Todos los exámenes de Selectividad 2019 de todas las comunidades

Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Madrid 2019 · Ordinaria

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Madrid (PAU/EvAU) 2019, Ordinaria (junio): 5 problemas con solución. Con corrección al momento.

Temas del examen: Comentario de texto · Gramática · Semántica · Literatura

Opción A - Cuestión 1 · Comentario de texto

OPCIÓN A

El término “cíborg” hizo su primera aparición en un artículo de Manfred Clynes y Nathan S. Kline publicado en 1960 en la revista Astronautics y titulado “Cíborgs y espacio”. La palabra es una contracción de la expresión inglesa “cybernetic organism”. La integración del humano con la máquina, que es en última instancia lo que constituye un cíborg, es un escenario más pragmático y conciliador que lo que hemos descrito hasta ahora. ¿Por qué luchar contra las máquinas u oponerse a su evolución en inteligencia si podemos formar parte de sus filas, y si ellas pueden también formar parte de las nuestras? El cíborg es un futuro preferible al de la guerra total contra las máquinas, al modo de Terminator. No hay parte del cuerpo humano, incluyendo su cerebro, que no sea en principio susceptible de mejora mediante prótesis de diverso tipo, algunas ya existentes y otras aún por inventar. Si todo ser humano ve que llega el momento, a lo largo de su vida, en que su cuerpo es solo una fuente de sufrimiento y limitaciones, ¿por qué no liberarse de él todo lo posible mediante la integración con la máquina? ¿Serían muchos los que renunciarían a ello si la alternativa es la decadencia, el sufrimiento y la muerte?

Se puede decir, de hecho, que los cíborgs ya existen. No solo porque haya entre nosotros personas que porten prótesis médicas “mecánicas”, como pueden ser las prótesis de rodilla, los marcapasos, o unas simples lentillas; o porque nuestra vida se haya vuelto casi impensable sin prótesis tecnológicas externas, como los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, o las tarjetas de crédito; sino porque disponemos en la actualidad de prótesis aún más inteligentes y/o complejas. Prótesis que implican una estrecha interacción entre el organismo y la máquina incorporada a nuestro cuerpo (a veces incluso directamente al sistema nervioso). A día de hoy este tipo de prótesis permite a personas que han perdido la vista recuperar algo de visión usando implantes retinales; permite también oír a los sordos profundos mediante implantes cocleares que estimulan el nervio auditivo; permite controlar algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson a pacientes con implantes cerebrales que estimulan zonas de su cerebro; y permite “oír” los colores (las diferentes longitudes de ondas electromagnéticas) a una persona que es ciega para el color. (Antonio Diéguez, Transhumanismo, 2017)

1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:

a)

Enuncie el tema del texto [0,5 puntos].

b)

Detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes [1,25 puntos].

c)

Indique qué tipo de texto es [0,25 puntos].

Opción A - Cuestión 2 · Comentario de texto

OPCIÓN A

El término “cíborg” hizo su primera aparición en un artículo de Manfred Clynes y Nathan S. Kline publicado en 1960 en la revista Astronautics y titulado “Cíborgs y espacio”. La palabra es una contracción de la expresión inglesa “cybernetic organism”. La integración del humano con la máquina, que es en última instancia lo que constituye un cíborg, es un escenario más pragmático y conciliador que lo que hemos descrito hasta ahora. ¿Por qué luchar contra las máquinas u oponerse a su evolución en inteligencia si podemos formar parte de sus filas, y si ellas pueden también formar parte de las nuestras? El cíborg es un futuro preferible al de la guerra total contra las máquinas, al modo de Terminator. No hay parte del cuerpo humano, incluyendo su cerebro, que no sea en principio susceptible de mejora mediante prótesis de diverso tipo, algunas ya existentes y otras aún por inventar. Si todo ser humano ve que llega el momento, a lo largo de su vida, en que su cuerpo es solo una fuente de sufrimiento y limitaciones, ¿por qué no liberarse de él todo lo posible mediante la integración con la máquina? ¿Serían muchos los que renunciarían a ello si la alternativa es la decadencia, el sufrimiento y la muerte?

Se puede decir, de hecho, que los cíborgs ya existen. No solo porque haya entre nosotros personas que porten prótesis médicas “mecánicas”, como pueden ser las prótesis de rodilla, los marcapasos, o unas simples lentillas; o porque nuestra vida se haya vuelto casi impensable sin prótesis tecnológicas externas, como los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, o las tarjetas de crédito; sino porque disponemos en la actualidad de prótesis aún más inteligentes y/o complejas. Prótesis que implican una estrecha interacción entre el organismo y la máquina incorporada a nuestro cuerpo (a veces incluso directamente al sistema nervioso). A día de hoy este tipo de prótesis permite a personas que han perdido la vista recuperar algo de visión usando implantes retinales; permite también oír a los sordos profundos mediante implantes cocleares que estimulan el nervio auditivo; permite controlar algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson a pacientes con implantes cerebrales que estimulan zonas de su cerebro; y permite “oír” los colores (las diferentes longitudes de ondas electromagnéticas) a una persona que es ciega para el color. (Antonio Diéguez, Transhumanismo, 2017)

2. Redacte un resumen del contenido del texto [1 punto].

Opción A - Cuestión 3 · Comentario de texto

OPCIÓN A

El término “cíborg” hizo su primera aparición en un artículo de Manfred Clynes y Nathan S. Kline publicado en 1960 en la revista Astronautics y titulado “Cíborgs y espacio”. La palabra es una contracción de la expresión inglesa “cybernetic organism”. La integración del humano con la máquina, que es en última instancia lo que constituye un cíborg, es un escenario más pragmático y conciliador que lo que hemos descrito hasta ahora. ¿Por qué luchar contra las máquinas u oponerse a su evolución en inteligencia si podemos formar parte de sus filas, y si ellas pueden también formar parte de las nuestras? El cíborg es un futuro preferible al de la guerra total contra las máquinas, al modo de Terminator. No hay parte del cuerpo humano, incluyendo su cerebro, que no sea en principio susceptible de mejora mediante prótesis de diverso tipo, algunas ya existentes y otras aún por inventar. Si todo ser humano ve que llega el momento, a lo largo de su vida, en que su cuerpo es solo una fuente de sufrimiento y limitaciones, ¿por qué no liberarse de él todo lo posible mediante la integración con la máquina? ¿Serían muchos los que renunciarían a ello si la alternativa es la decadencia, el sufrimiento y la muerte?

Se puede decir, de hecho, que los cíborgs ya existen. No solo porque haya entre nosotros personas que porten prótesis médicas “mecánicas”, como pueden ser las prótesis de rodilla, los marcapasos, o unas simples lentillas; o porque nuestra vida se haya vuelto casi impensable sin prótesis tecnológicas externas, como los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, o las tarjetas de crédito; sino porque disponemos en la actualidad de prótesis aún más inteligentes y/o complejas. Prótesis que implican una estrecha interacción entre el organismo y la máquina incorporada a nuestro cuerpo (a veces incluso directamente al sistema nervioso). A día de hoy este tipo de prótesis permite a personas que han perdido la vista recuperar algo de visión usando implantes retinales; permite también oír a los sordos profundos mediante implantes cocleares que estimulan el nervio auditivo; permite controlar algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson a pacientes con implantes cerebrales que estimulan zonas de su cerebro; y permite “oír” los colores (las diferentes longitudes de ondas electromagnéticas) a una persona que es ciega para el color. (Antonio Diéguez, Transhumanismo, 2017)

3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra del uso de las prótesis con fines estéticos [1,5 puntos].

Opción A - Cuestión 4 · Gramática

OPCIÓN A

El término “cíborg” hizo su primera aparición en un artículo de Manfred Clynes y Nathan S. Kline publicado en 1960 en la revista Astronautics y titulado “Cíborgs y espacio”. La palabra es una contracción de la expresión inglesa “cybernetic organism”. La integración del humano con la máquina, que es en última instancia lo que constituye un cíborg, es un escenario más pragmático y conciliador que lo que hemos descrito hasta ahora. ¿Por qué luchar contra las máquinas u oponerse a su evolución en inteligencia si podemos formar parte de sus filas, y si ellas pueden también formar parte de las nuestras? El cíborg es un futuro preferible al de la guerra total contra las máquinas, al modo de Terminator. No hay parte del cuerpo humano, incluyendo su cerebro, que no sea en principio susceptible de mejora mediante prótesis de diverso tipo, algunas ya existentes y otras aún por inventar. Si todo ser humano ve que llega el momento, a lo largo de su vida, en que su cuerpo es solo una fuente de sufrimiento y limitaciones, ¿por qué no liberarse de él todo lo posible mediante la integración con la máquina? ¿Serían muchos los que renunciarían a ello si la alternativa es la decadencia, el sufrimiento y la muerte?

Se puede decir, de hecho, que los cíborgs ya existen. No solo porque haya entre nosotros personas que porten prótesis médicas “mecánicas”, como pueden ser las prótesis de rodilla, los marcapasos, o unas simples lentillas; o porque nuestra vida se haya vuelto casi impensable sin prótesis tecnológicas externas, como los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, o las tarjetas de crédito; sino porque disponemos en la actualidad de prótesis aún más inteligentes y/o complejas. Prótesis que implican una estrecha interacción entre el organismo y la máquina incorporada a nuestro cuerpo (a veces incluso directamente al sistema nervioso). A día de hoy este tipo de prótesis permite a personas que han perdido la vista recuperar algo de visión usando implantes retinales; permite también oír a los sordos profundos mediante implantes cocleares que estimulan el nervio auditivo; permite controlar algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson a pacientes con implantes cerebrales que estimulan zonas de su cerebro; y permite “oír” los colores (las diferentes longitudes de ondas electromagnéticas) a una persona que es ciega para el color. (Antonio Diéguez, Transhumanismo, 2017)

4.a.

Analice sintácticamente: Este tipo de prótesis permite a personas que han perdido la vista recuperar visión. [1,5 puntos]

4.b.

Indique a qué categoría gramatical o clase de palabras pertenece marcapasos, analice su estructura morfológica y señale a qué proceso de formación de palabras responde. [1 punto]

Opción A - Cuestión 5 · Literatura

5.a.

El teatro de 1939 a finales del siglo XX. Tendencias, autores y obras principales. (2 puntos)

5.b.

Comente los aspectos más relevantes de la obra española del siglo XX anterior a 1939 que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. (1 punto)

Opción B - Cuestión 1 · Comentario de texto

OPCIÓN B

El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

(Cristina Manzano, “Abstinencia” en EL PAÍS, 5/10/18)

1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:

a)

Enuncie el tema del texto [0,5 puntos].

b)

Detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes [1,25 puntos].

c)

Indique qué tipo de texto es [0,25 puntos].

Opción B - Cuestión 2 · Comentario de texto

OPCIÓN B

El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

(Cristina Manzano, “Abstinencia” en EL PAÍS, 5/10/18)

2. Redacte un resumen del contenido del texto. [1 punto]

Opción B - Cuestión 3 · Comentario de texto

OPCIÓN B

El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

(Cristina Manzano, “Abstinencia” en EL PAÍS, 5/10/18)

3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra del uso de dispositivos móviles en los centros de enseñanza. [1,5 puntos]

Opción B - Cuestión 4.a · Gramática

OPCIÓN B

El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

(Cristina Manzano, “Abstinencia” en EL PAÍS, 5/10/18)

4.a. Analice sintácticamente: La conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se convierta en distracción. [1,5 puntos]

Opción B - Cuestión 4.b · Semántica

OPCIÓN B

El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

(Cristina Manzano, “Abstinencia” en EL PAÍS, 5/10/18)

4.b. Defina el concepto de sinonimia y ejemplifíquelo con la palabra notoriedad, que aparece en el texto en la expresión un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad por las redes. [1 punto]

Opción B - Cuestión 5 · Literatura

5.a.

La poesía de la generación del 27. [2 puntos]

5.b.

Comente los aspectos más relevantes de la obra española publicada entre 1940 y 1974 que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. [1 punto]

También puedes estudiar por temas

Practica un tema con ejercicios de los exámenes de todos los años, mezclados.

Ver los 4 temas

Los apuntes más completos

Todo el temario, tema a tema: explicado a fondo, con esquemas, ideas clave y un test para repasar al final de cada uno.

Otras convocatorias de 2019

Extraordinaria (2019) · Modelo (2019)