Todos los exámenes de Selectividad 2022 de todas las comunidades
Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Cantabria 2022 · Extraordinaria
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cantabria (PAU/EBAU) 2022, Extraordinaria (julio): 6 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Tema, estructura y resumen del texto · Significado contextual de palabras y expresiones · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos · Valoración personal del texto · Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas · Mecanismos léxico-semánticos de cohesión · La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca · Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez · Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender
Ejercicio 1 - a) · Tema, estructura y resumen del texto
Parte A. CUESTIONES COMENTARIO CRÍTICO DEL TEXTO
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
1. Elija UNA de las siguientes preguntas:
a)
[1 PUNTO] Resumen del texto.
Ejercicio 1 - b) · Tema, estructura y resumen del texto
Parte A. CUESTIONES COMENTARIO CRÍTICO DEL TEXTO
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
1. Elija UNA de las siguientes preguntas:
b)
[1 PUNTO] Esquema de las ideas del texto.
Ejercicio 1 - c) · Tema, estructura y resumen del texto
Parte A. CUESTIONES COMENTARIO CRÍTICO DEL TEXTO
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
1. Elija UNA de las siguientes preguntas:
c)
[1 PUNTO] Tema y estructura del texto.
Ejercicio 2 - a) · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos
Parte A. CUESTIONES COMENTARIO CRÍTICO DEL TEXTO
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
2. Elija UNA de las siguientes preguntas:
a)
[2 PUNTOS] Tipo de texto y modo de discurso. Justificación con elementos lingüísticos relevantes.
Ejercicio 2 - b) · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
[2 PUNTOS] 2. b) Actitud e intencionalidad de la autora. Justificación con elementos lingüísticos relevantes.
Problema 3 · Valoración personal del texto
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
[1 PUNTO] 3. Valoración personal del texto.
Problema 4 · Significado contextual de palabras y expresiones
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
[1,5 PUNTOS] 4. Explique, bien con una definición o bien con tres sinónimos, el significado contextual de las siguientes palabras y expresiones extraídas del texto:
a)
b)
c)
d)
e)
Problema 5 · Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
[1,5 PUNTOS] 5. En los siguientes extractos clasifique el tipo y la función de la subordinada marcada en negrita:
a)
Me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo.
b)
No recuerdo quién me tomó la foto.
c)
Todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licenciado en esa otra era.
d)
Me gustaba pasearme con ella por el mundo.
e)
En los cinco años que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta.
Problema 6 · Mecanismos léxico-semánticos de cohesión
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
6. [1,5 PUNTOS] (SEMIABIERTA) Identifique y localice en el texto un ejemplo de los siguientes mecanismos léxico-semánticos de cohesión:
a)
b)
c)
d)
e)
Problema 7 · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
7. [1,5 PUNTOS] (ABIERTA) Valor estilístico del verbo en el fragmento:
«Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.»
Problema 8 · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos
Portátil
Recibí mi primera máquina de escribir portátil como quien recibe un vale por un viaje de lujo con todos
los gastos pagados, sólo que era un vale que servía para mil viajes. Arrastré mi Olivetti Lettera 32 verde por
muchos lugares y países. En aquel momento se me antojó liviana; hoy, cuando la bajo del armario donde ha
estado almacenada tantos años, me parece increíble que la llevara a cuestas tanto tiempo, cruzando con ella
5 tantas fronteras, depositándola en las mesas de tantas habitaciones.
En el maletín que la contiene, encuentro una foto: salgo con pelo corto y expresión entre concentrada y
enfurruñada, escribiendo con ella en una habitación blanca, creo que era Menorca, pero no estoy segura; no
recuerdo quién me tomó la foto. Fue hace mucho tiempo. Otro siglo. Otra era. El sonido de la máquina de
escribir me gustaba. Y me gustaba escribir en ella y me gustaba pasearme con ella por el mundo. Ese olor
10 familiar de tinta y de típex. Y el papel de copia manchando las manos. Me costó desterrar mi máquina de
escribir, pero al final lo hice. Abracé la manzana y no miré atrás.
A veces echaba de menos los errores y el rigor que escribir a máquina requiere. Y, claro, no podías jugar
con los párrafos ni borrar ni hacer con limpieza y sencillez un trillón de cosas, ya sé, ya sé. Y ya sé que
escribir es escribir, sea con pluma, lápiz o dictándole a tu iPad. ¿Cómo escribíamos cuando no existía Inter-
15 net? ¿Cómo hablábamos de otras épocas, de otras épicas? ¿Cómo comprobábamos datos, nos inspirábamos,
sacábamos ideas? A veces, en plena búsqueda de efemérides olvidadas, me paro y pienso: en los cinco años
que pasé en la Universidad, nunca tuve esta herramienta, nunca. Sólo había jornadas interminables en biblio-
tecas, en hemerotecas. Codos. Muchos codos. Pero cada hallazgo, por pequeño que fuera, pasando las pági-
nas de periódicos antiguos encuadernados, era un triunfo, una luz que llevaba a otros hallazgos, a otros luga-
20 res. Uno leía entre líneas, sumaba hechos aparentemente distantes, sacaba conclusiones.
Probablemente, todos mis años de hemeroteca se verían reducidos a una nimiedad si yo me hubiera licen-
ciado en esa otra era, en el ahora que vivimos. No me arrepiento de haber perdido el tiempo en un mundo
sin digitalizar; al contrario, creo que me sirvió de mucho comprobar de primera mano el abismo entre los
discursos oficiales y las cosas que realmente pasaban. Me hizo descreída, me imprimió carácter, me hizo
25 poner en tela de juicio todos los lugares comunes de la historia.
Siempre me resulta hasta tierno ver cómo otras generaciones que tampoco crecieron con Internet, en el
transcurso de una conversación en la que se duda de la procedencia de un autor o el año en que se produjo
tal obra, se apresuran a buscar en sus teléfonos la respuesta correcta. Luego te acercan, ufanos, con gesto
triunfal, la pantalla a la cara para que tú veas lo que han encontrado, como si Wikipedia fuera el Oráculo de
30 Delfos. Y en esos momentos, precisamente en ellos, echo de menos mi máquina portátil en cuyas teclas vol-
qué muchos más datos e historias inventadas de las que puedo recordar.
Isabel Coixet, adaptado de ABC XL SEMANAL, 30/01/2022
8. [1,5 PUNTOS] (ABIERTA) Funciones del lenguaje más relevantes en el texto.
Ejercicio Parte C - Opción 1: Réquiem por un campesino espa… · Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender
Parte C. COMENTARIO LITERARIO [3 PUNTOS]
Elija UNO de los tres textos que se ofrecen y conteste a las dos preguntas enunciadas para el texto seleccionado:
Opción 1
La rondalla siguió con la energía con que suelen tocar los campesinos de manos rudas y corazón caliente. Cuando creyeron que habían tocado bastante, fueron entrando. Formaron grupo al lado opuesto de la cabecera del salón, y estuvieron bebiendo y charlando. Después pasaron todos al comedor.
En la presidencia se instalaron los novios, los padrinos, mosén Millán, el señor Cástulo y algunos otros labradores acomodados. El cura hablaba de la infancia de Paco y contaba sus diabluras, pero también su indignación contra los búhos que mataban por la noche a los gatos extraviados, y su deseo de obligar a todo el pueblo a visitar a los pobres de las cuevas y a ayudarles. Hablando de esto vio en los ojos de Paco una seriedad llena de dramáticas reservas, y entonces el cura cambió de tema, y recordó con benevolencia el incidente del revólver, y hasta sus aventuras en la plaza del agua.
No faltó en la comida la perdiz en adobo ni la trucha al horno, ni el capón relleno. Iban de mano en mano porrones, botas, botellas, con vinos de diferentes cosechas.
(Ramón J. Sender, Réquiem por un campesino español)
9.
[1,5 PUNTOS] Localización del fragmento en la estructura externa e interna de la obra.
10.
[1,5 PUNTOS] Técnica narrativa en el fragmento y relación con la técnica de la obra.
Ejercicio Parte C - Opción 2: La casa de Bernarda Alba · La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
Parte C. COMENTARIO LITERARIO [3 PUNTOS]
Elija UNO de los tres textos que se ofrecen y conteste a las dos preguntas enunciadas para el texto seleccionado:
Opción 2
BERNARDA. — (A la Criada) ¡Silencio!
CRIADA. — (Llorando) ¡Bernarda!
BERNARDA. — Menos gritos y más obras. Debías haber procurado que todo esto estuviera más limpio para recibir al duelo. Vete. No es éste tu lugar. ( La Criada se va sollozando) Los pobres son como los animales. Parece como si estuvieran hechos de otras sustancias.
MUJER 1. — Los pobres sienten también sus penas.
BERNARDA. — Pero las olvidan delante de un plato de garbanzos.
MUCHACHA 1. — (Con timidez) Comer es necesario para vivir.
BERNARDA. — A tu edad no se habla delante de las personas mayores.
MUJER 1. — Niña, cállate.
BERNARDA. — No he dejado que nadie me dé lecciones. Sentarse. ( Se sientan. Pausa) (Fuerte) Magdalena, no llores. Si quieres llorar te metes debajo de la cama. ¿Me has oído?
(Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba)
9.
[1,5 PUNTOS] Localización del fragmento en la estructura externa e interna de la obra.
10.
[1,5 PUNTOS] Técnica dramática en el fragmento y relación con la técnica de la obra.
Ejercicio Parte C - Opción 3: Crónica de una muerte anuncia… · Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez
Opción 3
Mi hermana volvió a casa mordiéndose por dentro para no llorar. Encontró a mi madre en el comedor, con un traje dominical de flores azules que se había puesto por si el obispo pasaba a saludarnos, y estaba cantando el fado del amor invisible mientras arreglaba la mesa. Mi hermana notó que había puesto más que de costumbre.
—Es para Santiago Nasar —le dijo mi madre—. Me dijeron que lo habías invitado a desayunar.
—Quítalo —dijo mi hermana.
Entonces le contó. «Pero fue como si ya lo supiera —me dijo—. Fue lo mismo de siempre, que uno empieza a contarle algo, y antes de que el cuento llegue a la mitad ya ella sabe cómo termina.» Aquella mala noticia era un nudo cifrado para mi madre. A Santiago Nasar le habían puesto ese nombre por el nombre de ella, y era además su madrina de bautismo, pero también tenía un parentesco de sangre con Pura Vicario, la madre de la novia devuelta. Sin embargo, no había acabado de escuchar la noticia cuando ya se había puesto los zapatos de tacones y la mantilla de iglesia que sólo usaba entonces para las visitas de pésame.
(Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada)
9.
[1,5 PUNTOS] Tema o temas del fragmento en relación con los temas de la obra.
10.
[1,5 PUNTOS] Análisis de los personajes de la obra presentes en el fragmento.
También puedes estudiar por temas
Practica un tema con ejercicios de los exámenes de todos los años, mezclados.
- Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos · 33 problemas · 80 % de que salga
- Tema, estructura y resumen del texto · 28 problemas · 80 % de que salga
- Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas · 24 problemas · 80 % de que salga
- Significado contextual de palabras y expresiones · 12 problemas · 80 % de que salga
- Mecanismos léxico-semánticos de cohesión · 10 problemas · 70 % de que salga
- La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca · 9 problemas · 60 % de que salga
Los apuntes más completos
Todo el temario, tema a tema: explicado a fondo, con esquemas, ideas clave y un test para repasar al final de cada uno.
- Lengua II EBAU Cantabria: comentario, sintaxis y 5 lecturas · 19 temas
Pregunta a pregunta: resumen, léxico, sintaxis, valoración y las lecturas de Machado, Lorca, Laforet, Sender y García Márquez, con esquemas y tests.