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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU País Vasco 2025 · Extraordinaria
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Euskadi (PAU/EAU) 2025, Extraordinaria (julio): 9 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Resumen del texto · Finalidad e ideas del texto (test) · Texto argumentativo de opinión · Léxico: significado de palabras en contexto · Género textual, registro y subjetividad · Gramática: categorías y oraciones del texto · Nada, de Carmen Laforet · La casa de Bernarda Alba, de Lorca
Pregunta 1 · Resumen del texto
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
1. Resuma el contenido del texto con una extensión de unas 100 palabras. (1 punto)
Pregunta 2 - Opción 2A · Finalidad e ideas del texto (test)
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
2A. Elija la opción que refleja más fielmente la finalidad del texto. (1 punto)
Pregunta 2 - Opción 2B · Finalidad e ideas del texto (test)
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
2B. Según el contenido del texto, indique qué afirmaciones de las que figuran a continuación son verdaderas (puede haber más de una verdadera). (1 punto)
)
Pregunta 3 · Léxico: significado de palabras en contexto
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
3. Explique el significado de las siguientes palabras o expresiones que figuran en el texto de Galder Reguera. Se podrá responder con un sinónimo o con una definición. Si se responde con más de un sinónimo, todos deben de ser adecuados en el contexto del artículo «Dejar el fútbol siendo niño». (Máximo 20 palabras por definición) (1 punto)
a)
b)
c)
d)
Pregunta 4 · Texto argumentativo de opinión
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
4. Elabore un texto en el que desarrolle una opinión personal relacionada con la temática del texto de Galder Reguera, argumentando a favor, en contra, o a favor y en contra. Se valorará la adecuación al registro, la coherencia y cohesión del texto, la riqueza léxica, la variedad sintáctica y la corrección ortográfica. (250 palabras) (2 puntos)
Pregunta 5 - Opción 5A · Género textual, registro y subjetividad
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
5A. Indique a qué género textual corresponde “Dejar el fútbol siendo niño”. Razone su respuesta y ejemplifíquela con citas del propio texto. (80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto). (1 punto)
Pregunta 5 - Opción 5B · Género textual, registro y subjetividad
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
5B. Indique qué registro predomina en el texto “Dejar el fútbol siendo niño”. Razone su respuesta y ejemplifíquela con citas del propio texto. (80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto). (1 punto)
Pregunta 6 · Gramática: categorías y oraciones del texto
Dejar el fútbol siendo niño
Llega el séptimo mes del calendario romano y, como cada año, lo hace con un
sopapo de realidad. Después de días de asueto y mar y montaña y juegos, de
felicidad, al fin y al cabo, vuelve la rutina y los hombres y las mujeres regresan a
la oficina, a la fábrica, a la cocina. Lo hacen en bandadas, como aves migrantes
5 incapaces de elegir, pájaros grises que vuelan en formación hacia un mismo
destino. A estos hombres y estas mujeres les siguen también sus niños, para
quienes el verano ha sido apenas un suspiro y comienzan a comprender la
fugacidad del tiempo. Sentados ocho horas cada día en sus pupitres, miran por
la ventana del colegio comenzando a preguntarse, tímidamente, por el sentido
10 de todo esto, mientras sus profesores les regañan por no prestar atención a lo
importante, la pizarra, ese rectángulo que se supone que les explica el mundo
que queda ahí fuera.
Por las tardes, en las que el sol se retira cada jornada un poquito antes, tocan
extraescolares, actividades que en teoría se inventaron para complementar las
15 enseñanzas regladas, pero que, en la práctica de esta carrera neocapitalista en
la que vivimos, son la encarnación del ansia de los progenitores por crear el
trabajador ideal, una especie de Terminator para el mercado laboral. Idiomas,
artes, robótica, ajedrez, cada padre y madre pone los ingredientes de la receta
que creen que formará al ser perfecto que en el futuro será su hijo. Y, en medio
20 de esta pesadilla agotadora de rutina está el deporte: el campo de fútbol, la
cancha de baloncesto, la piscina, el polideportivo.
Cabe preguntarse si es realmente positivo para un niño, en este contexto de
exigencia del día a día, jugar un deporte grupal como el fútbol. ¿Es bueno desde
el punto de vista educativo entrenar dos o tres veces por semana, muchas veces
25 de noche y bajo la lluvia y el frío, después de inglés y antes de los deberes de
matemáticas y lengua? Yo creo que sí, que por supuesto, pero que depende de
en qué manos esté ese niño cuando entra en el campo de juego. Parece una
obviedad, sin embargo, mientras seleccionamos el colegio y la academia de
idiomas con dedicación y preocupación, en el equipo lo damos todo por hecho.
30 En la escuela nos interesamos por el currículum educativo que tendrá nuestro
hijo, quién será el profesor, cuál el método de trabajo, pero en el club de fútbol
damos total libertad para que el entrenador o director deportivo de turno use a
nuestros pequeños como fichas de un tablero, decida qué hacer con él y, sin más
explicaciones, lo mueva de un equipo a otro, del de los buenos al de los malos o
35 viceversa.
Llámenme idealista, pero yo soy de los que creen que el campo de
entrenamiento ha de ser para los niños un refugio, un paréntesis de la realidad
que queda fuera, un lugar del que salir reforzados para el día a día y no al
contrario, nunca un espacio que les dañe. Dicho de otro modo: ha de ser un
40 juego, algo que les divierta y les permita pensar en otra cosa que no sean las
obligaciones, sus padres y los profesores. Nunca, bajo ningún concepto, un lugar
en el que recibir más presión de la que ya acarrean en su vida, en el que se les
transmita que no dan la talla o, no sé qué es peor, se les exija como si fueran
adultos.
45 Estas semanas he conocido varios casos de niños que han dejado de jugar
porque se les ha hecho ver que son malos y otros tantos de pequeños que no
quieren volver a vestirse de corto porque se les ha exigido demasiado en la
cancha. Siendo el fútbol su pasión, lo que más les gusta, estos pequeños han
terminado por echarse a un lado. Cada uno de estos niños encarna un fracaso:
50 el de los clubes que no entienden que tratan con niños, el de los padres que han
permitido que alguien rompa en pedazos el sueño de sus hijos, el de un fútbol
que ha dejado a ojos de estos pequeños de ser un juego.
Galder Reguera, El País, 23/09/2024
6. Localice en el texto de Galder Reguera: (1 punto)
a)
b)
c)
d)
Pregunta 7 - Opción 7A · Nada, de Carmen Laforet
Yo me acerqué al balcón y apoyé la frente en los cristales. Aquel día de Navidad,
la calle tenía aspecto de una inmensa pastelería dorada, llena de cosas
apetecibles.
Sentí que la abuelita se acercaba a mi espalda y luego su mano estrecha,
5 siempre azulosa de frío, inició una débil caricia sobre mi mano.
—Picarona —me dijo—, picarona…, has regalado mi pañuelo.
La miré y vi que estaba triste, con un desconsuelo infantil en los ojos.
—¿No te gustaba mi pañuelo? Era de mi madre, pero yo quise que fuera para
ti…
10 No supe qué contestar y volví su mano para besarle la palma, arrugada y suave.
Me apretaba a mí también un desconsuelo la garganta, como una soga áspera.
Pensé que cualquier alegría de mi vida tenía que compensarla algo
desagradable. Que quizás esto era una ley fatal.
Fragmento de Nada. Carmen Laforet
7. Responda a una de las dos opciones (7A-7B)
7A. Indique si los siguientes enunciados, relacionados con el fragmento y la obra de Carmen Laforet, Nada, son verdaderos (V) o falsos (F): [1 punto]
)
Pregunta 7 - Opción 7B · La casa de Bernarda Alba, de Lorca
LA PONCIA. ¡Cómo han puesto la solería!
BERNARDA. Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (LA
PONCIA limpia el suelo.) Niña, dame el abanico.
ADELA. Tome usted. ( Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
5 BERNARDA. ( Arrojando el abanico al suelo) ¿Es este el abanico que se da a una
viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
MARTIRIO. Tome usted el mío.
BERNARDA. ¿Y tú?
MARTIRIO. Yo no tengo calor.
10 BERNARDA. Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no
ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Hacemos cuenta que hemos
tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa
de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordar el ajuar. En el arca tengo veinte
piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede
15 bordarlas.
MAGDALENA. Lo mismo me da.
Fragmento de La casa de Bernarda Alba. Federico García Lorca
7B. Indique si son verdaderas (V) o falsas (F) las siguientes afirmaciones, en relación con el fragmento y la obra de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba. (1 punto)
Pregunta 8 - Opción 8A · Nada, de Carmen Laforet
Yo me acerqué al balcón y apoyé la frente en los cristales. Aquel día de Navidad,
la calle tenía aspecto de una inmensa pastelería dorada, llena de cosas
apetecibles.
Sentí que la abuelita se acercaba a mi espalda y luego su mano estrecha,
5 siempre azulosa de frío, inició una débil caricia sobre mi mano.
—Picarona —me dijo—, picarona…, has regalado mi pañuelo.
La miré y vi que estaba triste, con un desconsuelo infantil en los ojos.
—¿No te gustaba mi pañuelo? Era de mi madre, pero yo quise que fuera para
ti…
10 No supe qué contestar y volví su mano para besarle la palma, arrugada y suave.
Me apretaba a mí también un desconsuelo la garganta, como una soga áspera.
Pensé que cualquier alegría de mi vida tenía que compensarla algo
desagradable. Que quizás esto era una ley fatal.
Fragmento de Nada. Carmen Laforet
8. Responda a una de las dos opciones (8A-8B)
8A.
Explique, a partir del fragmento de Nada mostrado en 7A y utilizando citas del texto, cómo es la relación de Andrea con su abuela y el papel de esta en la familia. (Aproximadamente 80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto) [1 punto]
Pregunta 8 - Opción 8B · La casa de Bernarda Alba, de Lorca
LA PONCIA. ¡Cómo han puesto la solería!
BERNARDA. Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (LA
PONCIA limpia el suelo.) Niña, dame el abanico.
ADELA. Tome usted. ( Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
5 BERNARDA. ( Arrojando el abanico al suelo) ¿Es este el abanico que se da a una
viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
MARTIRIO. Tome usted el mío.
BERNARDA. ¿Y tú?
MARTIRIO. Yo no tengo calor.
10 BERNARDA. Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no
ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Hacemos cuenta que hemos
tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa
de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordar el ajuar. En el arca tengo veinte
piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede
15 bordarlas.
MAGDALENA. Lo mismo me da.
Fragmento de La casa de Bernarda Alba. Federico García Lorca
8B. Explique, a partir del fragmento de La casa de Bernarda Alba mostrado en 7B y utilizando citas del texto, las características del personaje de Martirio. (Aproximadamente 80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto) [1 punto]
Pregunta 9 - Opción 9A · Nada, de Carmen Laforet
Yo me acerqué al balcón y apoyé la frente en los cristales. Aquel día de Navidad,
la calle tenía aspecto de una inmensa pastelería dorada, llena de cosas
apetecibles.
Sentí que la abuelita se acercaba a mi espalda y luego su mano estrecha,
5 siempre azulosa de frío, inició una débil caricia sobre mi mano.
—Picarona —me dijo—, picarona…, has regalado mi pañuelo.
La miré y vi que estaba triste, con un desconsuelo infantil en los ojos.
—¿No te gustaba mi pañuelo? Era de mi madre, pero yo quise que fuera para
ti…
10 No supe qué contestar y volví su mano para besarle la palma, arrugada y suave.
Me apretaba a mí también un desconsuelo la garganta, como una soga áspera.
Pensé que cualquier alegría de mi vida tenía que compensarla algo
desagradable. Que quizás esto era una ley fatal.
Fragmento de Nada. Carmen Laforet
9. Responda a una de las dos opciones (9A-9B)
9A.
Explique, mediante ejemplos extraídos del texto de Nada mostrado en 7A, dos de los rasgos que caracterizan a la protagonista de la novela. (Aproximadamente 80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto) [1 punto]
Pregunta 9 - Opción 9B · La casa de Bernarda Alba, de Lorca
LA PONCIA. ¡Cómo han puesto la solería!
BERNARDA. Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (LA
PONCIA limpia el suelo.) Niña, dame el abanico.
ADELA. Tome usted. ( Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
5 BERNARDA. ( Arrojando el abanico al suelo) ¿Es este el abanico que se da a una
viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
MARTIRIO. Tome usted el mío.
BERNARDA. ¿Y tú?
MARTIRIO. Yo no tengo calor.
10 BERNARDA. Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no
ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Hacemos cuenta que hemos
tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa
de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordar el ajuar. En el arca tengo veinte
piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede
15 bordarlas.
MAGDALENA. Lo mismo me da.
Fragmento de La casa de Bernarda Alba. Federico García Lorca
9B. Explique, a partir del fragmento de La casa de Bernarda Alba mostrado en 7B y utilizando citas del texto, cómo se viven el duelo y el luto en la sociedad rural representada en la obra. (Aproximadamente 80 palabras; no se incluirán en el cómputo de las 80 palabras las citas del propio texto) [1 punto]
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