Pregunta 4 - Opción A · Historia de España PAU Asturias Ordinaria 2026
Tema: Crisis del Antiguo Régimen y construcción del Estado liberal (1808-1874) · Del examen Ordinaria (2026)
Enunciado
Pregunta 4.
Opción A.
En el cuadro se retrata muy probablemente la batalla de Ramales, en la que se enfrentaron las tropas carlistas y el ejército isabelino. Explique el desarrollo de la 1.ª Guerra Carlista y sus causas.

Solución
Según los criterios oficiales de corrección
Opción A. En el cuadro se retrata muy probablemente la batalla de Ramales, en la que se enfrentaron las tropas carlistas y el ejército isabelino. Explique el desarrollo de la 1.ª Guerra Carlista y sus causas.
Solución: A la muerte de Fernando VII (1833) se abrió un conflicto sucesorio por el acceso al trono entre el hermano del rey, Carlos María Isidro, y los partidarios de la hija del monarca, la joven Isabel, que había nacido en 1830, y que podía heredar la corona tras haber otorgado su padre la Pragmática Sanción que anulaba la Ley Sálica. Aquél contó con el apoyo de los absolutistas más radicales (ultras, apostólicos o realistas puros), firmes defensores del Antiguo Régimen, mientras que los liberales fueron el principal sostén de la causa isabelina, causa que defendió desde el primer momento su madre, la reina María Cristina de Nápoles, viuda de Fernando VII, que asumió la regencia entre 1833 y 1840, en la que fue la primera etapa de la construcción del Estado Liberal en España. La cuestión sucesoria y el enfrentamiento entre liberales y absolutistas desembocó en una contienda armada conocida como la Primera Guerra Carlista, conflicto que habría de marcar la historia de España durante el resto del siglo XIX y buena parte del siglo XX. El carlismo, nombre que recibió el absolutismo en España a partir de entonces, fue un fenómeno complejo que conjugó lo político (enfrentamiento entre absolutistas y liberales, en lo que fue la plasmación española de una dialéctica que sacudió a la Europa de la época), lo dinástico (seguidores de Carlos María Isidro de Borbón o de la que reinaría como Isabel II), lo social (apoyo del clero y del campesinado en el norte) y lo religioso (el carlismo asumiría la defensa del inmovilismo religioso y de los privilegios del clero), sin faltar el conflicto foral, dado que el carlismo haría defensa de los fueros vascos, que suponían la existencia de unas instituciones propias de autogobierno y justicia e importantes exenciones tanto fiscales como militares. No es de extrañar, por lo tanto, el arraigo del carlismo en el País Vasco y en Navarra, arraigo que sobreviviría con mucho al final de la Primera Guerra Carlista. La Primera Guerra Carlista se desarrolló entre 1833 y 1840 y suele dividirse en tres etapas. Entre 1833 y 1835 se sucedieron los éxitos carlistas. Dirigido el ejército carlista por Tomás de Zumalacárregui, el carlismo se afianzó en el País Vasco y en Navarra, donde las tropas isabelinas (el ejército cristino) hubieron de retirarse a las principales ciudades, y se extendió por Aragón, Cataluña y Valencia, fundamentalmente por el Maestrazgo. La muerte de Zumalacárregui en el cerco de Bilbao (junio de 1835) marca el final de esta fase de la guerra. La segunda fase de la guerra se extendió entre 1835 y 1837 y se caracterizó por el cambio de estrategia de las tropas carlistas, que comienzan a realizar expediciones por todo el país. Así hace el general Miguel Gómez, que llega hasta Cádiz, al tiempo que la conocida como Expedición Real queda próxima a la villa de Madrid. Sin embargo, el ánimo de los carlistas de extender la guerra por toda la geografía peninsular o su interés por apoderarse de Madrid fracasaron. La última etapa del conflicto (1837-1840) es una fase de agotamiento y se caracteriza por el desplazamiento de la guerra a otro escenario (del País Vasco y Navarra, principales bastiones del carlismo, a Cataluña y el Maestrazgo) y por la división interna del carlismo: por un lado, los apostólicos o ultras (partidarios de la solución militar y de llevar la guerra hasta el extremo); por el otro, los transaccionalistas, que buscaron una salida pactada. Estos últimos, conscientes de la imposibilidad de vencer la guerra, acabaron imponiéndose. El general cristino Baldomero Espartero y el general carlista Rafael Maroto, que se habían enfrentado en la batalla de Ramales de la Victoria (Cantabria) en abril y mayo de 1839, firman en agosto el convenio de Vergara, conocido popularmente como el Abrazo de Vergara o como la Traición de Vergara entre determinados sectores del carlismo, que permitirá a los militares carlistas reintegrarse en el ejército isabelino. La derrota de los últimos contendientes carlistas comandados por el general Cabrera en el Maestrazgo en mayo de 1840 supuso el verdadero final de una guerra, cuyas secuelas no dejarían de sentirse en acontecimientos posteriores de la historia de España.
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