Resumen Niñez _ primer parcial

Psicología Evolutiva: Niñez · Licenciatura en Psicología · Estudios Argentina. Resumen Niñez _ primer parcial: apuntes de Psicología Evolutiva: Niñez.

Psicología Evolutiva: Niñez · Estudios Argentina · Licenciatura en Psicología

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PSICOLOGÍA EVOLUTIVA: NIÑEZ - RESUMEN PRIMER PARCIAL SEMANA 1 García, M. J. (1987) ¿Por qué Psicología Evolutiva? Ficha Dto. Publicaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. La materia tiene una intención de dar cuenta de los modos del funcionamiento psíquico del ser humano en esta etapa, la niñez y en los procesos de crecimiento y maduración que estarían operando en la complejización creciente del funcionamiento psíquico. Se define al objeto de estudio como el de una etapa humana: la niñez. Se trata de estudiar al niño en sí mismo en su proceso de crecimiento o desarrollo.

El interrogante central del que se ocupa esta asignatura es: ¿cómo se llega de niño a adolescente y adulto, a un sujeto de la cultura? Existen diferentes visiones sobre cómo ocurre el crecimiento: Lineal y acumulativo (basado en las concepciones judeo cristianas de la historia que fundamentan nuestra cultura) o Repetitivo o cíclico (una visión que pone el acento en lo recurrente, vinculada con mitos antiguos. La dependencia infantil, su indefensión inicial obliga particularmente en este dominio a ocuparse de las articulaciones entre la biología y cultura, entre el sujeto y el medio.

En algunas posturas teóricas el ambiente es el determinante y en otras, hay espacio para la creatividad, el ser humano es un sujeto activo de transformaciones en sus intercambios con el medio. No hay una sola teoría psicológica que dé cuenta por sí sola de todo el desarrollo del ser humano. Se propone trabajar en base a dos sistemas teóricos fundamentales: el Psicoanálisis y el Constructivismo Genético de Piaget y sus colaboradores. - El constructivismo genético cumple con los requisitos más exigentes de cientificidad. Se origina en una inquietud epistemológica y se basa en la biología, se nutre de investigación de la psicología.

En su conjunto de investigaciones, el tema del niño aparece ligado a un problema epistemológico. Piaget concibe a la Psicología del Niño, en cuento psicología genética como instrumental en relación a problemas de psicología general. Es una teoría que intenta no caer en los escollos del historicismo reduccionista ni del estructuralismo extremo. - En el Psicoanálisis, Freud postula el inconsciente como eje de su sistema teórico y de allí destituye la problemática clásica del sujeto como conciencia y restaura la temática de la existencia como deseo. En la perspectiva genética, el Psicoanálisis privilegió el tiempo de la infancia para la comprensión del ser humano.

La observación directa de niños realizadas por investigadores formados psicoanalíticamente ha dado aportes significativos al conocimiento de las etapas tempranas. En este campo se utilizan términos como "evolución", los cuales poseen una fuerte carga histórica y teórica. El Complejo de Edipo tiene un lugar privilegiado en Freud no tanto por ser una estructura, como por articular historia y estructura, el modelo genético y el Tópico-económico. García, M. J. (1997) ¿Qué se entiende por desarrollo? Ficha Dto. Publicaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Aborda el concepto central del desarrollo humano en el contexto de la Psicología Evolutiva, que se enfoca especialmente en la etapa infanto-juvenil del ciclo vital. El término "desarrollo" se refiere a un patrón de cambio o movimiento progresivo que inicia en la concepción y continúa a lo largo de la vida. Este patrón es complejo porque es el resultado de la interacción de varios procesos: Crecimiento físico: Se refiere al incremento en talla y peso, y a otros cambios cuantitativos y graduales de rasgos corporales. Incluye el crecimiento de la cabeza, extremidades, cerebro, corazón y pulmones.

Los patrones de crecimiento son importantes y se utilizan como instrumentos clínicos (antropometría) para determinar si un niño se está desarrollando normalmente y detectar posibles alteraciones nutricionales o de salud. Sin embargo, la antropometría por sí misma no provee la causa específica del déficit. Maduración: Comprende cambios cualitativos que están determinados por nuestro programa genético. Incluye el crecimiento y la diferenciación del cerebro y del sistema nervioso central, los cambios en las proporciones anatómicas, y las modificaciones químicas y hormonales que ocurren al acercarse a la madurez biológica.

Un ejemplo es la gradual especialización del cerebro, donde funciones como el procesamiento espacial (hemisferio derecho) y el lenguaje (hemisferio izquierdo) se coordinan de modo flexible en la infancia, pero se ligan más rígidamente a áreas específicas después de la adolescencia, haciendo que un daño cerebral sea más propenso a ser permanente. Experiencias: Es el ingrediente más amplio del desarrollo. Abarca desde las relacionadas con el ambiente biológico (como alimentación, accidentes físicos, atención médica) hasta las producidas por el ambiente social (familia, escuela, pares, comunidad y medios de comunicación).

Son cruciales para el desarrollo, ya que sin ellas no se darían el crecimiento ni la maduración. Un ejemplo documentado es el efecto dramático de la ausencia de contacto humano en el retardo mental y la ausencia de lenguaje hablado. Los estudios contemporáneos buscan comprender qué tipos de experiencias modelan el crecimiento y la maduración, y cómo interactúan. Se ha demostrado que no solo la cantidad (cuánto se interactúa), sino también el "timing" y la estructura de la interacción son centrales. Por ejemplo, en el apego saludable, el adulto debe responder en sintonía con las necesidades del bebé.

En el lenguaje, son más convenientes las frases cortas, con pausas claras y patrones netos de entonación, más que solo la cantidad de conversación. Los psicólogos del desarrollo contemporáneos se centran en describir y predecir el patrón de cambio progresivo en la vida del niño, y en explicar cómo la maduración y el crecimiento son modelados por las experiencias. Pizzo, M. E. (2011) El niño como objeto de estudio de los distintos modelos teóricos. Ficha Dto Publicaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. 1.

Las concepciones acerca de la niñez y los niños: Philippe Ariés postula que pensar la infancia como categoría social diferente de los adultos es el resultado de una progresiva elaboración que se inicia en el siglo XVII y se consolida en el XIX. Los historiadores de la infancia han abordado desde distintos enfoques los procesos por los que, a partir de la Modernidad, se considera a la niñez con características diferentes de otras etapas de la vida.

En Argentina, investigaciones contemporáneas de autores como Ignacio Lewkowicz, Cristina Corea y Sandra Carli plantean que la infancia es una construcción cultural progresiva y activa, sugiriendo incluso el agotamiento de la representación moderna de la niñez. Estas perspectivas subrayan que la infancia, más que una etapa natural, funciona como una institución que vehiculiza significaciones sociales compartidas, las cuales influyen en la subjetivación del niño. En este proceso, el niño se constituye como un sujeto singular que actúa como el sostén real de las representaciones sociales vigentes sobre la niñez. 2.

El interés por el estudio del niño y el nacimiento de la Psicología Evolutiva: La historia de la Psicología Evolutiva como disciplina científica se remonta a observaciones dispersas de filósofos antiguos, centradas más en la educación que en la naturaleza infantil. Rousseau distinguió por primera vez al niño del adulto y planteó etapas de desarrollo. Durante el siglo XVIII, se popularizaron los diarios de observaciones parentales, destacándose en 1877 el trabajo de Charles Darwin, quien validó el método de observación directa y sistemática para el estudio infantil.

Posteriormente, el interés se volcó hacia investigaciones que buscaban normas evolutivas universales y objetivas basadas en cuestiones biológicas. Este avance científico coincidió con cambios sociales como la escolarización obligatoria a finales del siglo XIX, tanto en Estados Unidos como en Argentina con la Ley 1420, otorgando al niño un nuevo lugar social: la escuela. La década de 1880 se considera el periodo fundacional de la disciplina, con figuras como Preyer, Binet y Hall aportando métodos rigurosos, aunque sin sistemas teóricos completos. James M.

Baldwin es reconocido como el primer teórico del campo por centrarse en los procesos de desarrollo y la constitución del psiquismo, influyendo con conceptos como "esquema" e "imitación" en autores posteriores como Piaget, Mead y Vigotsky. Entre las dos guerras mundiales, la disciplina se consolidó a través de dos tendencias: la acumulación descriptiva de datos y la creación de teorías complejas. En esta última línea, autores europeos como Wallon, Werner, Vigotsky y Piaget elaboraron marcos explicativos sobre las dimensiones del desarrollo infantil que mantienen su vigencia actual. 3.

Los modelos teóricos: El término modelo remite a un "esquema teórico de un sistema o de una realidad compleja que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comportamiento". Rechea (1980) plantea que todas las definiciones aluden a la representación y a la analogía; los modelos son representaciones analógicas de la realidad. En Psicología Evolutiva se abordan conceptualizaciones de distintas teorías como herramientas para dar cuenta del proceso de desarrollo humano e infantil.

Overton y Reese diferencian dos modelos o paradigmas subyacentes a cada teoría psicológica evolutiva que remiten a posiciones antitéticas: Modelo Mecanicista Modelo Organicista u Organismico Concepción reactiva del organismo. El individuo se concibe como ser activo u organizador. El desarrollo es la manifestación del aumento de la experiencia (concepción descriptiva). La noción de desarrollo tiene carácter explicativo El cambio se explica en base a hechos causales anteriores y separados de él. El cambio es visto como una propiedad de los organismos y es un proceso permanente. Es posible predecir el cambio. La metáfora es la máquina La predicción exacta del cambio es imposible.

La metáfora es el organismo vivo. Los modelos son sistemas conceptuales de una extensión mayor que las teorías, por esta razón, teorías que proponen diferentes constructos para explicar los fenómenos estudiados coexisten al interior de un mismo paradigma o modelo 4. Las teorías evolutivas y estudio del niño: Martí Sala denomina así a las formulaciones de Freud, Vigotsky y Piaget. Estas constituyen sistemas teóricos coherentes y unificados, tienen como base una dimensión genética. Además, se consideran complementarias. Sigmund Freud (1856 -1939) parte de la clínica con pacientes adultos; teoriza y especula pero sin desconectarse de lo empírico.

A partir del descubrimiento del inconsciente y de la sexualidad infantil, crea un cuerpo teórico, un método de investigación y un abordaje terapéutico. La elaboración y extensión de sus formulaciones hace que se la considere una teoría del psiquismo humano. Propone que la historia del individuo, particularmente los primeros años, es esencial para comprender el funcionamiento adulto. Su secuela analítica (Anna Freud, Winnicott, Spritz o Mahler) dará lugar a la mayor riqueza de intercambios y experiencias con la psicología evolutiva no analítica.

Jean Piaget (1896-1980) se propone estudiar el proceso de construcción de conocimientos, es decir, se centra en el sujeto epistémico y no en el sujeto psicológico. Desde su enfoque, el estudio del psiquismo humano, genético, es un proceso y como tal tiene que ser descrito de manera histórica. Su proyecto es indagar el desarrollo para explicar las funciones mentales por su modo de formación y así llegar a construir una psicología del niño con base empírica. Vigotsky (1896 - 1934) con su teoría sociocultural propone que el mecanismo del cambio evolutivo se enraíza en la sociedad y en la cultura.

El método evolutivo es el método principal de la ciencia psicológica, ya que parte del supuesto que un comportamiento sólo puede ser entendido si se estudian sus cambios, es decir, su historia; sólo de esta manera se puede pasar de la descripción de un fenómeno a su explicación. La ontogénesis es concebida como punto de encuentro de la evolución biológica y sociocultural; se trata de un proceso complejo, único. La obra de Vigotsky refleja su interés en producir una psicología que tuviera repercusiones en la educación y la práctica médica.

Sus formulaciones le permiten dar cuenta de los procesos mentales de todo individuo y establecer programas de tratamiento y curación Los tres autores proponen un sujeto activo, interdependencia y organización en diferentes dimensiones, desarrollo concebido como una sucesión de cambios cualitativos y énfasis en los procesos más que en los resultados. 5. La Psicología Evolutiva y el estudio del niño: teorías, técnicas e intervenciones en el trabajo profesional: El trabajo en Psicología Evolutiva admite diversas interpretaciones según la posición epistemológica adoptada.

Una vertiente se enfoca en la descripción exhaustiva de conductas por edades, conocida como Psicología del niño o del adolescente. Otra perspectiva busca descubrir las leyes generales detrás de los cambios en el comportamiento a través de las edades, denominándose Psicología del desarrollo. Generalmente, se asocia la Psicología del niño con una concepción mecanicista, mientras que la Psicología evolutiva de corte organicista se vincula con la psicología genética. Esta diferenciación es fundamental porque actúa como un criterio ordenador para los enfoques teóricos y orienta la elección de técnicas e intervenciones profesionales.

En este contexto, las teorías no son solo descripciones, sino herramientas conceptuales que permiten interpretar fenómenos y construir datos en el trabajo de campo. En conclusión, existe una relación directa entre los postulados teóricos elegidos, las técnicas empleadas y el tipo de intervención que se realiza con los niños. Carli, S. (1999) La infancia como construcción social. En De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad (oo.11-38). Buenos Aires: Santillana. Se plantea la necesidad de reflexionar sobre la situación de los niños en la sociedad contemporánea y los retos que enfrenta la educación infantil en Argentina.

La autora propone explorar cómo se han transformado los límites entre la infancia y la adultez, lo que exige una visión renovada del niño como un sujeto en pleno proceso de crecimiento y constitución. El capítulo se estructura en un análisis que abarca desde la emergencia del concepto de infancia como una construcción histórica propia de la modernidad y el papel fundamental de la escolaridad pública, hasta un recorrido por los diversos imaginarios y tesis sobre la niñez que marcaron el siglo XX, concluyendo con la propuesta de una nueva mirada pedagógica.

Los niños por-venir Durante el siglo XX, la infancia se consolidó como un objeto central de estudio para diversas disciplinas y como un eje de las políticas de Estado y las utopías sociales. Sin embargo, la identidad de los niños se construye en una tensión constante entre la intervención de los adultos, las imágenes sociales de la época y la historia singular de cada individuo. En la actualidad, esta experiencia está sufriendo una mutación profunda debido a factores como el impacto de las políticas neoliberales que reducen la intervención estatal, la transformación de las lógicas familiares, el predominio del mercado y el papel de los medios masivos de comunicación.

Estos fenómenos han provocado un borramiento de las fronteras históricas que separaban los universos simbólicos de niños y adultos, llevando a algunos autores a hablar incluso de la "desaparición de la infancia" debido al acceso irrestricto a la información y al consumo. Ante la falta de un discurso adulto que ofrezca sentidos claros en estas nuevas condiciones históricas, la infancia se vuelve para muchos un terreno incomprensible e incontrolable desde las instituciones tradicionales.

El niño como sujeto en crecimiento Para que la infancia sea posible como tiempo vital, es fundamental que la sociedad sea capaz de imaginar al niño con un futuro y una historia, garantizando su permanencia y su derecho a la vida. No obstante, este horizonte se ve amenazado por políticas de ajuste y la desresponsabilización del Estado, sumado a cambios tecnológicos y crisis laborales que afectan la transmisión generacional. Educar hoy requiere reconocer al niño como un sujeto que vive y sufre en condiciones de gran complejidad y desigualdad, garantizando lo que Basil Bernstein denomina el derecho al crecimiento, a la inclusión y a la participación.

A pesar de que el mercado intenta homogeneizar las identidades, la educación debe preservar la posición diferencial entre el adulto y el niño para asegurar el proceso de transmisión cultural. Infancia y modernidad La concepción moderna de la infancia, que situaba al niño entre la protección del hogar y la disciplina escolar, está en crisis debido a las transformaciones de la modernidad. Históricamente, la escolarización fue la estrategia principal para instaurar un orden social que superara la "barbarie", proyectando al niño como la base de la sociedad futura.

En Argentina, figuras como Sarmiento veían al niño como un ser incompleto que debía subordinarse a la autoridad para convertirse en ciudadano, mientras que otros debates oscilaban entre la libertad natural propuesta por Rousseau y los métodos de enseñanza masiva de Pestalozzi. La modernidad permitió el paso de una infancia breve en sociedades tradicionales a una de larga duración en las industriales, estableciendo la necesidad de una preparación especial y una privacidad familiar que hoy se ve desafiada por el desdibujamiento de los límites entre lo público y lo privado.

La escolarización de la infancia El surgimiento de la escuela fue determinante para la construcción social de la niñez, funcionando como una maquinaria de gobierno y un dispositivo de disciplinamiento de cuerpos y conciencias. En Argentina, la escolaridad obligatoria no solo buscó disciplinar a los hijos de inmigrantes y sectores populares, sino que también fue un motor de integración social, ciudadanía democrática y creación de una cultura pública. La pedagogía positivista del siglo XIX intentó fijar una identidad escolar rígida para controlar los instintos infantiles, una herencia que aún persiste en la obsesión por el orden y la obediencia.

Sin embargo, la eficacia de estos métodos automáticos fracasa en la actualidad, dejando en evidencia la dificultad de las instituciones para generar condiciones de aprendizaje frente a las nuevas realidades de los alumnos. Los niños en el siglo XX: entre la permisión y la represión A lo largo del siglo XX, la visión sobre la infancia ha fluctuado entre periodos de gran libertad y otros de extrema represión. Por un lado, hubo etapas centradas en la naturaleza propia del niño, su espontaneidad y el aprendizaje, influenciadas por la psicología y el psicoanálisis, especialmente en las primeras décadas del siglo y luego en los años 60 y 70.

Por otro lado, existieron periodos donde la infancia fue anulada y subordinada al Estado, como ocurrió con el nazismo o las dictaduras militares en América Latina, donde los niños fueron convertidos en objetos de control o incluso en "botín de guerra". Esta tensión histórica entre el respeto a la autonomía infantil y el mandato represivo es un síntoma de las dificultades que tienen los adultos hoy para ofrecer un horizonte claro de crianza. Las tesis sobre el niño La pedagogía ha debatido históricamente diversas tesis sobre la esencia infantil, destacando la oposición entre la inocencia y la maldad.

Mientras Rousseau defendía el mito de la inocencia original frente al concepto de pecado, el positivismo y la criminología del siglo XIX veían en el niño una tendencia natural al salvajismo o al delito que debía ser combatida. Otra discusión central es la de la autonomía frente a la heteronomía; la educación se enfrenta a la paradoja de apoyarse en una autonomía que todavía no existe para ayudar a crearla. En el aula, esto se traduce en el desafío del educador de equilibrar los deseos del niño con las normas institucionales, ejerciendo una autoridad responsable que no ignore su posición diferencial en la transmisión de conocimientos.

La cadena de las generaciones En la actualidad, la escuela pública es un espacio de resistencia frente a la desintegración social, pero se encuentra desbordada por problemas como la pobreza, el trabajo infantil, la violencia y el impacto del consumo. Ya no es solo la escuela la que define a la infancia, sino que los niños, con sus nuevas realidades, desafían la estructura escolar. Para superar esta crisis, es indispensable reconstruir el vínculo histórico entre generaciones, recuperando la memoria pedagógica y adoptando una mirada atenta a los cambios tecnológicos y culturales contemporáneos.

El objetivo final debe ser una práctica educativa que potencie la imaginación pedagógica y oriente las trayectorias de los niños hacia el futuro, entendiendo que en este proceso no solo está en juego el crecimiento del menor, sino el proyecto mismo de sociedad. Moreno, J. (2010) Lo Infantil II. Historia de la Infancia y del juguete. En Ser Humano. La inconsistencia, los vínculos, la crianza (pp. 149-166). Buenos Aires: Letra Viva. 1. Niño e infancia Los niños son capaces de captar los hilos centrales de la trama de su familia y responder a ella. Por eso, su subjetividad estará condicionada por las expectativas familiares.

Estas están a su vez ceñidas por los discursos que en cada sociedad y en cada época reglamentan qué es "un niño". El niño se conforma de acuerdo a lo que su sociedad sanciona como "infancia". El niño emerge del vínculo con sus padres. Es ese vínculo lo decididamente reglamentado por el discurso de la época. "Llamo infancia al conjunto de intervenciones institucionales que, actuando sobre el niño real y su familia, producen lo que cada sociedad llama niño… Niño es el producto de los efectos de la infancia" 2.

La histeria y la infancia La histérica y su Otro, establecen un lazo profundo: Ella incita su deseo al "desenmascararlo", mostrarlo castrado (atravesado por la falta) y él le otorga el lugar de causa de su deseo. La representación de la histeria varió en la historia de acuerdo a la figura que en cada época reconoció como su amo al cual buscaba para, al mismo tiempo, desafiarlo y lograr su reconocimiento.

Los niños, al igual que las histéricas habitan el espacio que media entre ser deseados como objetos y el de ser efectivamente tomados por ese objeto: Para ser, deben suscitar y sostener el deseo referido a ellos en ese otro al que se dirigen y luego evitar que el deseo que han suscitado se realice tomándose a ellos como objetos. Tienen que provocar la falta en el Otro y acercarse lo suficiente para asegurarse de que son deseados, pero dar un paso atrás justo antes de que ese deseo se concrete, garantizando así su propia libertad.

Esta semejanza puede explicar que en el Amo (no tolera que se evidencie su "castración" o su impotencia) se produzca una frustración, una incapacidad de poseer por completo a quien le genera deseo y muchas veces estallar en forma de violencia, castigo o maltrato. Niños e histéricas se diferencian en el origen del deseo que suscitan: La histérica, para ser deseada, debe cavar un vacío en su "amo" para hacerle notar que, a pesar de la completud que él presume tener, ella le hace falta. El niño llega a un mundo con expectativas ya trazadas sobre su destino las cuales debe de cumplir.

Para suscitar el interés de sus padres, el niño es capaz de captar los lineamientos del deseo de sus padres sobre él y fingir ser su objeto (no lo finge, sino que así funciona su psiquismo). Como su identidad todavía no está separada de la de sus cuidadores, su principal material de construcción es, exactamente, la expectativa del Otro. Su existencia misma depende de encajar en el molde que le armaron, porque si no cumple esa función para el Otro, siente que desaparece. 3.

Fenómenos inmutables y mutables: Hay fenómenos inmutables en los que se puede plantear la pregunta "¿cómo se interpretó este fenómeno a lo largo de la historia?" proveniente de suponer que el fenómeno no varía en el tiempo ni es afectado por la interpretación que de él demos. La niñez no es un fenómeno inmutable. Varía de acuerdo a la concepción de infancia de cada cultura. La respuesta que una sociedad da a la pregunta "¿qué es un niño?" afecta al niño.

Ellos responden al modo en que se los concibe y, cómo esas respuestas tienden a confirmar lo que la creencia predica, ésta se reafirma como punto ciego para los habitantes de esa situación que, lógicamente entienden que su concepción de infancia es una invariante de la humanidad. 4. La plasticidad del niño: La conformación: La conformación es un tipo de transmisión, en cuanto a la variación de la especie, mucho más importante que la transmisión de contenidos e involucra tanto la plasticidad de los niños como la práctica de la crianza.

El humano nace sin que su sistema nervioso se haya terminado de conformar, razón por la cual el cachorro sapiens es especialmente vulnerable y se conforma durante la crianza. Esto constituyó una de las claves del éxito evolutivo porque posibilitó la crianza de los niños en una determinada época y cultura conforme a medida a los sujetos que conforman esa sociedad en la generación siguiente y, por lo tanto, produzca sujetos adecuados para su funcionamiento en esa sociedad. Lo que se transmite a través de la cultura no son sólo contenidos, información y pautas, sino también subjetividades y modos de producción de subjetividades.

Y el medio por el que se realizan es, necesariamente, la práctica de la crianza. 5. Breve descripción de la infancia en distintos periodos En el medioevo, la ausencia de representación no se debió a la torpeza ni a la ignorancia de los artistas: es consecuencia del rechazo de los rasgos específicos de la infancia. La realidad infantil no merecía atención, era un pasaje sin importancia, un tiempo un poco avergonzante, un estado que había que soportar hasta llegar a la única edad valorada: la del adulto maduro. No había escuelas ni se pensaba a los niños con cualidades especiales ligadas al desarrollo gradual que justificara algún tipo de formación o educación particular.

El joven aprendía conviviendo con adultos No había tampoco división entre juegos nocivos y adecuados para ellos, no porque se pensara al niño como inocente, sino indiferente frente a la sexualidad. De modo que en el medioevo los niños eran concebidos como seres inmaduros no demasiado interesantes ni merecedores de un trato especial. A partir del siglo XVI y XVII el concepto de infancia cambió. En la modernidad nos encontramos una concepción de infancia y con niños definitivamente diferentes a los del medioevo (Los niños con los que se encontró Freud): El niño moderno es concebido inocente, sin maldad, pecado ni sexualidad.

Debe ser protegido de los desvíos que podría producir la influencia de los adultos. En base a ello se lo educa e instruye para que se forme bien. El niño es concebido como una promesa del futuro, una promesa a ser configurando la forma típica del disciplinamiento moderno: someter al niño a correcciones para formarlo bien para el futuro. En la modernidad hay colegios, sistemas de aprendizaje, vestimenta, juguetes y literatura adaptados para cada edad. En la actualidad los niños se apartan de lo que de ellos se esperaría desde una concepción moderna. No es dócil ni maleable, más bien da crecientemente muestras de resistirse a ser considerado como un "vacío a llenar por contenidos adultos".

El discurso infantil que está basado en la suposición de que sus interrogantes son cuestiones que tienen respuestas en la mente de los adultos parece no sostenerse. En rigor, muchas veces los niños, por estar más en contacto que sus progenitores con las novedades informáticas les enseñan a los adultos "como son en verdad las cosas". Todas las instituciones modernas parecen hoy agotadas a la hora de dar cuenta o de producir al niño actual. 8. La adecuación de la infancia como "fabrica de sujetos": Existe una notable adaptación entre el concepto "infancia" que rige en la sociedad y una época y el tipo de sujetos que "requiere" para su funcionamiento.

Así es posible ver a la infancia como una práctica específica y finalmente adaptada a la función de proveer sujetos acordes para la sociedad venidera. Para la edad media no era siquiera concebible esperar de sus habitantes innovación alguna. La infancia, concebida como un "no lugar" forma parte del siguiente esquema de transmisión: ADULTO-adulto ADULTO-adulto Dónde "adulto" es un niño y "ADULTO" un adulto. El niño debía preservar la continuidad. En la modernidad los niños son formados por adultos. Puede progresar y ser en el futuro lo que los adultos no han logrado aún.

Adulto niño En la actualidad el niño se convirtió en el vehículo privilegiado a través del cual penetran sustituciones vertiginosas de una red informática que impacta en todos los habitantes. La infancia actual requiere liberarse de la imposición de que sus pasos están guiados por adultos. Medios niños adultos Los medios en alianza con una tecnología informática en vertiginosa expansión aumentan día a día un poder que no se basa en el contenido de lo que se transmite, sino en su capacidad de propagación. 9.

Historia de los juegos y del juguete: Los juguetes están emparentados con los ritos, aunque mientras el rito transforma acontecimien-tos en estructuras, fijando asf puntos históricos en el calendario; el juego transforma estructuras en acontecimientos, o sea que disuelve, desmembra los hitos evocados y el tiempo cron016gico. Pero más allá de 10 sagrado, se ha señalado con insistencia que juguetes y juegos guardan una peculiar relación con el contexto en el que emergieron: "hacen aparecer" algo del pasado en el presente lúdico. Miniaturiza los objetos viejos pertenecientes a una época económica social anterior.

Padres y educadores modernos percibieron que el juguete podía ser un aliado importante para la realización del proyecto de "infancia" propio de la época. Aparecieron en esa época los juegos y juguetes especialmente diseñados para "formar bien" la mente del niño: los juguetes didåcticos. Juegan a "ser" como los grandes. Durante la modernidad, el jugar era visto como la expresión natural del espíritu infantil y no vivido como acto de posesión de objetos. Su localización estaba centrada más en la interacción social. En estos tiempos, en cambio, los juguetes tienden a adquirir un valor como objeto de posesión para los niños. Esto se hace particularmente evidente en los juegos de cartas actuales.

Esto es absolutamente coherente con lo que está sucediendo en el mundo de los adultos. Y tal vez más aún con el que vendrå Desde hace algún tiempo, los juguetes preferidos por los niños no evocan pasado alguno sino que parecen más bien diseños de un futuro. Los personajes de los juegos usan tecnología del futuro que, en general, no evoca ningún pasado. En su lugar aparece otro, novedoso: la anticipación. Los juguetes incorporan para su uso novedades que tienen que ver con anticipaciones del futuro. Los juguetes de hoy miniaturizan el futuro.

La cadena de transmisión Adulto niño, propia de la modernidad, se corta y el juguete ya no refiere el pasado, sino que tiende a anticipar el futuro, función en la que, como dijimos, los niños de hoy son esenciales. Por ello, en relación con el tiempo, la función didäctica del juguete, como veremos, también se invirtió SEMANA 2 Aranda, N. (2012) La familia y el desarrollo infantil. Facultad de Psicología, UBA, Ficha de cátedra. Existen ciertas mediaciones que intervienen en el pasaje de un ser humano ligado a la biología a su constitución como sujeto de cultura. Una de ellas se da por la intervención de la familia como productora de subjetividad.

Bleichmar sostiene que el ser humano se estructura entre lo que lo torna único y que lo define como parte de una especie en la cual lo diferente es su esencia. Nuevas configuraciones familiares reflejan cambios de pautas de crianza y modalidades vinculares permaneciendo la necesidad de que alguien se ubique como garante y soporte del vínculo del niño. La familia y la construcción de subjetividad: La familia es una estructura compleja que no puede ser reducida al hecho biológico. En ella se introduce también una dimensión cultural.

En la antigua Roma la paternidad se producía a partir de un acto; por entonces, el lazo sanguíneo no era determinante del reconocimiento y hasta parecía perder importancia frente al vínculo electivo. Las nuevas configuraciones familiares confirman que el parentesco biológico no es el único tipo de ligazón familiar y no asegura por sí mismo la existencia de un vínculo afectivo también puesto en cuestión por la existencia de afectos familiares "no naturales". El vínculo entre padres e hijos no pertenece a la dotación hereditaria sino que siempre es algo a construir. Al hablar de vínculos elegidos, decididos, estamos en el plano simbólico, por lo tanto nos referimos a un vínculo cultural.

Entonces, en el interior de cada grupo familiar se da el pasaje de la biología a la conformación de sujetos culturales. La pareja parental es sede de las identificaciones fundantes del sujeto: representan para el niño el lugar donde transmite la palabra y se ingresa a la cultura. La familia en psicoanálisis: entre la satisfacción y la prohibición: Barenstein plantea que lo que hace del hombre un ser humano no es sólo lo biológico, sino también lo construído en el campo de significación (lenguaje, vínculos, deseo). La organización familiar es un sistema psicosocial basado en el intercambio a nivel inconsciente.

La cría de hombre requiere de una ayuda externa que produzca la acción específica necesaria para lograr la satisfacción. Así se da el llanto, una primera convocatoria precursora de la comunicación. La acción del otro frente al desamparo se convierte en fuente de la comunicación de "todos los motivos morales". Los cuidados maternos inauguran el polo del placer, se conforma un mapa erógeno, ciertos recortes que privilegian determinados circuitos pulsionales. Así se dan cambios en la concepción del niño y la madre. Partimos de un niño inocente y asexuado de la modernidad a un niño sede de pulsiones sexuales y zonas erógenas.

La madre pasa de ser considerada sede de la ternura y el amor romántico a una madre sexual, erótica y que erotiza además de ser quien lo incluye como integrante de la cultura. El psiquismo humano se conforma entonces a partir de las relaciones erotizantes con el otro auxiliar donde la satisfacción de la necesidad produce un excedente de la actividad autoconservativa. Freud plantea que los lazos familiares se sostienen en la inhibición del incesto, convirtiendose en condición para el ingreso del humano en un funcionamiento cultural.

En este punto opera el padre introduciendo la prohibición que lo separa y lo ubica dentro de un sistema ordenado por reglas que mantienen la coherencia del sistema de parentesco y actuando como intermediario entre el sujeto y la cultura. La prohibiciones estructurales incorporadas por el niño a través de su familia producen los primeros renunciamientos pulsionales que dan lugar al encuentro con satisfacciones sustitutas, nuevas realizaciones de deseo culturalmente permitidas abriendo camino a la sublimación o humanización de las pulsiones.

El desarrollo infantil y la función de la familia Lacan sostiene que la familia tiene un papel esencial en la educación inicial, la represión de las pulsiones y la adquisición de la lengua materna, aspectos fundamentales del desarrollo psíquico y de la transmisión de la cultura. Para Winnicott es un puente que permite sobrepasar la dependencia inicial del cuidado de los padres hacia lo social extrafamiliar. Además es un ámbito privilegiado de construcción de subjetividad: Las transformaciones socio históricas producen modificaciones en la representación social acerca de los niños y las familias.

Bleichmar sostiene que la función central de la familia es la protección y el cuidado de los más débiles para garantizarles un lugar en el mundo y un desarrollo que no los deje librados a la muerte física o simbólica. Abelleira y Delucca la conciben como una estructura abierta, compleja, heterogénea y en permanente intercambio entre sí y el afuera. Tradicionalmente se mencionan dos funciones principales ejercidas por las instancias parentales, (cualquier persona que tome a cargo los cuidados del niño constituyendo un vínculo significativo para sí mismo y para el niño). a.

La función de amparo y sostén refiere a los cuidados que brinda el otro cuidador asistiendo al recién nacido en su etapa de indefensión, cuidados que producen un excedente con lo cuál se conforma el mapa erógeno. Esta función posibilita la libidinización del cuerpo del bebé como fuente de placer y displacer que contribuye a fundar la sexualidad infantil y la posterior constitución del Yo. b. La función simbólica de regulación e interdicción es ordenadora de los vínculos intersubjetivos a través de los cuales se accede a lo simbólico, al lenguaje y a las pautas culturales.

Se constituyen referentes de una ley de la cultura a partir de la cual se transmiten valores, ideales y modelos predominantes, lo prohibido y lo permitido. Ambas funciones se desarrollan de manera entrelazada en los primeros años de vida pero sus efectos perduran a lo largo del tiempo. La indefensión del recién nacido pone en marcha por parte de las instancias parentales las funciones del amparo y sostén que contribuyen a la constitución del yo y el cuerpo sexuado y la función simbólica que permite discriminar entre lo prohibido y lo permitido con la consecuente formación del superyó.

Los cambios socioculturales producen modificaciones en los roles esperados para los componentes de la trama familiar y cambios en la composición de la misma, aunque se mantenga permanentemente la necesidad de la existencia de figuras dispuestas a encarnar las funciones estructurantes de amparo y regulación. Winnicott, D. W. (2006) La familia y la madurez emocional (1960). En La familia y el desarrollo del individuo (pp. 117-124). Hormé. El papel de la familia en la salud del individuo puede enfocarse desde el desarrollo de la vida instintiva o, de manera más adecuada para el estudio del desarrollo sano, a través del proceso de autonomía.

Según este segundo enfoque, el individuo comienza con una dependencia casi absoluta y alcanza gradualmente menores grados de dependencia hasta lograr la autonomía, un proceso que no depende necesariamente de la edad sino de una actitud ambiental que se adapta a sus necesidades. En este marco, el cuidado materno inicial evoluciona hacia el cuidado de los progenitores, quienes asumen la responsabilidad sobre el niño y su relación con los hermanos mayores, permaneciendo disponibles para recibir la "contribución" que el niño sano hace a la familia. En el curso de este desarrollo, el individuo pasa de la dependencia a la independencia y, en salud, conserva la capacidad de transitar entre ambas.

Sin embargo, no es un proceso tranquilo: el individuo suele abrirse paso violentamente a través de lo que le da seguridad. Para que esta actitud desafiante sea provechosa, necesita encontrar círculos de cuidado cada vez más amplios —que van desde el regazo materno hasta abuelos, primos y padrinos— dispuestos a ocupar el lugar del entorno que se abandona, permitiendo al mismo tiempo el regreso a la situación anterior. Estos grupos externos funcionan como símbolos del hogar y ofrecen la oportunidad de salir de él sin que se desintegre la estructura familiar.

La posibilidad de descubrir una solución personal ante los conflictos de lealtad implícitos en este "ir y venir" depende del manejo satisfactorio de los padres. Cuando la estructura familiar permanece intacta, proporciona al individuo la oportunidad de alcanzar un desarrollo personal pleno. Cabe destacar que una amenaza de desintegración familiar puede provocar un crecimiento emocional prematuro; no obstante, esto no es lo que definimos como madurez propia de la edad ni como salud, aunque puedan existir rasgos sanos en el proceso. Aunque el niño crezca las figuras paternas quedan inconscientes. Cuando el niño necesita algo ("reclamo") inconscientemente lo busca en los padres.

Así, con el tiempo puede desplazar esas expectativas hacia otros. Externaliza lo que antes concentraba en los padres, inviste otras relaciones o intereses. Esto demuestra que la familia es una estructura interna que sigue operando incluso frente a su ausencia física. En todas las etapas del desarrollo sano de un individuo se requiere una progresión sostenida, una serie bien graduada de acciones desafiantes iconoclastas, cada una de las cuales es compatible con la conservación de un vínculo inconsciente con la figura o figuras centrales, la madre o los progenitores.

A los individuos les resulta muy cómodo suprimir de un salto una o dos etapas y madurar antes de contar con la edad necesaria para ello, estableciéndose como individuos cuando en realidad deberían seguir siendo algo más dependientes. Es necesario tener presente todo esto cuando estudiamos la madurez emocional de los individuos que han sido criados lejos de sus propias familias, quienes pueden desarrollarse de tal modo que al principio nos inclinamos a pensar que han logrado establecerse como seres independientes.

Sin duda debe resultar provechoso tener que arreglárselas solo, sin contar con ninguna ayuda, al comienzo de la vida; sin embargo, en bien de la madurez, es necesario que los individuos no maduren precozmente y no se establezcan como individuos cuando, de acuerdo con su edad, tendrían que ser relativamente dependientes. Es imposible alcanzar la madurez emocional si no es dentro de un marco en el que la familia se ha convertido en el puente que permite dejar atrás el cuidado de los padres y pasar a la esfera de la provisión social.

La provisión social constituye en gran medida una prolongación de la familia; los hogares y la familia siguen siendo los modelos en que se basa cualquier tipo de provisión social que promete ser eficaz. Existen dos rasgos principales que constituyen la contribución de la familia a la madurez emocional: uno es la existencia sostenida de oportunidad para un alto grado de dependencia; el otro es el hecho de ofrecer la oportunidad para que el individuo se separe violentamente de los padres e ingrese a la unidad social que está inmediatamente fuera de ella.

Estos círculos cada vez más amplios constituyen el producto final de algo que se inicia con el cuidado materno, o con el cuidado de ambos progenitores, y es continuado luego por la familia. La familia parece haber sido especialmente creada para hacerse cargo de la dependencia inconsciente con respecto a los padres, la cual incluye la necesidad del niño en crecimiento de desafiarlos y rebelarse contra ellos.

La función de la familia consiste en ofrecerse como campo de entrenamiento para este rasgo esencial del crecimiento personal: la capacidad del individuo, después de cada rebelión iconoclasta, de redescubrir en las formas dispersas el cuidado materno original, la provisión parental y la estabilidad familiar de las primeras etapas. Brazelton, T.B. & Cramer, B.G. (1993). Los albores del vínculo. En La relación más temprana: padres, bebes y el drama del apego inicial (pp.41-62). Paidós. El trabajo del embarazo La preparación psicológica, tanto inconsciente como consciente, está estrechamente entrelazada con las etapas físicas del embarazo de cada mujer.

Después de nueve meses los progenitores se sienten completos pero cuando el lapso se ve reducido se sienten prevenidos e incompletos. Complicaciones físicas ponen en peligro la adaptación psicológica. Durante el periodo del embarazo son frecuentes el retraimiento emocional o la regresión a una actitud mas dependiente respecto a otras personas de la familia, una movilización de sentimientos. En la primera etapa, los progenitores se adaptan a la noticia del embarazo, que va acompañada por cambios en el cuerpo de la madre. Los padres sabrán que han entrado en una nueva fase de sus vidas. Sus sentimientos de dependencia respecto de sus propios padres deben ceder el puesto a la responsabilidad.

La relación de "uno con uno" que tienen entre ellos deberá evolucionar para convertirse en un triángulo. En la segunda etapa, los progenitores comienzan a reconocer al feto como a un ser que a su debido tiempo quedará separado de la madre. En la tercera etapa los progenitores empiezan a experimentar el futuro hijo como a un individuo y el feto contribuye su propia individuación por medio de movimientos, ritmos y niveles de actividad distintos. Primera etapa: aceptación de la noticia La perspectiva de convertirse en padres retrotrae a los adultos a su propia infancia, los conflictos vuelven a ponerse en encubierto.

La primera fantasía de la mayor parte de los padres es la de evitar los conflictos de su propia infancia y convertirse en progenitores perfectos. Esperan ser capaces de proteger al nuevo hijo de sus propios sentimientos de inadecuación o de los fracasos percibidos en sus propias vidas. Así, se consideran a sí mismos completamente propicios u positivos listos para crear al hijo perfecto. En la madre, la profundidad de la inquietud implícita en esta adaptación la toma tan vulnerable que su pensamiento mágico sobre la posibilidad de perjudicar a su feto se vuelve muy real. Para sobreponerse a estos temores y a su ambivalencia subyacente, tiene que movilizar más defensas.

Debe comenzar a idealizar a su hijo, a representarlo como un bebé perfecto y plenamente deseado. Durante este periodo, tienden también a replegarse a sí mismas. El reequilibrio de hormonas y otros procesos físicos va acompañado de ajustes emocionales. Cuando este trabajo interior se realiza en forma satisfactoria, a su debido tiempo la futura madre podrá contemplar con expectativas positivas su nuevo rol. La tarea más inmediata de la mujer es aceptar el "cuerpo extraño" ahora implantado dentro de ella. Es posible que perciba al embrión como una intrusión por parte de su compañero, y que quiera, temporalmente, apartarse del hombre que la ha dejado embarazada.

Así como su cuerpo va disminuyendo sus defensas contra este "cuerpo extraño" y pasa a aceptarlo y albergarlo, también la madre debe llegar a experimentar al futuro hijo como una parte benigna de ella misma. Segunda parte: los primeros indicios de un ser separado Hasta este momento, la madre y el futuro hijo son una sola persona. Hasta este primer asomo de vida, la madre puede acariciar la imagen narcisista de una total fusión con su hijo. Ahora, desde el punto de vista psicológico, el bebé ha empezado a adquirir autonomía. Ahora hay un ser separado y por lo tanto la posibilidad de una relación.

La percepción de los primeros movimientos fetales es la primera aportación del futuro hijo a la relación. Así, la madre inconscientemente se pondrá en su lugar, se identificará con él. Sus fantasías estarán basadas en la relación infantil con su propia madre. Este "retorno al útero" fantaseado posibilita una nueva elaboración de necesidades de dependencia y deseos simbióticos insatisfechos. Pines señala que el embarazo brinda a las madres una nueva oportunidad para elaborar los conflictos de la separación, promoviendo una nueva ase en su proceso de desvinculación de las relaciones simbióticas originales.

Esta tendencia regresiva también puede activar conflictos y relaciones patológicas, como una amenaza a la identidad. El reconocimiento del rol del padre ayuda a la madre a ver al bebé como un ser separado de ella misma. Esto no solo ayuda a separarlo de sus fantasías, sino que también le da la tranquilidad de que no será la única responsable de cualquier éxito o fracaso. Si la relación con el padre ha estado marcada por el resentimiento y el conflicto, esto puede proyectarse al futuro hijo.

Pero si la relación es sólida, si el padre asume su responsabilidad como coautor y no rehúye su rol, la madre tendrá una mejor oportunidad de reconocer que el hijo es un ser separado, con un potencial de crecimiento independiente. El ensayo relativo de la posibilidad de tener un bebé anormal continúa durante este periodo. Por lo tanto, un bebé prematuro o con problemas significa no tanto una sorpresa para la madre, como una decepción por su falta de éxito en todo el esfuerzo que ha realizado durante el embarazo. La mujer todavía no está preparada para ver al bebé como una realidad, ven al feto como inadecuado, temible o incompleto.

Estos sentimientos, en general hasta el quinto mes, son un reflejo del conflicto de la madre con su propia ambivalencia. Ella necesita más tiempo para prepararse para el bebé. El proceso de crear un vínculo con un bebé individual lleva tiempo y los intentos tempranos de consolidarlo pueden ser rechazados. Una vez más, esto apunta al problema de adaptarse a un bebé prematuro, para el cual este proceso ha sido abreviado. Tercera etapa: el aprendizaje sobre el futuro del bebé. Durante los últimos meses del embarazo, los padres ven al feto como crecientemente separado y real, comienzan a personificarlo.

La madre comenzará a interpretar sus patrones, adjudicandole un temperamento, una personalidad y a veces hasta un sexo. 1. Movimientos fetales: una gran parte del desarrollo motor tiene lugar durante el embarazo, preparando la adaptación posterior al nacimiento. Evolucionan en intensidad y forma, y se vuelven más complejos con el tiempo. Son afectados por diversos estímulos, aumentando como consecuencia de la exposición a un sonido y también de una estimulación lumínica. 2. Ciclos de actividad: Los estados de conciencia observables en el recién nacido también pueden observarse en el feto.

Puede comenzar a "adaptarse" al descanso - actividad de la madre por vía de una recíproca actividad-inactividad. Estos ciclos dominan la conducta fetal. Las diferencias entre los estados de actividad en el feto se van volviendo cada vez más evidentes para la madre. 3. Respuestas a estímulos: El tejido nervioso inmaduro funciona antes de haber presencia de receptores de terminaciones nerviosas, antes de que se complete la mielinización. La estimulación influye en la maduración de los órganos sensoriales. Estas respuestas diferenciadas a los estímulos externos pueden ser percibidas como señales por la madre.

Si estas señales coinciden con las respuestas de ella, pueden iniciar los comienzos de una sincronía entre madre e hijo. Los patrones de reacción del feto son moldeados y preparados para los indicios "apropiados" después del nacimiento. A medida que la madre se aproxima a la fecha del parto, sin embargo, el temor de haber perjudicado a su bebé vuelve a cobrar más peso. De hecho este temor es tán agudo que pocas mujeres pueden mencionarlo, debe ser reprimido y para compensar este temor, constinúan personificando a su hijo.

Las misiones de la madre ante el nacimiento de su hijo Durante las cuarenta semanas de embarazo, el crecimiento del feto va acompañado de un progresivo desarrollo de la imagen que tiene la madre de su bebé. Como hemos visto, esta imagen está basada tanto en necesidades y anhelos narcisistas como en percepciones del desarrollo del feto. Por consiguiente, cuando se produce el parto, la madre ya está preparada desde hace tiempo para afrontar (1) la conmoción de la separación anatómica, (2) la adaptación a un bebé particular y (3) una nueva relación que combinará sus propias necesidades y fantasías con las de un ser separado.

El embarazo es no sólo un período de ensayo y anticipación sino también una fase durante la cual se pueden renovar viejas relaciones, así como una continua confrontación entre la satisfacción de los deseos y el reconocimiento de la realidad. Cuando llega el momento del parto, la madre debe estar lista para crear un nuevo vínculo, y también extraordinariamente dispuesta a ingresar en esa condición que Winnicott describió como una forma de "enfermedad normal", como un estado de entusiasmo en el que las madres se vuelven capaces de "calzarse los zapatos del bebé" (Winnicott, 1986).

El resultado es una nueva identificación maternal, una focalización de los afectos de la mujer y la capacidad de reconocer y adaptarse a una nueva realidad ineludible. Bleichmar, S. (2009) Producción de subjetividad y constitución del psiquismo. En El desmantelamiento de la subjetividad. Estallido del yo. (pp.33-49). Buenos Aires: Topía Editorial. Este texto analiza la distinción fundamental entre la constitución del psiquismo y la producción de la subjetividad, realizando una revisión de los paradigmas psicoanalíticos para comprender los cambios en la sexualidad, la familia y los roles de género.

La autora sostiene, además, que la identidad no es una consecuencia biológica ni un destino prefijado, sino un proceso de recomposición complejo que involucra la relación con el otro. Asimismo, redefine los conceptos de perversión y el Edipo. Hay sistemas internos del psiquismo que funcionan según ciertas leyes; se organizan a través de representaciones de orden no social, sino de estructura psíquica. En este sentido, hay aspectos del psiquismo que no cambian según la época y núcleos de verdad que permanecen a través del tiempo, remitiendo a cuestiones invariables de la constitución psíquica. Por otro lado, existen modos de la subjetividad que han cambiado a lo largo del tiempo.

Cada sociedad define criterios que hacen a la posibilidad de construcción de sujetos capaces de ser integrados a su cultura de referencia; allí, la familia es una pieza clave que organiza la formación del sujeto. Tomando como ejemplo la tópica de Freud, vemos que las inscripciones que constituyen las instancias secundarias (yo/superyó) pueden sufrir variaciones culturales y hay elementos insoslayables que imponen regulaciones para que los seres humanos puedan vivir en común. Las condiciones de existencia de una sociedad no se proyectan hacia el futuro sin una cierta universalización ética que impone normas para el universo de sujetos que engloba.

Freud, en Tres Ensayos desarrolla su teoría sobre la construcción del psiquismo a partir de la sexualidad infantil, de carácter polimorfo. Bleichmar plantea que el núcleo invariable del psiquismo se funda en la desoldadura entre la sexualidad y el instinto, donde lo sexual emerge como un "plus de placer" que se desprende de las funciones biológicas y no se subordina a la procreación.

Esta disfuncionalidad original del deseo es lo que obliga al psiquismo a organizarse mediante leyes propias, pero es la cultura y el vínculo con el semejante (a través de un narcisismo trasvasante) lo que permite ligar esa energía pulsional, transformándola en subjetividad capaz de trascender el vacío y la inmediatez del goce. Al romper con la epistemología de la contigüidad, sitúa a la pulsión como un concepto límite y subraya que la psíquico solo se constituye mediante la intervención necesaria del otro humano, quien a través del polimorfismo perverso infantil, separa definitivamente al sujeto de la pura necesidad orgánica.

Para limpiar con las teorías marxistas, el texto propone abandonar la idea de que la pulsión de vida equivale a la preservación de la especie, sino que se plantea un dualismo pulsional basado en el modo de relación con el otro: Una sexualidad ligada y amorosa: Aquella que reconoce al otro humano como sujeto, propiciando la autoconservación, el narcisismo sano y el amor por el semejante. Una sexualidad desligada, parcial o perversa: Aquella que utiliza el cuerpo del otro como un mero "objeto de goce", rehusando su reconocimiento como persona y operando una franca desubjetivación. La perversión recae en esta captura del otro donde se anula su subjetividad.

Se afirma que el concepto de género es un concepto sociólogo, y no psicoanalítico. Pertenece al ámbito de la producción de la subjetividad porque se refiere a los roles y modos a través de los cuales cada cultura define lo que es femenino y lo que es masculino, pautando cómo se ejerce socialmente esa diferencia. En los primeros tiempo de vida, el niño organiza su identidad de género a partir de atributos puramente sociales y culturales, los cuales están sujetos a la historia.Desde la constitución del psiquismo, la identidad es definida como una cuestión del Yo, la cual intenta cualificar y dar sentido a los deseos, fantasmas y mociones que provienen del inconsciente.

Es así como se descarta la idea de que la identidad de género sea el resultado o el correlato evolutivo de la elección de objeto, sino que por el contrario coexisten con el polimorfismo perverso infantil y es previa a la elección de objeto genital. La identidad no surge como el final de un desarrollo madurativo del aparato psíquico, sino que es el efecto de un conflicto irreductible y de una compleja recomposición entre el género (lo sociocultural), la elección de objeto y el deseo inconsciente.

En resumen, la identidad de género comienza como un conjunto de propuestas identitarias y sociales que el niño asimila de su cultura (producción de subjetividad), para luego posteriormente resignificar y entrar en una tensión inevitable con el deseo inconsciente y la sexualidad ampliada, conformando así la verdadera complejidad de la constitución psíquica. En la misma línea que vamos, es necesario desposar al Complejo de Edipo de sus modos históricos y reencontrar su núcleo invariable. Estructuralmente, el Edipo consiste en la regulación del goce intergeneracional como eje de pautación de la cultura.

Redefinido, el Edipo es el modo con el cual cada cultura pauta el acotamiento de la apropiación del cuerpo del nilo como lugar de goce del adulto. Las prohibiciones que establecen la cultura instauran una asimetría fundamental de poder y saber entre el niño y el adulto, exigiendo al adulto una protección y cuidado para garantizar "las mejores condiciones de humanización" del cachorro humano, prohibiendole que utilice el cuerpo del niño como lugar de ejercicio para su propio deseo erotico o narcisista. Cuando esta regulación cultural fracasa, el resultado no es mítico, sino socialmente catastrófico.

En la actualidad, la brutalidad de la sociedad muchas veces ha desarticulado la protección de la infancia convirtiendo al niño en objetivo de la sexualidad adulta. Esto deja en evidencia las realidades desagradadad como el auge de la pedofilia, el abuso sexual infantil y las redes de trata, donde el niño queda a jmerced del goce del otro sin ningun tipo de medicion que lo proteja. Entender al Complejo de Edipo desde la prohibición estructural del goce, y no desde un mandato moral de la diferencia de los sexos, permite reescribir qué significa criar a un ser humano. La familia deja de definirse por la diferenciación anatómica para definirse por la relación de afiliación.

Hay familia en la medida que una generación establece una asimetría para hacerse cargo de las necesidades de autoconservación y la subjetivación de otro. SEMANA 3 Biotti, M. F. & Panighetti, M. L. (2007). Algunas problemáticas básicas de la Psicología del desarrollo. Características del periodo neonatal. Facultad de Psicología, UBA, Ficha de cátedra. El desarrollo no sucede de manera arbitraria, sino que respeta leyes que lo regulan. Estas muestran un cambio sistemático de pautas desde su comienzo hasta su madurez. Stone y Church definen los cinco principios de la siguiente manera: 1.

Diferenciación: el desarrollo se va produciendo de lo simple a lo complejo, de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo general a lo específico. La diferenciación dará lugar a que las células cambien de carácter, formando diferentes clases de tejidos con funciones especializadas. A nivel psicológico, la conducta del recién nacido comienza siendo de una calidad…

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