Examen de Competencia comunicativa para profesionales de las TIC UOC 2016 · Prueba de Síntesis. Convocatoria de enero de 2016
Examen de Competencia comunicativa para profesionales de las TIC de la UOC (Grado en Ingeniería Informática) 2016, Prueba de Síntesis. Convocatoria de enero…
Temas del examen: Redacción de la conclusión y síntesis de un texto
Ejercicio Actividad única · Redacción de la conclusión y síntesis de un texto
Instrucciones y condiciones de la prueba:
Duración: 1 hora.
Material permitido: se permite únicamente la consulta de un diccionario de lengua española en soporte de papel.
Criterio de evaluación: dominio de las propiedades textuales (adecuación, coherencia y cohesión) y capacidad de síntesis académica (100% de la calificación final).
1. Actividad única (100% de la nota). Conclusión de un artículo sobre formación en línea e Internet
A partir de la lectura comprensiva del siguiente artículo, elabora una conclusión formal de aproximadamente 150 palabras que cierre el texto integrando coherentemente sus ideas nucleares y demostrando un adecuado dominio léxico, sintáctico y ortográfico.
La formación en línea y el uso de Internet
El novelista Jonathan Franzen considera que es imposible escribir una buena novela desde un ordenador conectado a Internet. Por eso, trabaja en un dispositivo al que ha arrancado la tarjeta de conectividad. Además, para protegerse de todas las tentaciones ha taponado todos los agujeros del ordenador por los que se podría conectar un cable de Internet. El escritor lo contó a la revista TIME y recomienda hacer lo mismo a las personas que pretendan trabajar con un nivel mínimo de interferencias.
Internet es una fuente de dispersión inagotable: es posible navegar en diferentes páginas y perfiles web y perder la noción del tiempo. Algunos estudios demuestran que, cuando alguien es capaz de darse cuenta, ha perdido al menos dos horas de productividad y le cuesta mucho más recuperar la concentración. Mientras un escritor como Jonathan Franzen puede permitirse la abstinencia digital, alguien que se estudie en línea no podrá disfrutar de este tipo de posibilidad.
En el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, el periodista tecnológico Nicholas Carr sugiere que la red podría estar rediseñando el cerebro de los internautas para que prefieran consumir información corta, desarticulada y frecuentemente servida en explosivas cascadas, en lugar de las presentaciones largas, constantes y lineales que caracterizan a la lectura profunda o al estudio. En este sentido, el libro pretende explicar cómo es la interacción de los estudiantes que optan por una formación en línea.
En el estudio se explica que las personas estudian —o trabajan— con, al menos, ocho ventanas abiertas al mismo tiempo, y que es habitual que cambien de una a otra cada 20 segundos. Igualmente, el estudiante es interrumpido frecuentemente (cada 15 minutos, aproximadamente) con inputs que no se perciben como pausas de trabajo: gestionar el correo, visitar Facebook, chatear por WhatsApp o satisfacer una curiosidad en Google. Estas tareas pueden ser necesarias en unas circunstancias concretas, pero en la mayoría de los casos (el 95%) es el estudiante quien interrumpe su ritmo de trabajo porque necesita más estímulos.
En una encuesta realizada a 2500 personas por Webtrate —un software creado para liberar de Internet a estudiantes, escritores y trabajadores que necesitan concentrarse— más de la mitad de los entrevistados admitió que tenía problemas para controlar sus impulsos y abstenerse de echar un vistazo a su correo electrónico o a sus redes sociales mientras estudiaba o trabajaba. Más del 60% dijo abandonar su línea de pensamientos para responder un correo o comentar en las redes sociales mientras trabajaba o escribía textos que requerían concentración máxima.
Según esta empresa, a pesar de sus múltiples beneficios, Internet reduce los niveles de productividad y ayuda a procrastinar porque ofrece acceso a un menú inmediato de distracciones instantáneas. Así, parece que la necesidad de saciar los deseos de información es cada vez mayor y, para ello, los estudiantes revisan el correo electrónico, visitan páginas web y consultan las redes sociales. El entusiasmo por descubrir algo nuevo es tan poderoso que puede más que un trabajo importante por hacer. Las encuestas sugieren que el control de los impulsos se está haciendo más débil en el mundo de la gratificación inmediata.
Los diseñadores y profesores de cursos en línea saben que tienen que luchar contra la competencia más cercana: Internet. En la actualidad, algunas empresas dedicadas al diseño de cursos en línea para la educación corporativa experimentan con herramientas de diseño para no perder la atención de sus alumnos y que, por lo tanto, no baje su productividad. Por una parte, se editan materiales audiovisuales más cortos y con información más concentrada. Por otra, se elaboran recursos educativos que no requieran que el estudiante esté constantemente conectado a Internet.
Así, la gran mayoría de los cursos en línea permiten obtener los materiales y descargarlos en el dispositivo para poder estudiarlos tranquilamente en cualquier lugar y momento, sin necesidad de tener acceso a la red, para posteriormente volver a la plataforma y realizar ciertas actividades de aprendizaje o de evaluación. Esta sería una de las primeras reglas para no dispersarse: no estar siempre conectado con la excusa de que se está estudiando porque habitualmente no es necesario. Algunos expertos recomiendan a los alumnos de la enseñanza en línea que se den descansos de diez minutos de ocio en Internet por cada 50 dedicados a estudiar.
Además, si la formación es autodidacta, se suele requerir mayor motivación personal, capacidad de autocontrol, autorregulación y concentración. Es importante, en este sentido, que el curso no sea aburrido y que fuerce a participar al estudiante en diferentes momentos del aprendizaje. Si el curso solo define al estudiante como receptor de información, es muy probable que este acabe navegando por Internet y que interrumpa, de este modo, su proceso de aprendizaje.
El País, "¿Estudiar en Internet sin distraerse?", noviembre de 2015 (texto adaptado)
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