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Examen de Lengua Castellana y Literatura II PAU Navarra 2026 · Ordinaria
Examen de Lengua Castellana y Literatura II de Selectividad de Navarra (PAU/EvAU) 2026, Ordinaria (junio): 11 problemas con solución. Gratis.
Temas del examen: Tema y resumen del texto · Comprensión del contenido: sentido de frases, título e idea principal · Expresión escrita: texto argumentativo y texto expositivo · Funciones del lenguaje, tipología textual y género · Papel del autor, subjetividad y modalización · Sintaxis y gramática en el texto · Léxico y morfología: significado en contexto, relaciones semánticas y formación de palabras · La casa de los espíritus, de Isabel Allende
Problema 1 · Tema y resumen del texto
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
1. Elija el mejor tema de este texto [0,5 puntos]:
Problema 2 · Tema y resumen del texto
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
2. Resuma el texto (100-120 palabras) [1,5 puntos].
Problema 3 · Comprensión del contenido: sentido de frases, título e idea principal
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
3. Explique el sentido de la última oración del texto «Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo...» [0,5 puntos].
Problema 4 · Expresión escrita: texto argumentativo y texto expositivo
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
4. Basándose en el contenido, redacte un texto expositivo dirigido al alumnado de un centro educativo de secundaria en el que explique cómo el lenguaje y la amabilidad influyen en la convivencia y en el bien individual (120-180 palabras) [1,5 puntos].
Problema 5 · Sintaxis y gramática en el texto
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
Conocimiento de la lengua
5. Conocimiento sintáctico. Conteste a las siguientes preguntas [0,75 puntos]:
a)
Explique las diferencias sintácticas entre las siguientes oraciones [0,25 puntos]:
Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió.
Pero has recordado el Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió.
b)
Localice en el texto una oración en estilo directo, reescríbala en estilo indirecto y explique qué diferencias de significado se dan entre ellas [0,5 puntos].
Ejercicio 6.a · Papel del autor, subjetividad y modalización
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
Reflexión sobre la lengua
6.a. Explique la función de la segunda persona del singular empleada en el último párrafo del texto [0,5 puntos].
Ejercicio 6.b · Léxico y morfología: significado en contexto, relaciones semánticas y formación de palabras
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
Reflexión sobre la lengua
6.b. Descomponga morfológicamente la palabra «prosociabilidad» e identifique sus componentes básicos; señale la categoría léxica a la que pertenece y el tipo de palabra en que se incluye según su estructura [0,5 puntos].
1.
2.
3.
Ejercicio 6.c · Léxico y morfología: significado en contexto, relaciones semánticas y formación de palabras
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
Reflexión sobre la lengua
6.c. Localice en el texto y escriba [0,5 puntos]:
1.
Dos palabras que pertenezcan al campo asociativo de la «evolución»:
2.
Un sinónimo de «cortesía» presente en el texto:
Problema 7 · Funciones del lenguaje, tipología textual y género
LUCÍA SESMA PRIETO
filóloga
Fuente: Muy interesante 1/2026 nº 535
DARWIN SIEMPRE GANA
Las noticias ayudan poco a ver el aspecto amable de las cosas. A las guerras, el cambio climático, los líderes tiránicos, la crisis de la vivienda y la muerte de Jane Goodall, ahora se suma la amenaza de quiebra de la empresa Mr. Wonderful. El señor maravilloso tiene alguna complicación para poner en práctica su propia filosofía. La marca es conocida por la comercialización de diversos tipos de soportes: tazas, agendas, llaveros, bolsas, paraguas y un sinfín de bagatelas, donde imprime las llamadas «frases motivadoras»: «Alegría desde primera hora del día», «Si lo crees, lo creas», «Con ganas, seguro que ganas»... En un principio, no parece mala idea que, aunque sea solo en el café de la mañana, leamos algo agradable. El poder de las palabras es extraordinario, pero no infinito. Para que aquello que nos digamos a nosotros mismos y a los demás tenga una verdadera consecuencia positiva requiere algo más que cuatro palabras simpáticas junto a un zurullito sonriente. La ciencia nos aporta algunas claves que demuestran la capacidad de la palabra a la hora de vivir mejor.
LA CIENCIA BENEFICIA, Y MUCHO, A LA SALUD. La neurolingüística nos confirma que ser amables mediante nuestro lenguaje y nuestras acciones favorece la salud mental y, además, la física. El neurocientífico Jonathan Benito, en El poder de la amabilidad, habla de la curiosa historia de la evolución del lobo al perro, con el que comparte el noventa y nueve por ciento de su información genética. El «lobo terrible» es como se llamaba a una especie ya extinta: el Canis dirus, una especie agresiva, temible y violenta. Hasta llegar a convertirse en el mejor amigo del hombre han pasado milenios y la clave de esta transformación reside en la prosociabilidad; es decir, un comportamiento de interacción basado en la cordialidad. Los lobos firmaron su supervivencia cuando comenzaron a relacionarse con los humanos. En la búsqueda de alimento dentro de los poblados, encontraron un beneficio extra al mero sustento.
Hallaron un modo de vida que les permitía perpetuarse, la felicidad biológica para la que todos los seres vivos están condicionados genéticamente: mantenerse con vida y reproducirse. Igual sucedió con los primeros Homo sapiens cuando al llegar a Europa se toparon con los neandertales, unos seres inteligentes, duros frente a circunstancias climáticas extremas, con lenguaje e incluso con cierto sentimiento espiritual que los llevaba a enterrar a sus muertos. Desaparecieron hace unos cuarenta mil años y, aunque las causas son múltiples, tal vez una fue la falta de habilidad en las relaciones con otros neandertales que, al final, resolvían con brutalidad.
LA AMABILIDAD NOS SALVÓ COMO ESPECIE y también en otras ocasiones más anecdóticas, pero no menos importantes. Ese día en que sin saber qué significaba «diálogo interno positivo» lo pusiste en práctica, sin frases de medio pelo, con plena conciencia. En una conversación te dio por preguntar en vez de imponer, escuchaste activamente, saludaste e incluso sonreíste; puede que pensaras que el otro no llevaba la razón, pero te dijiste, «oye, quizás esta vez quien no la lleve soy yo». Dejaste de llamarte inútil, tonto, incapaz, culpable; por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. Borraste del diccionario «y si...», «siempre», «nunca» y otros augurios improbables, que dejaste en manos de adivinos del futuro incierto. Actuaste lo mejor que pudiste, porque el tema de los milagros lo llevan otros. Desprecias a quienes escupen por la calle, suben el volumen del móvil en los hospitales, hablan en el cine, comen con la boca abierta y una mano bajo la mesa, tocan el claxon sin motivo, disfrutan con el sadismo laboral; se ríen de los miopes, las obesas y los mayores y no se te ocurre chistarlos. Pero te has acordado del Canis dirus, los neandertales y la sonrisa que alguien te devolvió. Ahora, solo queda esperar a que Darwin haga su trabajo.
7.
La lengua y sus hablantes. Comente y justifique con ejemplos concretos la presencia de la función metalingüística del lenguaje en el texto (120 palabras) [1,25 puntos].
Problema 8 · La casa de los espíritus, de Isabel Allende
8. Sitúe este texto en el argumento de la obra: qué ocurre en el fragmento, qué ocurre antes y después y qué importancia tiene en la obra (80-120 palabras) (1 punto).
Problema 9 · La casa de los espíritus, de Isabel Allende
9. Redacte una breve descripción del personaje de Pedro García Primero y explique qué relevancia tiene en La casa de los espíritus. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (80-120 palabras) (1 punto).
Problema 10 · La casa de los espíritus, de Isabel Allende
10. Explique qué rasgo propio del Realismo Mágico se puede apreciar en este fragmento. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (60-70 palabras) (1 punto).
Problema 11 · La casa de los espíritus, de Isabel Allende
11. Comente el papel del narrador en este fragmento: quién es y de qué tipo de narrador se trata. Justifique su respuesta con ejemplos tomados del texto (60-70 palabras) (1 punto).
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