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Examen de Artes Escénicas PAU La Rioja 2022 · Extraordinaria
Examen de Artes Escénicas de Selectividad de La Rioja (PAU/EBAU) 2022, Extraordinaria (julio): 5 problemas con solución. Con corrección al momento.
Temas del examen: Tipologías escénicas y códigos de significación · Terminología del espacio escénico y de los recursos técnicos · Teorías de la interpretación · Profesionales, equipos y fases del espectáculo · Contexto, argumento, personajes y conflicto de una obra · Recursos interpretativos y expresivos de un montaje
Ejercicio 1.1 · Tipologías escénicas y códigos de significación
1. Responde a una de las dos preguntas que se plantean a continuación: (2,5 puntos)
1.1. Atendiendo a su tipología, explica y justifica qué códigos de significación escénica (verbal, paralingüístico, kinésico, etc.) predominan en el circo.
Ejercicio 1.2 · Tipologías escénicas y códigos de significación
1. Responde a una de las dos preguntas que se plantean a continuación: (2,5 puntos)
1.2. Define el happening y el teatro-danza y explica las diferencias que existen entre estas dos tipologías escénicas según los códigos de significación escénica que predominan en cada una de ellas.
Problema 2 · Terminología del espacio escénico y de los recursos técnicos
2. Responde a tres de las cinco preguntas que se te dan a continuación, eligiendo la opción correcta entre las que se ofrecen. (1,5 puntos)
Marca exactamente 3 preguntas para responder. Cada respuesta correcta suma 0,5 puntos.
2.1.
El telar es:
2.2.
El ciclorama es:
2.3.
La teatralidad es:
2.4.
El aparte es:
2.5.
El foro es:
Problema 3 · Teorías de la interpretación
3. Elige a dos de los cinco teóricos o teorías de la interpretación que se te dan a continuación y explica brevemente los planteamientos que defienden: (1,5 puntos)
3.1. André Antoine.
3.2. Vsévolod Meyerhold.
3.3. Jerzy Grotowski.
3.4. Actor's Studio.
3.5. Peter Brook.
Primer teórico/teoría elegido:
Segundo teórico/teoría elegido:
Problema 4 · Profesionales, equipos y fases del espectáculo
4. Explica brevemente qué trabajo realizan tres de los siguientes profesionales:
(1,5 puntos)
4.1.
4.2.
4.3.
4.4.
4.5.
Ejercicio 5 - Fragmento 1 · Contexto, argumento, personajes y conflicto de una obra
Fragmento de Antígona, de Sófocles
(Aparece Creonte con su servidumbre, trayendo en hombros el cadáver de Hemón).
Coro
El rey Creonte se presenta... Trae en brazos un monumento, que habla muy alto... Tan tremenda desgracia, ¡ay!, justo es reconocerlo, no ha sido obra de extraños, no: él solo ha sido el culpable.
Creonte
¡Oh, fatal error, cruel irreparable error de mis sentidos perturbados! ¡Ah! Vosotros, los que contempláis a los miembros de una misma familia, los unos dando la muerte; cadáveres, los otros... ¡Infaustos consejos míos! ¡Hijo de mi corazón! Has muerto en la flor de tu juventud... Y yo, tu padre... ¡Ay! ¡Ay! Yo mismo he sido quien con su temeridad te ha asesinado.
Coro
¡Ah! Muy tarde reconoces la justicia de los dioses.
Creonte
¡Mísero de mí! Tarde, sí la he reconocido. Alguna deidad, irritada contra mí, trastornó mi juicio y me precipitó en la senda de la crueldad; y con pie despiadado, ¡ay de mí!, ha derrumbado toda mi felicidad... ¡Ay! ¡Ay! Vanidad de los proyectos humanos...
Mensajero
¡Señor! Gran cúmulo de males caen sobre ti: tienes ante tus ojos este espectáculo doloroso, y te esperan además otras desgracias en tu palacio.
Creonte
¿Qué mayores desgracias puedo esperar aún que las que estoy sufriendo?
Mensajero
Tu esposa, la madre de ese hijo que lloras, ha muerto, ¡infortunada! Herida mortalmente, acaba de espirar.
Creonte
¡Inexorable Plutón! ¿Por qué, por qué te obstinas en consumar mi perdición? Y tú, mensajero fatídico de dolores, ¿qué es lo que has venido a contarme? Has venido, ¡oh, dioses!, a concluir con mi vida... ¿Qué es lo que has dicho? ¿Qué fatal nueva me has traído? ¡Cielos! No era bastante con mi hijo, y la muerte sangrienta me arrebata también a mi querida esposa.
(Se descubre el interior de palacio y se pone de manifiesto el cadáver de la reina).
Coro
Puedes verla... y no allá en lo reservado de tu palacio.
Creonte
(Contemplando el cadáver de Eurídice, y todavía con el de Hemón en sus brazos)
¡Desgraciado de mí! Veo con mis ojos mi última desdicha. ¿Qué nuevo infortunio puedo ya esperar? Tengo en mis brazos el cuerpo de mi hijo, y enfrente el cadáver de esa infeliz... ¡Oh, esposa desgraciada! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío...!
Mensajero
Esa... herida mortalmente y, después de girar moribunda en torno del ara sagrada, cerró por último los ojos a la luz, habiendo llorado primero la muerte gloriosa de su hijo Megareo, difunto antes que este; luego, la de este, lanzando, por último, su maldición sobre ti, por considerarte el asesino de su hijo.
Creonte
¡Cielos! ¡Dioses! ¡Mis sentidos se hielan de horror! ¿Por qué no me hundís una espada en el corazón? ¡Mísero de mí! La terrible fatalidad me acosa por todos lados...
Mensajero
Sí. Al morir te hacía a ti el culpable de su muerte y de la de su hijo.
Creonte
¿Pero cómo ha ocurrido su muerte?
Mensajero
Clavándose una espada en el costado, tan pronto como supo el deplorable fin de su hijo.
Creonte
¡Ay de mí! Yo he sido la causa de tantos males. ¡Yo he sido, yo, el que te he dado la muerte... yo solo! Es verdad... ¡Siervos míos! Sacadme al punto de aquí. Llevadme lejos, lejos de estos lugares. ¡Yo ya dejé de ser...!
Coro
Eso que has resuelto está bien, si es que puede haber algún bien en el mal. Las penas que se abrevian se hacen más soportables.
Creonte
¡Que venga! ¡Que venga! ¡Que se presente mi muerte! Venga, ¡y será mi día más feliz el último día de mi vida! ¡Que venga...! ¡Que no vea yo más la luz!
Mensajero
Eso ya sucederá. De lo presente es de lo que debemos ocuparnos; de lo porvenir ya se cuidarán aquellos a quienes incumbe.
Creonte
Es que lo deseo... Lo pido suplicante.
Mensajero
Déjate ahora de súplicas. De los mortales ninguno hay que pueda librarse de los infortunios que le manda el destino.
Creonte
Sacad, os ruego, de estos lugares a este desventurado, que a su pesar ha causado tu muerte, hijo mío, y la tuya también, cara esposa... ¿Adónde, adónde dirigir mis miradas, desdichado de mí? ¿Adónde encaminar mis pasos? No veo delante de mis ojos sino ruina y desolación; de tal manera el hado inexorable se ha desencadenado contra mí.
Coro
La prudencia es una primera fuente de ventura; pero es preciso, además, no ser irreligioso y reverenciar a la divinidad. Los discursos presuntuosos de los hombres altivos les originan terribles infortunios, que enseñan, aunque tarde, a apreciar la sabiduría.
5. Comenta uno de los dos fragmentos que se ofrecen a continuación atendiendo a los aspectos que se señalan en cada caso: (3 puntos)
Fragmento 1
5.1. Comenta el siguiente fragmento dramático de Tartufo, de Molière, atendiendo a los siguientes aspectos:
a. Contextualiza esta escena dentro de la obra: debes explicar la línea argumental, es decir la sucesión de los acontecimientos y el desarrollo de la acción en relación con esta escena.
b. A la vista de esta escena, ¿qué mensaje crees que quiere transmitir el autor en esta obra? ¿Qué valores está resaltando el dramaturgo? Argumenta tu respuesta teniendo en cuenta el conflicto principal y la época en que se escribió.
c. Comenta la recepción de la comedia: según el tipo de espectáculo, el género, los aspectos narrativos, dramáticos y expresivos del montaje, ¿puede conectar con el público actual? ¿A qué tipo de público puede interesar? ¿Cómo podría motivarse a otro tipo de público para que apreciara la obra? Argumenta tu respuesta.
Ejercicio 5 - Fragmento 2: Planteamiento dramático · Contexto, argumento, personajes y conflicto de una obra
Fragmento de Antígona, de Sófocles
(Aparece Creonte con su servidumbre, trayendo en hombros el cadáver de Hemón).
Coro
El rey Creonte se presenta... Trae en brazos un monumento, que habla muy alto... Tan tremenda desgracia, ¡ay!, justo es reconocerlo, no ha sido obra de extraños, no: él solo ha sido el culpable.
Creonte
¡Oh, fatal error, cruel irreparable error de mis sentidos perturbados! ¡Ah! Vosotros, los que contempláis a los miembros de una misma familia, los unos dando la muerte; cadáveres, los otros... ¡Infaustos consejos míos! ¡Hijo de mi corazón! Has muerto en la flor de tu juventud... Y yo, tu padre... ¡Ay! ¡Ay! Yo mismo he sido quien con su temeridad te ha asesinado.
Coro
¡Ah! Muy tarde reconoces la justicia de los dioses.
Creonte
¡Mísero de mí! Tarde, sí la he reconocido. Alguna deidad, irritada contra mí, trastornó mi juicio y me precipitó en la senda de la crueldad; y con pie despiadado, ¡ay de mí!, ha derrumbado toda mi felicidad... ¡Ay! ¡Ay! Vanidad de los proyectos humanos...
Mensajero
¡Señor! Gran cúmulo de males caen sobre ti: tienes ante tus ojos este espectáculo doloroso, y te esperan además otras desgracias en tu palacio.
Creonte
¿Qué mayores desgracias puedo esperar aún que las que estoy sufriendo?
Mensajero
Tu esposa, la madre de ese hijo que lloras, ha muerto, ¡infortunada! Herida mortalmente, acaba de espirar.
Creonte
¡Inexorable Plutón! ¿Por qué, por qué te obstinas en consumar mi perdición? Y tú, mensajero fatídico de dolores, ¿qué es lo que has venido a contarme? Has venido, ¡oh, dioses!, a concluir con mi vida... ¿Qué es lo que has dicho? ¿Qué fatal nueva me has traído? ¡Cielos! No era bastante con mi hijo, y la muerte sangrienta me arrebata también a mi querida esposa.
(Se descubre el interior de palacio y se pone de manifiesto el cadáver de la reina).
Coro
Puedes verla... y no allá en lo reservado de tu palacio.
Creonte
(Contemplando el cadáver de Eurídice, y todavía con el de Hemón en sus brazos)
¡Desgraciado de mí! Veo con mis ojos mi última desdicha. ¿Qué nuevo infortunio puedo ya esperar? Tengo en mis brazos el cuerpo de mi hijo, y enfrente el cadáver de esa infeliz... ¡Oh, esposa desgraciada! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío...!
Mensajero
Esa... herida mortalmente y, después de girar moribunda en torno del ara sagrada, cerró por último los ojos a la luz, habiendo llorado primero la muerte gloriosa de su hijo Megareo, difunto antes que este; luego, la de este, lanzando, por último, su maldición sobre ti, por considerarte el asesino de su hijo.
Creonte
¡Cielos! ¡Dioses! ¡Mis sentidos se hielan de horror! ¿Por qué no me hundís una espada en el corazón? ¡Mísero de mí! La terrible fatalidad me acosa por todos lados...
Mensajero
Sí. Al morir te hacía a ti el culpable de su muerte y de la de su hijo.
Creonte
¿Pero cómo ha ocurrido su muerte?
Mensajero
Clavándose una espada en el costado, tan pronto como supo el deplorable fin de su hijo.
Creonte
¡Ay de mí! Yo he sido la causa de tantos males. ¡Yo he sido, yo, el que te he dado la muerte... yo solo! Es verdad... ¡Siervos míos! Sacadme al punto de aquí. Llevadme lejos, lejos de estos lugares. ¡Yo ya dejé de ser...!
Coro
Eso que has resuelto está bien, si es que puede haber algún bien en el mal. Las penas que se abrevian se hacen más soportables.
Creonte
¡Que venga! ¡Que venga! ¡Que se presente mi muerte! Venga, ¡y será mi día más feliz el último día de mi vida! ¡Que venga...! ¡Que no vea yo más la luz!
Mensajero
Eso ya sucederá. De lo presente es de lo que debemos ocuparnos; de lo porvenir ya se cuidarán aquellos a quienes incumbe.
Creonte
Es que lo deseo... Lo pido suplicante.
Mensajero
Déjate ahora de súplicas. De los mortales ninguno hay que pueda librarse de los infortunios que le manda el destino.
Creonte
Sacad, os ruego, de estos lugares a este desventurado, que a su pesar ha causado tu muerte, hijo mío, y la tuya también, cara esposa... ¿Adónde, adónde dirigir mis miradas, desdichado de mí? ¿Adónde encaminar mis pasos? No veo delante de mis ojos sino ruina y desolación; de tal manera el hado inexorable se ha desencadenado contra mí.
Coro
La prudencia es una primera fuente de ventura; pero es preciso, además, no ser irreligioso y reverenciar a la divinidad. Los discursos presuntuosos de los hombres altivos les originan terribles infortunios, que enseñan, aunque tarde, a apreciar la sabiduría.
Pregunta 5.2 (Apartados a y b)
a)
Contextualiza la escena que puedes leer a continuación dentro de la obra. ¿Qué quiere transmitir el autor en ella? ¿Tiene una finalidad didáctica, crítica, lúdica, de lucimiento de los actores o alguna otra? Argumenta tu respuesta.
b)
¿Quiénes son los personajes que aparecen en el texto? ¿Qué conflicto existe entre ellos? Argumenta tu respuesta.
Ejercicio 5 - Fragmento 2: Recursos escénicos · Recursos interpretativos y expresivos de un montaje
Fragmento de Antígona, de Sófocles
(Aparece Creonte con su servidumbre, trayendo en hombros el cadáver de Hemón).
Coro
El rey Creonte se presenta... Trae en brazos un monumento, que habla muy alto... Tan tremenda desgracia, ¡ay!, justo es reconocerlo, no ha sido obra de extraños, no: él solo ha sido el culpable.
Creonte
¡Oh, fatal error, cruel irreparable error de mis sentidos perturbados! ¡Ah! Vosotros, los que contempláis a los miembros de una misma familia, los unos dando la muerte; cadáveres, los otros... ¡Infaustos consejos míos! ¡Hijo de mi corazón! Has muerto en la flor de tu juventud... Y yo, tu padre... ¡Ay! ¡Ay! Yo mismo he sido quien con su temeridad te ha asesinado.
Coro
¡Ah! Muy tarde reconoces la justicia de los dioses.
Creonte
¡Mísero de mí! Tarde, sí la he reconocido. Alguna deidad, irritada contra mí, trastornó mi juicio y me precipitó en la senda de la crueldad; y con pie despiadado, ¡ay de mí!, ha derrumbado toda mi felicidad... ¡Ay! ¡Ay! Vanidad de los proyectos humanos...
Mensajero
¡Señor! Gran cúmulo de males caen sobre ti: tienes ante tus ojos este espectáculo doloroso, y te esperan además otras desgracias en tu palacio.
Creonte
¿Qué mayores desgracias puedo esperar aún que las que estoy sufriendo?
Mensajero
Tu esposa, la madre de ese hijo que lloras, ha muerto, ¡infortunada! Herida mortalmente, acaba de espirar.
Creonte
¡Inexorable Plutón! ¿Por qué, por qué te obstinas en consumar mi perdición? Y tú, mensajero fatídico de dolores, ¿qué es lo que has venido a contarme? Has venido, ¡oh, dioses!, a concluir con mi vida... ¿Qué es lo que has dicho? ¿Qué fatal nueva me has traído? ¡Cielos! No era bastante con mi hijo, y la muerte sangrienta me arrebata también a mi querida esposa.
(Se descubre el interior de palacio y se pone de manifiesto el cadáver de la reina).
Coro
Puedes verla... y no allá en lo reservado de tu palacio.
Creonte
(Contemplando el cadáver de Eurídice, y todavía con el de Hemón en sus brazos)
¡Desgraciado de mí! Veo con mis ojos mi última desdicha. ¿Qué nuevo infortunio puedo ya esperar? Tengo en mis brazos el cuerpo de mi hijo, y enfrente el cadáver de esa infeliz... ¡Oh, esposa desgraciada! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío...!
Mensajero
Esa... herida mortalmente y, después de girar moribunda en torno del ara sagrada, cerró por último los ojos a la luz, habiendo llorado primero la muerte gloriosa de su hijo Megareo, difunto antes que este; luego, la de este, lanzando, por último, su maldición sobre ti, por considerarte el asesino de su hijo.
Creonte
¡Cielos! ¡Dioses! ¡Mis sentidos se hielan de horror! ¿Por qué no me hundís una espada en el corazón? ¡Mísero de mí! La terrible fatalidad me acosa por todos lados...
Mensajero
Sí. Al morir te hacía a ti el culpable de su muerte y de la de su hijo.
Creonte
¿Pero cómo ha ocurrido su muerte?
Mensajero
Clavándose una espada en el costado, tan pronto como supo el deplorable fin de su hijo.
Creonte
¡Ay de mí! Yo he sido la causa de tantos males. ¡Yo he sido, yo, el que te he dado la muerte... yo solo! Es verdad... ¡Siervos míos! Sacadme al punto de aquí. Llevadme lejos, lejos de estos lugares. ¡Yo ya dejé de ser...!
Coro
Eso que has resuelto está bien, si es que puede haber algún bien en el mal. Las penas que se abrevian se hacen más soportables.
Creonte
¡Que venga! ¡Que venga! ¡Que se presente mi muerte! Venga, ¡y será mi día más feliz el último día de mi vida! ¡Que venga...! ¡Que no vea yo más la luz!
Mensajero
Eso ya sucederá. De lo presente es de lo que debemos ocuparnos; de lo porvenir ya se cuidarán aquellos a quienes incumbe.
Creonte
Es que lo deseo... Lo pido suplicante.
Mensajero
Déjate ahora de súplicas. De los mortales ninguno hay que pueda librarse de los infortunios que le manda el destino.
Creonte
Sacad, os ruego, de estos lugares a este desventurado, que a su pesar ha causado tu muerte, hijo mío, y la tuya también, cara esposa... ¿Adónde, adónde dirigir mis miradas, desdichado de mí? ¿Adónde encaminar mis pasos? No veo delante de mis ojos sino ruina y desolación; de tal manera el hado inexorable se ha desencadenado contra mí.
Coro
La prudencia es una primera fuente de ventura; pero es preciso, además, no ser irreligioso y reverenciar a la divinidad. Los discursos presuntuosos de los hombres altivos les originan terribles infortunios, que enseñan, aunque tarde, a apreciar la sabiduría.
Pregunta 5.2 (Apartado c)
c)
¿Cómo se solucionaría escenográficamente esta escena? Para responder, puedes basarte en la propuesta dramática de El Desván, si asististe a la representación, u ofrecer tu solución personal, explicando cómo se usarían los recursos escénicos.
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