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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Madrid 2019 · Extraordinaria
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Madrid (PAU/EvAU) 2019, Extraordinaria (julio): 3 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Comentario de texto · Gramática · Semántica · Literatura
Opción A · Comentario de texto
OPCIÓN A
Como soy una mujer optimista, no me queda más remedio que defender el pensamiento negativo. Antítesis, dialéctica, una alegría no tan loca, basada en la destrucción sistemática de los vídeos de bebés supergraciosos y del oficio de coach —lo escribo en inglés porque el oficio lo merece—. La resiliencia, entendida como capacidad de adaptación al cambio traumático, es un mantra del pensamiento dominante. Si no eres resiliente, eres una loca, una cascarrabias, una tocapelotas. La habilidad para superar crisis afectivas —muerte, desamor— se traslada a la medicina, a la educación o el empleo, y convierte a cada individuo en alguien culpable: somos culpables de la crisis o de no haber luchado para vencer una enfermedad. De permanecer en el paro, porque se te nota en la cara que estás hasta los ovarios. Para explicar la resiliencia y su nube conceptual —flexibilidad, elasticidad, adaptabilidad, maleabilidad, disponibilidad para viajar, pluriempleo— se utiliza la metáfora de la forma del agua. Bruce Lee, actor-karateka, filósofo-publicista, muerto prematuro, sonríe: “Sé agua, amigo mío”. Porque el agua adopta la forma del cántaro que va a la fuente y no se rompe. Polimórfica e inalterable, llena cantimploras y botellas. Pero ¿qué pasa si la vasijita que contiene el agua resiliente es horrible? Si no me gusta la vasijita en la que vivo, el mandato de mi felicidad me obliga a romperla o a pegarle martillazos hasta que se adapte a mis necesidades. Sin embargo, se nos canta que la vasijita no se puede cambiar y, entonces, somos nosotras quienes debemos hacerlo. En esa imposibilidad de cambios estructurales se sitúa tal vez el olvido repentino de un impuesto a la banca. Ante lo inmutable, he de ser resiliente. Pero me resisto a la crisis como oportunidad y al adiestramiento de los corazones. Me quejo porque el cinturón me aprieta y porque miro más allá de mi cintura. Reivindico un impuesto a la banca y el fin del terrorismo energético. Y no. No voy a hacer más yoga. ( Marta Sanz, “Optimista” en EL PAÍS, 8/10/2018)
CUESTIONES
1.
Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:
2.
Redacte un resumen del contenido del texto. [1 punto]
3.
Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de mostrarse optimista ante las situaciones adversas. [1,5 puntos]
Opción A - 4 · Gramática
OPCIÓN A
Como soy una mujer optimista, no me queda más remedio que defender el pensamiento negativo. Antítesis, dialéctica, una alegría no tan loca, basada en la destrucción sistemática de los vídeos de bebés supergraciosos y del oficio de coach —lo escribo en inglés porque el oficio lo merece—. La resiliencia, entendida como capacidad de adaptación al cambio traumático, es un mantra del pensamiento dominante. Si no eres resiliente, eres una loca, una cascarrabias, una tocapelotas. La habilidad para superar crisis afectivas —muerte, desamor— se traslada a la medicina, a la educación o el empleo, y convierte a cada individuo en alguien culpable: somos culpables de la crisis o de no haber luchado para vencer una enfermedad. De permanecer en el paro, porque se te nota en la cara que estás hasta los ovarios. Para explicar la resiliencia y su nube conceptual —flexibilidad, elasticidad, adaptabilidad, maleabilidad, disponibilidad para viajar, pluriempleo— se utiliza la metáfora de la forma del agua. Bruce Lee, actor-karateka, filósofo-publicista, muerto prematuro, sonríe: “Sé agua, amigo mío”. Porque el agua adopta la forma del cántaro que va a la fuente y no se rompe. Polimórfica e inalterable, llena cantimploras y botellas. Pero ¿qué pasa si la vasijita que contiene el agua resiliente es horrible? Si no me gusta la vasijita en la que vivo, el mandato de mi felicidad me obliga a romperla o a pegarle martillazos hasta que se adapte a mis necesidades. Sin embargo, se nos canta que la vasijita no se puede cambiar y, entonces, somos nosotras quienes debemos hacerlo. En esa imposibilidad de cambios estructurales se sitúa tal vez el olvido repentino de un impuesto a la banca. Ante lo inmutable, he de ser resiliente. Pero me resisto a la crisis como oportunidad y al adiestramiento de los corazones. Me quejo porque el cinturón me aprieta y porque miro más allá de mi cintura. Reivindico un impuesto a la banca y el fin del terrorismo energético. Y no. No voy a hacer más yoga. ( Marta Sanz, “Optimista” en EL PAÍS, 8/10/2018)
4.a.
Analice sintácticamente: Si no eres resiliente, eres una loca y una cascarrabias. [1,5 puntos]
4.b.
Indique a qué categoría gramatical o clase de palabras pertenece martillazo, analice su estructura morfológica y señale a qué proceso de formación de palabras responde. [1 punto]
Opción A - 5 · Literatura
5.a.
La novela española de 1939 a 1974. Tendencias, autores y obras principales. [2 puntos]
5.b.
Comente los aspectos más relevantes de la obra española del siglo XX anterior a 1939 que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. [1 punto]
Opción B · Comentario de texto
OPCIÓN B
Corría 1861 cuando el protagonista de esta historia llegó a Jaca de la mano de su padre. Tenía diez años y era un niño travieso, díscolo, inquieto. Solo se tranquilizaba pintando. Quién sabe si en nuestros días lo hubieran calificado de hiperactivo. Su progenitor, médico de profesión, estaba harto de sus diabluras y decidió matricularlo en un colegio de los padres Escolapios que tenía fama de excelencia educativa en latín, al tiempo que lograban domar a los estudiantes más problemáticos. El padre animó al director del colegio a que fueran severos con su hijo y que le aplicaran sin contemplaciones los castigos que mereciera. El director del colegio se comprometió a hacerlo, e inmediatamente llamó al padre Jacinto. Antes de marcharse el padre también advirtió al director de que el niño no andaba bien de memoria y que le dejaran expresarse cuando le preguntaran la lección. “De concepto lo aprenderá todo; pero no le exijan ustedes las lecciones al pie de la letra”. En esto no le hicieron caso y los castigos y las humillaciones fueron continuas desde el primer día de clase. El niño se llevó mal con el latín, la filología y la gramática y peor con los padres Escolapios. Los castigos no eran efectivos y el padre Jacinto decidió un ayuno diario que el estómago del niño terminó también por asumir. Ante el fracaso de los frailes y asustados por el estado famélico con el que el niño regresó al pueblo en verano, sus padres decidieron que el siguiente curso el niño iría a un instituto de Huesca. Como castigo, el padre decidió que compaginaría sus estudios con un trabajo de aprendiz de barbero. El siguiente curso el niño no mejoró. Su padre lo volvió a castigar colocándolo de aprendiz de zapatero con un severo artesano que le hacía dormir en un desván lleno de ratas. Pasó un año entero hasta que le dio de nuevo la oportunidad de volver a los estudios. Con doce años el niño intentó cambiar de actitud y se aplicó en los estudios aun sin renunciar a sus viejas andanzas como el día en que se topó con una valla recién pintada y no pudo evitar hacer una caricatura de su profesor, con la mala suerte de que al maestro le gustaba pasear y se topó con el alumno y su obra. Finalmente, y a pesar de sus diabluras el niño se matriculó, con dos años de retraso respecto a sus compañeros de promoción, en la Facultad de Medicina de Zaragoza y en 1906 le concedieron el premio Nobel de Medicina. Se llamaba Santiago Ramón y Cajal.
(Antonio Arráez, “La historia del mal estudiante que llegó a Premio Nobel” en PÚBLICO, 16/09/2013)
CUESTIONES
1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:
a)
enuncie el tema del texto [0,5 puntos];
b)
detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes [1,25 puntos];
c)
indique qué tipo de texto es [0,25 puntos].
2. Redacte un resumen del contenido del texto. [1 punto]
3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que los estudios superiores se elijan solo para conseguir un trabajo bien remunerado. [1,5 puntos]
Opción B - 4.a · Gramática
OPCIÓN B
Corría 1861 cuando el protagonista de esta historia llegó a Jaca de la mano de su padre. Tenía diez años y era un niño travieso, díscolo, inquieto. Solo se tranquilizaba pintando. Quién sabe si en nuestros días lo hubieran calificado de hiperactivo. Su progenitor, médico de profesión, estaba harto de sus diabluras y decidió matricularlo en un colegio de los padres Escolapios que tenía fama de excelencia educativa en latín, al tiempo que lograban domar a los estudiantes más problemáticos. El padre animó al director del colegio a que fueran severos con su hijo y que le aplicaran sin contemplaciones los castigos que mereciera. El director del colegio se comprometió a hacerlo, e inmediatamente llamó al padre Jacinto. Antes de marcharse el padre también advirtió al director de que el niño no andaba bien de memoria y que le dejaran expresarse cuando le preguntaran la lección. “De concepto lo aprenderá todo; pero no le exijan ustedes las lecciones al pie de la letra”. En esto no le hicieron caso y los castigos y las humillaciones fueron continuas desde el primer día de clase. El niño se llevó mal con el latín, la filología y la gramática y peor con los padres Escolapios. Los castigos no eran efectivos y el padre Jacinto decidió un ayuno diario que el estómago del niño terminó también por asumir. Ante el fracaso de los frailes y asustados por el estado famélico con el que el niño regresó al pueblo en verano, sus padres decidieron que el siguiente curso el niño iría a un instituto de Huesca. Como castigo, el padre decidió que compaginaría sus estudios con un trabajo de aprendiz de barbero. El siguiente curso el niño no mejoró. Su padre lo volvió a castigar colocándolo de aprendiz de zapatero con un severo artesano que le hacía dormir en un desván lleno de ratas. Pasó un año entero hasta que le dio de nuevo la oportunidad de volver a los estudios. Con doce años el niño intentó cambiar de actitud y se aplicó en los estudios aun sin renunciar a sus viejas andanzas como el día en que se topó con una valla recién pintada y no pudo evitar hacer una caricatura de su profesor, con la mala suerte de que al maestro le gustaba pasear y se topó con el alumno y su obra. Finalmente, y a pesar de sus diabluras el niño se matriculó, con dos años de retraso respecto a sus compañeros de promoción, en la Facultad de Medicina de Zaragoza y en 1906 le concedieron el premio Nobel de Medicina. Se llamaba Santiago Ramón y Cajal.
(Antonio Arráez, “La historia del mal estudiante que llegó a Premio Nobel” en PÚBLICO, 16/09/2013)
4.a. Analice sintácticamente: Sus padres decidieron que el niño iría a un instituto de Huesca el curso siguiente. [1,5 puntos]
Opción B - 4.b · Semántica
OPCIÓN B
Corría 1861 cuando el protagonista de esta historia llegó a Jaca de la mano de su padre. Tenía diez años y era un niño travieso, díscolo, inquieto. Solo se tranquilizaba pintando. Quién sabe si en nuestros días lo hubieran calificado de hiperactivo. Su progenitor, médico de profesión, estaba harto de sus diabluras y decidió matricularlo en un colegio de los padres Escolapios que tenía fama de excelencia educativa en latín, al tiempo que lograban domar a los estudiantes más problemáticos. El padre animó al director del colegio a que fueran severos con su hijo y que le aplicaran sin contemplaciones los castigos que mereciera. El director del colegio se comprometió a hacerlo, e inmediatamente llamó al padre Jacinto. Antes de marcharse el padre también advirtió al director de que el niño no andaba bien de memoria y que le dejaran expresarse cuando le preguntaran la lección. “De concepto lo aprenderá todo; pero no le exijan ustedes las lecciones al pie de la letra”. En esto no le hicieron caso y los castigos y las humillaciones fueron continuas desde el primer día de clase. El niño se llevó mal con el latín, la filología y la gramática y peor con los padres Escolapios. Los castigos no eran efectivos y el padre Jacinto decidió un ayuno diario que el estómago del niño terminó también por asumir. Ante el fracaso de los frailes y asustados por el estado famélico con el que el niño regresó al pueblo en verano, sus padres decidieron que el siguiente curso el niño iría a un instituto de Huesca. Como castigo, el padre decidió que compaginaría sus estudios con un trabajo de aprendiz de barbero. El siguiente curso el niño no mejoró. Su padre lo volvió a castigar colocándolo de aprendiz de zapatero con un severo artesano que le hacía dormir en un desván lleno de ratas. Pasó un año entero hasta que le dio de nuevo la oportunidad de volver a los estudios. Con doce años el niño intentó cambiar de actitud y se aplicó en los estudios aun sin renunciar a sus viejas andanzas como el día en que se topó con una valla recién pintada y no pudo evitar hacer una caricatura de su profesor, con la mala suerte de que al maestro le gustaba pasear y se topó con el alumno y su obra. Finalmente, y a pesar de sus diabluras el niño se matriculó, con dos años de retraso respecto a sus compañeros de promoción, en la Facultad de Medicina de Zaragoza y en 1906 le concedieron el premio Nobel de Medicina. Se llamaba Santiago Ramón y Cajal.
(Antonio Arráez, “La historia del mal estudiante que llegó a Premio Nobel” en PÚBLICO, 16/09/2013)
4.b. Defina el concepto de sinonimia y proponga ejemplos de sinónimos de la palabra travieso. [1 punto]
Opción B - 5 · Literatura
5.a.
La poesía de la generación del 27. [2 puntos]
5.b.
Comente los aspectos más relevantes de la obra española posterior a 1974 que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. [1 punto]
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