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Examen de Literatura castellana Selectividad Cataluña 2024 · Setembre Serie 3

Examen de Literatura castellana de Selectividad de Cataluña (PAU/Selectivitat) 2024, Setembre Serie 3: 3 problemas con solución. Con corrección al momento.

Temas del examen: Antología de la poesía del Siglo de Oro · Don quijote de la mancha, Miguel de Cervantes · La vida es sueño, Pedro Calderón de la Barca · Tormento, Benito Pérez Galdós · Romancero gitano, Federico García Lorca · Luciérnagas, Ana María Matute

Ejercicio Primera parte - 1 · Luciérnagas, Ana María Matute

1. Explique el contexto histórico de Luciérnagas, de Ana María Matute.

Ejercicio Primera parte - 2 · Antología de la poesía del Siglo de Oro

2. Describa el simbolismo de la poesía de San Juan de la Cruz para ilustrar las tres vías místicas.

Ejercicio Primera parte - 3 · La vida es sueño, Pedro Calderón de la Barca

3. Explique la polimetría en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca.

Ejercicio Primera parte - 4 · Romancero gitano, Federico García Lorca

4. Cite y comente los símbolos más significativos de Romancero gitano, de Federico García Lorca.

Ejercicio Segunda parte - 1 · Don quijote de la mancha, Miguel de Cervantes

1. Comente el siguiente fragmento del capítulo 64 de la «Segunda parte» del Quijote, prestando especial atención al temperamento de don Quijote, a su actitud hacia Dulcinea y a la reacción de Sancho Panza.

[4 puntos: 2 puntos por el contenido y 2 puntos por la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario]

—Señores caballeros, si aquí no hay otro remedio sino confesar o morir, y el señor don Quijote está en sus trece, y vuestra merced el de la Blanca Luna en sus catorce, 1 a la mano de Dios, y dense. 2 [...] y sin tocar trompeta ni instrumento bélico que les diese señal de arremeter, volvieron entrambos a un mismo punto las riendas a sus caballos, y como era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza (que la levantó, al parecer, de propósito), que dio con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída. Fue luego sobre él y, poniéndole la lanza sobre la visera, le dijo:

—Vencido sois, caballero, y aun muerto, si no confesáis las condiciones de nuestro desafío.

Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo:

—Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra.

—Eso no haré yo, por cierto —dijo el de la Blanca Luna—: viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, pues solo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o hasta el tiempo que por mí le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla.

Todo esto oyeron el visorrey y don Antonio, con otros muchos que allí estaban, y oyeron asimismo que don Quijote respondió que como no le pidiese cosa que fuese en perjuicio de Dulcinea, todo lo demás cumpliría como caballero puntual y verdadero.

Hecha esta confesión, volvió las riendas el de la Blanca Luna y, haciendo mesura con la cabeza al visorrey, a medio galope se entró en la ciudad.

Mandó el visorrey a don Antonio que fuese tras él y que en todas maneras supiese quién era. Levantaron a don Quijote, descubriéronle el rostro y halláronle sin color y trasudando. Rocinante, de puro malparado, no se pudo mover por entonces. Sancho, todo triste, todo apesarado, no sabía qué decirse ni qué hacerse: parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños y que toda aquella máquina 3 era cosa de encantamiento. Veía a su señor rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo con el viento.

1. [...] está en sus trece, y [...] en sus catorce: 'cada uno persiste en su propósito, no da su brazo a torcer'.

2. dense: 'entréguense al combate'.

3. máquina: 'representación, montaje'.

Ejercicio Segunda parte - 2 · Tormento, Benito Pérez Galdós

Segunda parte

2.

Comente el siguiente fragmento del capítulo XXIII de Tormento, de Benito Pérez Galdós, y explique la evolución de las relaciones entre Caballero y Amparo, sobre todo a partir de este episodio.

[4 puntos: 2 puntos por el contenido y 2 puntos por la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario]

Ante la mirada de aquellos leales ojos, la penitente estaba yerta, y la confesión era tan imposible como darse una puñalada... Olvidáronsele las palabras que había estudiado para empezar. Agustín habló de cosas comunes; ella le contestaba turbadísima. Se le había olvidado hasta el modo de respirar. ¡Y qué torpeza la de su entendimiento! Para contestar a varias 5 preguntas que Caballero le hizo, tuvo que pensarlo mucho tiempo.

Lentamente fue disipándose su turbación. El coloquio era discreto, quizás demasiado discreto y frío para ser amoroso. Caballero estaba también cohibido al verse solo con su amada. Allí contó dramáticos pasajes de su existencia; hizo una ingeniosa y delicada crítica de los Bringas. Luego tornaron a hablar de sí propios. Él estaba contentísimo: iba a realizar 10 su deseo más vivo; la quería con tranquilo amor, puestos los ojos del alma, más en los encantos del vivir casero, siempre ocupado y afectuoso, que en la desigual inquietud de la pasión. Él tenía más de cuarenta otoños y, cual hombre muy sentado, su mayor afán era tener una familia y vivir vida legal en todo, rodeándose de honradez, de comodidad, de paz, saboreando el cumplimiento de los deberes en compañía de personas que le amaran y le honraran. 15 Dios le había deparado la mujer que más le convenía, y tan perfecta la encontraba, que si la hubiera encargado al cielo no viniera mejor... Ella, por su parte, le miraba a él como la Providencia hecha hombre. Sin saber por qué, desde que le vio considerole como un hombre modelo, y si él no tuviera mil motivos para hacerse querer, bastaríale para ello la bondad con que descendió hasta una pobre muchacha huérfana y humilde.

20 Mientras tales sosadas 1 decían, si no con estas, con equivalentes palabras, Amparo, dentro de sí, razonaba de otro modo:

«Dios mío, no sé a dónde voy a parar... Me dejo ir, me dejo ir, y cada vez soy más criminal callando lo que callo. Mientras más tarde yo en confesarme, menos derecho tendré a su perdón».

1. sosadas: 'palabras sin gracia ni viveza'.

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