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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Cantabria 2021 · Extraordinaria

Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Cantabria (PAU/EBAU) 2021, Extraordinaria (julio): 6 problemas con solución. Gratis.

Temas del examen: Tema, estructura y resumen del texto · Significado contextual de palabras y expresiones · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos · Valoración personal del texto · Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas · Campos de Castilla, de Antonio Machado · Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez · Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

Ejercicio 1.a · Tema, estructura y resumen del texto

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

1. [1 PUNTO] Elija UNA de las siguientes preguntas:

a)

[1 PUNTO] Resumen del texto.

Ejercicio 1.b · Tema, estructura y resumen del texto

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

1. [1 PUNTO] Elija UNA de las siguientes preguntas:

b)

[1 PUNTO] Esquema de las ideas del texto.

Ejercicio 1.c · Tema, estructura y resumen del texto

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

1. [1 PUNTO] Elija UNA de las siguientes preguntas:

c)

[1 PUNTO] Tema y estructura del texto.

Ejercicio 2.a · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

2. [2 PUNTOS] Elija UNA de las siguientes preguntas:

a)

[2 PUNTOS] Tipo de texto y modo de discurso. Justificación con elementos lingüísticos relevantes.

Ejercicio 2.b · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

2. [2 PUNTOS] Elija UNA de las siguientes preguntas:

b)

[2 PUNTOS] Actitud e intencionalidad del autor. Justificación con elementos lingüísticos relevantes.

Problema 3 · Valoración personal del texto

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

[1 PUNTO] 3. Valoración personal del texto.

Problema 4 · Significado contextual de palabras y expresiones

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

4. [1,5 PUNTOS] (SEMIABIERTA) Explique, bien con una definición o bien con tres sinónimos, el significado contextual de las siguientes palabras y expresiones extraídas del texto: constructo (línea 3), carta de credibilidad (línea 3-4), estrella (línea 14), nefasto (línea 16), ultraprocesados (línea 21).

a)

b)

c)

d)

e)

Problema 5 · Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

5. [1,5 PUNTOS] (SEMIABIERTA) Señale la categoría del que y, si procede, su función en la subordinada que introduce, en las siguientes oraciones extraídas del texto:

a)

«Le dio carta de credibilidad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica para medir el valor energético.»

b)

«Nuestro plan es que dejes de mirarlas mal.»

c)

«Hoy sabemos sobre nutrición más que sabíamos en el siglo XIX.»

d)

«Son las mejores recomendaciones que se pueden dar sobre alimentación saludable.»

Problema 6 · Sintaxis: análisis de oraciones, subordinadas, el que y sintagmas

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

6. [1,5 PUNTOS] (SEMIABIERTA) Señale el tipo de sintagma (o grupo) marcado en negrita y la función que este realiza dentro de su oración:

a)

No he venido para hablar de las menudencias de las calorías.

b)

A las calorías hay que hacerles tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde.

c)

Son buenos ejemplos para resaltar la absurdez del nutricionismo.

d)

Un buen caso de lo segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”.

e)

Será fácil entender la tontuna de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Problema 7 · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

7. [1,5 PUNTOS] (ABIERTA) Valor estilístico del adjetivo en el siguiente fragmento:

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable pero son buenos ejemplos para resaltar la absurdez del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo segundo sería, por ejemplo, el cansino "sin aceite de palma").

Problema 8 · Actitud e intencionalidad del autor: rasgos lingüísticos y estilísticos

Las calorías son cosa del pasado

1 La publicidad refleja hasta qué punto nos hemos obsesionado con esto de las calorías.

Toma nota de este nombre: Wilbur Olin Atwater; este buen señor, agárrate a la silla, allá por el siglo XIX, no solamente edificó el constructo calórico de los alimentos, sino que también le dio carta de credibili- dad en el momento en que estableció que las calorías serían la unidad técnica con la que medir su valor ener- 5 gético (...)

Pero no hemos venido para hablar de las menudencias de las calorías, ni mucho menos: nuestro plan es que dejes de mirarlas mal. Más aún, la idea es que dejes de mirarlas; punto: ni bien, ni mal. Que pases cuatro pueblos de prestarles atención, vamos. La razón es que, en base a lo que hoy sabemos de nutrición –que, aunque no lo parezca, es bastante más que lo que sabíamos en el siglo XIX–, a las calorías hay que hacerles 10 tanto caso como a la primera rebanada del pan de molde (...)

Escoger salchichas de Frankfurt por su riqueza en fósforo, o bollos industriales por su riqueza en hierro resulta sin duda una terrible idea. Dos malas elecciones como patrón de alimentación saludable, pero son bue- nos ejemplos para resaltar la absurdidad del nutricionismo: poner en alza un alimento, por lo general malsano, en base a la presencia o ausencia de un nutriente estrella o estrellado, respectivamente (un buen caso de lo 15 segundo sería, por ejemplo, el cansino “sin aceite de palma”). Si has entendido este sencillo concepto, el de los productos “con lo que sea” y “sin lo que sea” presentes en ciertos comestibles de nefasto pronóstico nutri- cional, también te será muy fácil entender la tontura de usar las calorías como punto de palanca salutífero.

Pero, sin nutrientes ni calorías ¿en qué nos fijamos? Pues en los alimentos y ya, tal y como hacían nues- 20 tras abuelas. Es una de las tendencias respecto a las mejores recomendaciones que, a día de hoy, se pueden dar sobre alimentación saludable: aconsejar comer más de ciertos alimentos —frutas, verduras, legumbres y frutos secos—, lo menos posible de otros (ultraprocesados, carnes rojas y derivados cárnicos, alimentos con grandes cantidades de azúcar y sal) y poco más. Sin hacer ni repajolero caso al fósforo, las vitaminas o el afamado omega tres —por poner un ejemplo de nutricionismo— o si tiene muchas, pocas o un valor inter- medio de calorías. Sin hablar de calorías, ni de nutrientes; solo de alimentos.

Juan Revenga Frauca, adaptado de elcomidista.elpais.com, 16/03/2021

8. [1,5 PUNTOS] (ABIERTA) Funciones del lenguaje más relevantes en el texto.

Opción 1 - Antonio Machado · Campos de Castilla, de Antonio Machado

PARTE C. COMENTARIO LITERARIO [3 PUNTOS]

Elija UNO de los tres textos que se ofrecen y conteste a las dos preguntas enunciadas para el texto seleccionado:

Opción 1

Orillas del Duero (CII)

¡Primavera soriana, primavera

humilde, como el sueño de un bendito,

de un pobre caminante que durmiera

de cansancio en un páramo infinito!

¡Campillo amarillento,

como tosco sayal de campesina,

pradera de velludo polvoriento

donde pace la escuálida merina!

¡Aquellos diminutos pegujales

de tierra dura y fría,

donde apuntan centenos y trigales

que el pan moreno nos darán un día!

Y otra vez roca y roca, pedregales

desnudos y pelados serrijones,

la tierra de las águilas caudales,

malezas y jarales,

hierbas monteses, zarzas y cambrones.

¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!

¡Castilla, tus decrépitas ciudades!

¡La agria melancolía

que puebla tus sombrías soledades! (...)

(Antonio Machado, Campos de Castilla)

9.

[1,5 PUNTOS] Tema o temas del poema en relación con los temas de la obra.

10.

[1,5 PUNTOS] Estilo y lenguaje del poema en relación a la obra a la que pertenece.

Opción 2 - Gabriel García Márquez · Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez

Opción 2

Nadie hubiera pensado, ni lo dijo nadie, que Ángela Vicario no fuera virgen. No se le había conocido ningún novio anterior y había crecido junto con sus hermanas bajo el rigor de una madre de hierro. Aun cuando le faltaban menos de dos meses para casarse, Pura Vicario no permitió que fuera sola con Bayardo San Román a conocer la casa en que iban a vivir, sino que ella y el padre ciego la acompañaron para custodiarle la honra. «Lo único que le rogaba a Dios es que me diera valor para matarme -me dijo Ángela Vicario-. Pero no me lo dio». Tan aturdida estaba que había resuelto contarle la verdad a su madre para librarse de aquel martirio, cuando sus dos únicas confidentes, que la ayudaban a hacer flores de trapo junto a la ventana, la disuadieron de su buena intención. «Les obedecí a ciegas -me dijo- porque me habían hecho creer que eran expertas en chanchullos de hombres». Le aseguraron que casi todas las mujeres perdían la virginidad en accidentes de la infancia. Le insistieron en que aun los maridos más difíciles se resignaban a cualquier cosa siempre que nadie lo supiera. La convencieron, en fin, de que los hombres llegaban tan asustados a la noche de bodas, que eran incapaces de hacer nada sin la ayuda de la mujer, y a la hora de la verdad no podían responder de sus propios actos. «Lo único que creen es lo que vean en la sábana», le dijeron.

(Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada)

9.

[1,5 PUNTOS] Tema o temas del fragmento en relación con los temas de la obra.

10.

[1,5 PUNTOS] Análisis de los personajes de la obra presentes en el fragmento.

Opción 3 - Ramón J. Sender · Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

Opción 3

Mosén Millán recordaba. En los últimos tiempos la fe religiosa de don Valeriano se había debilitado bastante. Solía decir que un Dios que permitía lo que estaba pasando, no merecía tantos miramientos. El cura le oía fatigado. Don Valeriano había regalado años atrás una verja de hierro de forja para la capilla del Cristo, y el duque había pagado los gastos de reparación de la bóveda del templo dos veces. Mosén Millán no conocía el vicio de la ingratitud.

En el carasol se decía que con el arriendo de pastos, cuyo dinero iba al municipio, se hacían planes para mejorar la vida de la aldea. Bendecían a Paco el del Molino, y el elogio más frecuente entre aquellas viejecillas del carasol era decir que los tenía bien puestos.

En el pueblo de al lado estaban canalizando el agua potable y llevándola hasta la plaza. Paco el del Molino tenía otro plan –su pueblo no necesitaba ya aquella mejora–, y pensaba en las cuevas, a cuyos habitantes imaginaba siempre agonizando entre estertores, sin luz, ni fuego, ni agua. Ni siquiera aire que respirar.

(Ramón J. Sender, Réquiem por un campesino español)

9.

[1,5 PUNTOS] Tema o temas del fragmento en relación con los temas de la obra.

10.

[1,5 PUNTOS] Análisis de los personajes de la obra presentes en el fragmento.

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