Sujet 2 - Synthèse · Bac Espagnol Métropole 2025

Thème : Naturaleza y mitologías · Tiré du sujet Métropole France (2025)

Énoncé

SUJET 2

Thématique: Représentations culturelles: entre imaginaires et réalités

Axe: Nature et mythologies

Documento 1

El mar

Llévenme al mar y me dejan

abandonada a mi Dueño 1,

ya que no me pueden dar

a aquel que no tiene tiempo

5 [...] Llévame, adóptame, dame

tu sal, tu danza, tu ritmo,

y cancelame los puertos.

El padre mar me reciba

con su espumoso braceo

10 me dé la sabiduría

de su ley y de sus ecos

y su música me siga

y haga mi segundo cuerpo.[...]

Él canta para los suyos

15 igual desde todo tiempo

y es nuevo a cada oleada

de salutación o treno 2,

y yo todavía camino,

la Madre que da el jadeo

20 y que sólo en las montañas

logra plegaria 3 y anhelo.

Aquí estoy con el oído

empinado del deseo,

el rostro vuelto hacia aquel

25 que da en vano su mensaje

a las dunas de ojos ciegos.

Ya serví a la madre esquiva 4

que solo mece 5 a sus muertos,

y ahora quiero servir

30 a mi Padre, el Hechicero

del pecho heroico y salobre 6.

A la tierra no fui dada.

A Él sí desde el nacimiento.

Gabriela MISTRAL (poetisa chilena), Poema de Chile (obra póstuma), 1967.

1 el Dueño: le Maître

2 un treno = un canto fúnebre o lamentación

3 una plegaria: une prière

4 esquiva: distante

5 mecer: bercer

6 salobre = salado

Documento 2

La galerna 1

El Cantábrico enfureció de repente, desatando un violento temporal sobre los barquitos. La superficie del mar se volvió del mismo color que el cielo, gris oscuro de medianoche, y el viento frío sopló con tanta fuerza que las tejas de los edificios más cercanos al puerto salieron volando. En el mar, las gigantescas olas negras que habían salido de la nada hicieron zozobrar los barcos como si fueran cáscaras de nuez. A las cinco de la tarde, desde las atalayas 2 en tierra repartidas por toda la costa, se izaron las banderas en señal de peligro para que todas las embarcaciones regresaran a puerto cuanto antes. Bajo un cielo cada vez más oscuro, las familias y los vecinos se acercaron al muelle 3 en busca de alguna noticia sobre los marineros; algunos incluso se atrevieron a subir por los acantilados 4 suaves que rodeaban la pequeña bahía de Ea para intentar ver algo en el horizonte apagado. Las olas llegaban vivas al puertecito con forma de uve, trepando por encima de los muros de piedra como una criatura salvaje y poderosa con la piel hecha de espuma de mar. El silencio entre los vecinos allí reunidos era absoluto, nadie en el pueblo –ni siquiera los más ancianos– recordaba haber vivido una tempestad semejante.

—Es una galerna —dijo Dylan Morgan con sus ojos azules fijos en el horizonte.

A su lado en el muro de piedra, su hermano Ulises se estremeció debajo de su jersey de punto al escuchar esa palabra.

—¿Estás seguro? —preguntó disimulando el temblor en su voz—. Tal vez sea una tormenta de verano tardía que se ha descolgado hacia el sur.

—No. —Dylan miraba la lucha de los barquitos contra las olas intentando regresar al puerto—. Estoy seguro: es una galerna.

Galerna. Esa palabra estaba prohibida en un pueblo de pescadores: era como una maldición, llamar en voz alta a la mala suerte. La galerna era uno de los temporales marítimos más temibles –de ahí que nadie se atreviera a pronunciar esa palabra a la ligera– y también de los más fulminantes. Era una trampa 5 mortal que comenzaba de repente, justo por eso era tan letal: no había manera de prepararse para sus golpes. Se formaba mar adentro incluso en los días más cálidos y despejados, atrapando a los barcos con sus vientos huracanados y sus olas imposibles.

—¿Recuerdas lo que pasó el sábado de Gloria? Esa tarde de abril de 1878 murieron casi trescientas cincuenta personas ahogadas en una galerna. Dylan Morgan amaba el mar y también amaba la historia marítima. A sus veintitrés años conocía al detalle todas las anécdotas que aparecían en los libros y en los diarios de navegación que su abuelo guardaba en el despacho. El mar era casi la única cosa en el mundo que le interesaba, además de su familia. Su hermano Ulises apretó los puños hasta que sus nudillos, todavía bronceados por el sol del verano, se volvieron pálidos.

Alaitz LECEAGA (escritora española), Hasta donde termina el mar, 2021.

1 la galerna: la galerne est un vent du nord-ouest, froid et humide

2 una atalaya: une tour de guet

3 el muelle: le quai d'un port

4 un acantilado: une falaise

5 una trampa: un piège

Documento 3

Rompeolas 1

Document d'origine en couleurs: la partie supérieure du tableau est un ciel bleu-gris; au centre, la mer est dans les tons vert-gris. Au second plan, le rocher est dans les tons marron. Les personajes du premier plan portent des vêtements colorés.

1 un rompeolas: une jetée

Synthèse en espagnol

Après avoir pris connaissance des documents qui composent ce dossier, vous rédigerez en espagnol une synthèse en 500 mots environ, en prenant appui sur les consignes suivantes:

Analice la relación entre el yo poético y el mar en el documento 1.

Compare los sentimientos que provoca el mar en los documentos 2 y 3.

En los tres documentos, comente cómo se evidencia el poder de los elementos de la naturaleza.

Énoncé: Sujet 2 - Synthèse · Bac Espagnol Métropole 2025

Corrigé

Corrigé proposé par AprenAI (non officiel)

Après avoir pris connaissance des documents qui composent ce dossier, vous rédigerez en espagnol une synthèse en 500 mots environ, en prenant appui sur les consignes suivantes : 1. Analice la relación entre el yo poético y el mar en el documento 1. 2. Compare los sentimientos que provoca el mar en los documentos 2 y 3. 3. En los tres documentos, comente cómo se evidencia el poder de los elementos de la naturaleza.

Réponse : Propuesta de síntesis redactada (aprox. 500 palabras): El presente dosier se inscribe en el eje «Nature et mythologies» y reúne tres documentos que exploran la dimensión simbólica, sobrecogedora y casi mítica del mar: el poema «El mar» de Gabriela Mistral (1967), un fragmento de la novela *Hasta donde termina el mar* de Alaitz Leceaga (2021) y el óleo *Rompeolas, San Sebastián* de Joaquín Sorolla (1917-1918). Cabe preguntarse de qué modo el mar se configura no solo como un elemento físico indómito, sino como una entidad casi divina capaz de suscitar tanto una devoción filial como un terror reverencial o una fascinación sobrecogida. En primer lugar, el poema de Gabriela Mistral plantea una relación de profunda filiación espiritual entre la voz poética y el océano. Lejos de concebirlo como una amenaza, la poetisa personifica al mar y le otorga los atributos de una figura paterna y tutelar: «mi Dueño», «El padre mar», «mi Padre, el Hechicero». Este vínculo se opone a la tierra, «la madre esquiva / que solo mece a sus muertos». La voz lírica suplica ser adoptada y transformada por el elemento líquido («Llévame, adóptame», «haga mi segundo cuerpo») y reivindica una pertenencia originaria: «A la tierra no fui dada. / A Él sí desde el nacimiento». Se trata de una sumisión voluntaria y mística a un poder primordial que promete sabiduría, renovación y eternidad. Por otra parte, los documentos 2 y 3 ilustran la ambivalencia de los sentimientos humanos ante el mar. En el texto de Leceaga, la galerna desata un pavor ancestral: el Cantábrico se convierte en una «trampa mortal» cuyo nombre los pescadores no se atreven a pronunciar por superstición. El silencio absoluto de los vecinos en el muelle, el temblor de Ulises y sus puños apretados hasta que los nudillos «se volvieron pálidos» expresan la angustia y el recuerdo de tragedias pasadas, como los casi trescientos cincuenta ahogados de 1878. Sin embargo, con este miedo convive el amor de Dylan por el mar y por su historia. Esta mezcla de inquietud y fascinación se prolonga en el lienzo de Sorolla: los paseantes, congregados en el rompeolas frente a olas embravecidas y bajo un cielo plomizo, contemplan el oleaje como un espectáculo sublime, inclinados o agazapados ante la rompiente. El muro sugiere una distancia protectora ausente en la novela. Aun así, ambos documentos comparten la contemplación atenta y sobrecogida de un mar enfurecido. Finalmente, los tres documentos evidencian la supremacía de la naturaleza sobre el ser humano. En Leceaga, los barcos quedan reducidos a «cáscaras de nuez», el viento arranca las tejas y la ola, personificada como «una criatura salvaje y poderosa con la piel hecha de espuma», trepa por los muros de piedra. En Sorolla, la masa de agua y la espuma ocupan el centro de la composición y empequeñecen a los espectadores agrupados al borde del lienzo, mientras las nubes y el acantilado completan una naturaleza grandiosa. En Mistral, el poder del mar no es destructor, sino creador y espiritual: es un «Hechicero» de «pecho heroico», eterno («canta [...] igual desde todo tiempo») y capaz de rehacer el cuerpo del poeta. En conclusión, el mar aparece en este dosier como una fuerza mítica, ya sea padre protector, monstruo destructor o espectáculo sublime. Ante él, el ser humano solo puede adorarlo, temerlo o contemplarlo, consciente de su propia fragilidad.

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