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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Canarias 2025 · Julio
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Canarias (PAU/EBAU) 2025, Julio: 5 problemas con solución. Con corrección al momento.
Temas del examen: Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje · Producción de un texto argumentativo propio · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna · Léxico y semántica: relaciones de significado, connotación y figuras · La lengua y sus hablantes: variedades, registros y norma estándar · Historiografía literaria: movimientos y periodos desde finales del XIX hasta hoy · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
Ejercicio 1 - Opción a · La lengua y sus hablantes: variedades, registros y norma estándar
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
1. La lengua y sus hablantes (1 punto). Opción a
Señala dos enunciados del texto que reflejen un uso culto del lenguaje y justifica tu elección.
Ejercicio 1 - Opción b · La lengua y sus hablantes: variedades, registros y norma estándar
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
1. La lengua y sus hablantes (1 punto). Opción b
Señala dos enunciados del texto que reflejen un uso coloquial del lenguaje y justifica tu elección.
Ejercicio 2 - Opción a · Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
2. Comunicación (1 punto). Opción a
¿A qué tipo de texto o modalidad textual pertenece el fragmento seleccionado? Señala sus rasgos.
Ejercicio 2 - Opción b · Tipología textual, modalidades discursivas y funciones del lenguaje
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
2. Comunicación (1 punto). Opción b
¿Qué funciones del lenguaje predominan en este texto? Justifica tu respuesta con ejemplos.
Ejercicio 3 - Opción a · Cohesión textual y mecanismos de referencia interna
3. Reflexión sobre la lengua (1 punto). Opción a
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
Localiza dos marcadores discursivos de diferente tipo presentes en el texto y justifica su empleo.
Ejercicio 3 - Opción b · Léxico y semántica: relaciones de significado, connotación y figuras
3. Reflexión sobre la lengua (1 punto). Opción b
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
Busca en el texto los elementos que integran el campo semántico de «temor» y justifica su empleo.
Problema 4 · Producción de un texto argumentativo propio
4. Producción, entre 350 y 450 palabras (2 puntos)
A veces me despierto a las dos o las tres de la mañana, con sudores fríos y la boca seca. Normalmente no recuerdo qué estaba soñando, aunque hay ocasiones en que logro rescatar algo: bailarinas ciegas, hombres con cara de gallina, pequineses ahorcados, la convicción de que moriré mañana (aunque sé que no moriré mañana, porque eso sería demasiado fácil) o palabras encadenadas en una serie sin sentido, como “planisferio tópico civil” o “adláter simiesco adventista”. Pero, por lo general, mi mente suprime enseguida todo aquello que me perturba. Supongo que ya hace años que me acostumbré a eso, a olvidar todo lo que sea capaz de producirme el suficiente terror como para paralizarme. El miedo es útil, porque te pone en guardia, pero el pánico es un cataclismo, porque te inmoviliza.
Lo que me despertó no fue una pesadilla, sino un griterío y un golpeteo intermitentes y brutales. Tardé un poco en comprender que eran Candi y el tipo quienes gritaban. Él le decía de todo menos bonita. Ella, a ratos lo insultaba, a ratos le pedía que parase. Estoy seguro de que el tío le estaba zurrando. Por cierto, se llama Blas. O ella lo llama Blas.
No sé a qué venía todo aquello, pero se estaba liando una buena.
Noté que me estaban contagiando toda aquella violencia. La agresividad te entra por los poros, como por ósmosis, poniéndote alerta y preparado para repartir hostias.
Me senté al borde de la cama, me puse las chancletas y me levanté. Me quedé parado justo antes de abrir la puerta, porque, de pronto, pensé que era muy mala idea meterme de por medio. Después de todo, podía salir muy cagado si llamaba a la puerta de al lado y el tío se me ponía chulo.
Alexis Ravelo. La última tumba
Este fragmento pertenece a una novela policiaca del escritor canario Alexis Ravelo. El protagonista, tras su estancia en la cárcel, vive en un bloque de apartamentos y desde su casa escucha la discusión que mantiene su vecina con la pareja. Esta discusión pasa a convertirse en un episodio de agresión machista. Él decide no impedirla. Es común en situaciones de violencia de género que vecinos, amigos y familia conozcan este tipo de actos, pero no actúen: ¿por qué crees qué ocurre esto? Justifica tu respuesta.
Redacta un texto argumentativo de entre 350 y 450 palabras.
Ejercicio 5 - Opción a · Historiografía literaria: movimientos y periodos desde finales del XIX hasta hoy
5. Educación literaria, entre 250 y 350 palabras (2 puntos).
a. Comenta el tema de España en la generación del 98.
Ejercicio 5 - Opción b · Obras de narrativa y teatro leídas: comentario por periodos
5. Educación literaria, entre 250 y 350 palabras (2 puntos).
b. El siguiente fragmento pertenece al primer acto de la obra La casa de Bernarda Alba del poeta y dramaturgo Federico García Lorca. En las intervenciones de La Poncia se nos informa de las últimas circunstancias de la vida de Bernarda y de su carácter, pero también nos ayuda a entender la actitud ambigua de La Poncia en la obra: ¿qué características nos da Lorca del personaje de La Poncia a partir de este diálogo inicial? Justifica tu respuesta.
CRIADA. — ¿Han venido todos sus parientes?
LA PONCIA. — Los de ella. La gente de él la odia. Vinieron a verlo muerto y le hicieron la cruz.
CRIADA. — ¿Hay bastantes sillas?
LA PONCIA. — Sobran. Que se sienten en el suelo. Desde que murió el padre de Bernarda no han vuelto a entrar las gentes bajo estos techos. Ella no quiere que la vean en su dominio. ¡Maldita sea!
CRIADA. — Contigo se portó bien.
LA PONCIA. — Treinta años lavando sus sábanas; treinta años comiendo sus sobras; noches en vela cuando tose; días enteros mirando por la rendija para espiar a los vecinos y llevarle el cuento; vida sin secretos una con otra, y sin embargo, ¡maldita sea! ¡Mal dolor de clavo le pinche en los ojos!
CRIADA. — ¡Mujer!
LA PONCIA. — Pero yo soy buena perra; ladro cuando me lo dicen y muerdo los talones de los que piden limosna cuando ella me azuza; mis hijos trabajan en sus tierras y ya están los dos casados, pero un día me hartaré.
CRIADA. — Y ese día...
LA PONCIA. — Ese día me encerraré con ella en un cuarto y le estaré escupiendo un año entero. «Bernarda, por esto, por aquello, por lo otro», hasta ponerla como un lagarto machacado por los niños, que es lo que es ella y toda su parentela. Claro es que no le envidio la vida. Le quedan cinco mujeres, cinco hijas feas, que quitando Angustias, la mayor, que es la hija del primer marido y tiene dineros, las demás, mucha puntilla bordada, muchas camisas de hilo, pero pan y uvas por toda herencia.
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