguas llenas de paja de trigo!

Bernarda. ¡Ésa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia Adela.)

Adela. (Haciéndole frente.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!

(Sale Magdalena.)

Magdalena. ¡Adela!

(Salen Poncia y Angustias.)

Adela. Yo soy su mujer. (A Angustias.) Entérate tú y ve al corral a decírselo. Él dominará toda esta casa. Ahí fuera está, respirando como si fuera un león.

Angustias. ¡Dios mío!

Bernarda. ¡La escopeta! ¿Dónde está la escopeta? (Sale corriendo.)

(Aparece Amelia por el fondo, que mira aterrada con la cabeza sobre la pared. Sale detrás Martirio.)

Adela. ¡Nadie podrá conmigo! (Va a salir.)

Angustias. (Sujetándola.) De aquí no sales tú con tu cuerpo en triunfo, ¡ladrona!, ¡deshonra de nuestra casa!

Magdalena. ¡Déjala que se vaya donde no la veamos nunca más!

(Suena un disparo.)

Bernarda. (Entrando.) Atrévete a buscarlo ahora.

Martirio. (Entrando.) Se acabó Pepe el Romano.

Adela. ¡Pepe! ¡Dios mío! ¡Pepe! (Sale corriendo.)

Poncia. ¿Pero lo habéis matado?

Martirio. ¡No! ¡Salió corriendo en la jaca!

Bernarda. Fue culpa mía. Una mujer no sabe apuntar.

Magdalena. ¿Por qué lo has dicho entonces?

Martirio. ¡Por ella! ¡Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza!

Poncia. Maldita.

Magdalena. ¡Endemoniada!

Bernarda. Aunque es mejor así. (Se oye como un golpe.) ¡Adela! ¡Adela!

Poncia. (En la puerta.) ¡Abre!

Bernarda. Abre. No creas que los muros defienden de la vergüenza.

Criada. (Entrando.) ¡Se han levantado los vecinos!

Bernarda. (En voz baja como un rugido.) ¡Abre, porque echaré abajo la puerta! (Pausa. Todo queda en silencio.) ¡Adela! (Se retira de la puerta.) ¡Trae un martillo! (La Poncia da un empujón y entra. Al entrar da un grito y sale.) ¿Qué?

Poncia. (Se lleva las manos al cuello.) ¡Nunca tengamos ese fin!

(Las hermanas se echan hacia atrás. La Criada se santigua. Bernarda da un grito y avanza.)

Poncia. ¡No entres!

Bernarda. No. ¡Yo no! Pepe: tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.

Martirio. Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.

Bernarda. Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!

Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba

Pregunta 1. Análisis y comentario del texto propuesto. Esta pregunta valorará los siguientes aspectos (3 puntos):

Contextualización del autor y la obra en su época y movimiento (0.25 puntos).

Contextualización de la obra en la producción del autor y relación del texto o fragmento seleccionado con dicha obra (0.25 puntos).

Análisis de los personajes, espacio y tiempo (en el caso de los textos narrativos y dramáticos) y de los temas presentes en el fragmento o texto (en el caso de los poemas) (1.25 puntos).

Justificación del carácter literario del texto o fragmento (recursos estilísticos, simbología, género, relaciones con la tendencia o movimiento literario) (1.25 puntos).

Opción B - Pregunta 2 · Producción de un texto argumentativo propio

OPCIÓN B

Bernarda. Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!

Martirio. (Señalando a Adela.) ¡Estaba con él! ¡Mira esas enaguas llenas de paja de trigo!

Bernarda. ¡Ésa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia Adela.)

Adela. (Haciéndole frente.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!

(Sale Magdalena.)

Magdalena. ¡Adela!

(Salen Poncia y Angustias.)

Adela. Yo soy su mujer. (A Angustias.) Entérate tú y ve al corral a decírselo. Él dominará toda esta casa. Ahí fuera está, respirando como si fuera un león.

Angustias. ¡Dios mío!

Bernarda. ¡La escopeta! ¿Dónde está la escopeta? (Sale corriendo.)

(Aparece Amelia por el fondo, que mira aterrada con la cabeza sobre la pared. Sale detrás Martirio.)

Adela. ¡Nadie podrá conmigo! (Va a salir.)

Angustias. (Sujetándola.) De aquí no sales tú con tu cuerpo en triunfo, ¡ladrona!, ¡deshonra de nuestra casa!

Magdalena. ¡Déjala que se vaya donde no la veamos nunca más!

(Suena un disparo.)

Bernarda. (Entrando.) Atrévete a buscarlo ahora.

Martirio. (Entrando.) Se acabó Pepe el Romano.

Adela. ¡Pepe! ¡Dios mío! ¡Pepe! (Sale corriendo.)

Poncia. ¿Pero lo habéis matado?

Martirio. ¡No! ¡Salió corriendo en la jaca!

Bernarda. Fue culpa mía. Una mujer no sabe apuntar.

Magdalena. ¿Por qué lo has dicho entonces?

Martirio. ¡Por ella! ¡Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza!

Poncia. Maldita.

Magdalena. ¡Endemoniada!

Bernarda. Aunque es mejor así. (Se oye como un golpe.) ¡Adela! ¡Adela!

Poncia. (En la puerta.) ¡Abre!

Bernarda. Abre. No creas que los muros defienden de la vergüenza.

Criada. (Entrando.) ¡Se han levantado los vecinos!

Bernarda. (En voz baja como un rugido.) ¡Abre, porque echaré abajo la puerta! (Pausa. Todo queda en silencio.) ¡Adela! (Se retira de la puerta.) ¡Trae un martillo! (La Poncia da un empujón y entra. Al entrar da un grito y sale.) ¿Qué?

Poncia. (Se lleva las manos al cuello.) ¡Nunca tengamos ese fin!

(Las hermanas se echan hacia atrás. La Criada se santigua. Bernarda da un grito y avanza.)

Poncia. ¡No entres!

Bernarda. No. ¡Yo no! Pepe: tú irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.

Martirio. Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.

Bernarda. Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!

Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba

Pregunta 2.

En su última intervención en este fragmento, Lorca sintetiza dos de los factores de la opresión de la mayoría de las mujeres de su época: la sumisión ("silencio") y las expectativas de la mujer centradas en la reproducción y la honra sexual ("ha muerto virgen"). Actualmente, eso ha cambiado en muchos lugares del mundo debido en gran medida a los movimientos feministas y la educación en igualdad. Sin embargo, las agresiones sexuales a niñas y adolescentes protagonizadas por menores han sido noticia en los últimos meses: ¿consideras que está fallando la educación a la hora de concienciar al alumnado? (2 puntos):

Relación de la obra con el tema (0.50 puntos).

Exposición y argumentación del alumno a partir del tema propuesto (1.25 puntos).

Conclusión y cierre textual (0.25 puntos).

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